Horacio Cárdenas Zardoni
Todavía recordamos cuando en el vecino estado de Nuevo León, el gobierno decidió que el antiguo casco de la ciudad de Monterrey no correspondía a la metrópoli que aspiraban a ser. Se planteó un gran proyecto de renovación del centro histórico, que implicó la demolición de manzanas enteras de casas que tenían muchos años de existencia, erigidas sobre calles estrechas, trazadas cuando la población era mínima, y el tráfico en ellas era de personas caminando y algunos pocos vehículos de tracción animal primero, y luego de motor, que al irse multiplicando en el siglo pasado, las hicieron insuficientes.
¿Qué hizo Monterrey?, primero que nada preparar un proyecto de modernización arquitectónica, el cual fue presentado a los habitantes de la ciudad, a los afectados por lo que sería la destrucción de sus domicilios, a las clases pudientes, a las que se les pediría parte del financiamiento, y también que terminarían beneficiándose de predios que quedarían abiertos a la inversión en gran escala. ¿Costó trabajo?, es sabido que todo cambio implica cierto grado de oposición, sin embargo la que se presentó, no fue lo suficientemente fuerte como para impedir la realización del proyecto. A la vista de los años transcurridos, podemos decir, como visitantes y turistas que somos, que valió la pena. Hoy el centro de Monterrey es el motor del área conurbada, no le pide nada a otros municipios en los que no había el problema de que los espacios estuvieran tan densamente poblados como en la capital, Monterrey logró vencer el peligro de quedarse como reliquia de un pasado, desentonando con la visión de un estado moderno y de vanguardia.
Bueno, eso allá, acá las cosas son bastante diferentes. Vaya usted a saber las razones, ya que para bien o para mal contamos con el mismo ADN que los regiomontanos, pero no, las cosas no se nos dan igual, más bien se nos dan de forma muy diferente, con las preferencias indicando para allá, y solo muy rara vez para acá.
Estamos a la puerta de un cambio de administración municipal, y como es tradición, todo movimiento de este tipo trae aparejado el planteamiento de muchas expectativas para los habitantes, ya sea que hayan votado por el alcalde que tomará posesión, o en contra, pero quede claro, los gobiernos tienen que gobernar para todos, sin distinciones de si votaron, por quien, o si se abstuvieron.
Javier Díaz se ha encargado de alimentar esas expectativas ciudadanas. En eventos, en reuniones, en entrevistas, en visitas a oficinas públicas, a colonias, aquí y allá, como habitante de la ciudad, platicando con habitantes de la misma, no queda otra más que hablar de los problemas de la capital, y no le queda otra más que ofrecerse a atenderlos, toda vez que buscó y obtuvo el voto de los saltillenses para gobernarlos por el período de 2025 a 2027.
De lo que más se ha hablado como preocupación de los saltillenses es el tema de la movilidad. Por lo general por movilidad entendemos la parte de transporte, y de transporte en vehículos, no la más modesta acepción de movernos caminando ¿quién hace esto en estos tiempos tan modernos?, pues sí la gente también camina, y debería hacerlo mucho más de lo que lo hace, en primera instancia porque caminar es algo saludable, por el contrario de lo que es viajar cómodamente sentado en un vehículo de su propiedad o hacinado en el transporte público, pero en una segunda instancia porque afortunadamente las distancias en Saltillo no son tan grandes como para ameritar subirse al carro o al transporte colectivo cada vez que sale un de su casa. En mala hora los saltillenses le agarramos el gusto a poseer y usar indiscriminadamente el automóvil, o especificando todavía más, la troca. A lo mejor es alguno de nuestros traumas, no individual sino colectivo, que ha llevado a que haya más carros que viviendas en la capital del estado, que repetimos, todavía no está tan extendida como para que le lleve a uno media jornada el desplazarse al trabajo, la escuela o donde sea que vaya. El mueble como símbolo de estatus nos ha causado muchos problemas, desde cardiovasculares, hablando de la vida de cada uno, hasta de enojo colectivo luego de estar atorado por horas en un tráfico insufrible, el cual no existiría si hubiéramos decidido irnos caminando, pero no…
Sí, pero para caminar hay que tener por donde y ese es uno de los principales defectos de Saltillo, a lo mejor por la manera tan particular de entender el ejercicio del poder público en una ciudad en la que los ricos mandan, han mandado desde siempre, lo cual son arreglos sociales, culturales y económicos, pero que desafortunadamente en este caso, afectan la calidad de vida de la población, la de todos.
Veamos, en otras ciudades del país, en el instante en el que se abre una nueva calle, avenida, bulevar, calzada, o lo que sea, se incluye como parte de la infraestructura urbana la obligación de colocar cordón cuneta y banquetas… en Saltillo no. O no de manera generalizada, sino selectiva. A los grandes terratenientes, que son parientes, socios o ellos mismos ejercen el poder público, no se les exige que construyan banquetas delimitando los predios de su propiedad, pero la autoridad tampoco lo considera una obligación suya.
Y es que hasta donde sabemos, algún reglamento municipal dispone que es el dueño del terreno el que debe de poner la banqueta frente a su terreno o casa, no el gobierno. En parte por eso se puede explicar el porqué es tan incómodo y riesgoso caminar por las banquetas de la capital coahuilense, la de una casa es distinta de la de la siguiente casa y de la siguiente, y así… hay algunas muy bien hechas, de modesto cemento, hay otras que son de mosaico chino, otras inexplicablemente de vitropiso, de piedra, y así por estilo, de tal manera que los saltillenses tienen fama de siempre caminar por la calle ¿pues qué otra?, arriesgarse por las banquetas es peligroso, y eso allí donde las hay, y donde les dan mantenimiento cuando se rompen, si no… para qué le cuento lo que seguro ha vivido mil veces.
La movilidad tiene que comenzar por las banquetas. Con que eso logre el próximo alcalde, ya pasaría a la historia como un gran ordenador del desorden que es Saltillo. ¿ciclovías, carriles confinados?, eso después, primero las banquetas, por donde pueda caminar, trotar, correr y hasta andar en bici la gente sin temor de lastimarse, sin miedo de que lo pique o muerda algún animal.
Ahora que si a las banquetas les ponen cajetes para que se pongan árboles que den sombra, árboles que no rompan las banquetas por supuesto, Saltillo sí que sería un lujo para caminar, o como le dicen ahora para movilizarse. ¿Qué quien paga lo que cuestan tantas banquetas?, oiga, si tienen para los terrenos, no tienen para adecentarlos?, eso también es muy de acá, pero que ya se nos vaya quitando, digo yo.
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