Francisco I. Madero, Coahuila, 04/09/25 (Más).- En el ejido Las Mercedes, ubicado en el noreste de Torreón, la disputa por la tierra continúa marcada por acusaciones de ventas ilegales, usurpación de cargos y la presión de intereses empresariales.
Los campesinos han denunciado que, en su territorio, los árboles de pinabete que servían como cortina natural de protección fueron arrancados o incendiados con la finalidad de abrir paso a fraccionamientos destinados a viviendas de clase media alta.
Los ejidatarios sostienen, según publica el diario Milenio Laguna, que la venta de parcelas fue pactada de manera irregular por dos adultos mayores ya fallecidos y que los supuestos herederos promovieron la enajenación de terrenos, pese a la prohibición expresa en el reglamento interno del ejido. Dichas acciones, aseguran, violan el carácter colectivo de la tierra y los candados legales colocados desde la década de los ochenta para impedir la entrada de empresarios agroindustriales.
El sociólogo Germán Cravioto, quien ha acompañado a la comunidad desde 2014, explicó que la lucha de Las Mercedes se enmarca en un proceso más amplio de defensa del territorio y los bienes comunales en la Comarca Lagunera.
Recordó que a través del programa ‘Realidad Nopal’ se trabajaron proyectos de autonomía alimentaria con la siembra de maíz y sandía, fortaleciendo la organización comunitaria. “Fue a finales de 2014 que comenzamos a organizarnos: desde asambleas y compartir visiones y proyectos, poco a poco fuimos avanzando”, señaló.
Los campesinos señalan que, además de la presión externa, enfrentan un problema de autoridades ejidales ilegítimas.
De acuerdo con Germán Lombrera, excomisariado ejidal, un grupo encabezado por Rodolfo López Mata se ostenta como representante legal del ejido desde hace un año, acompañado por Guadalupe Guillén Arguijo y Abel Salazar. Sin embargo, funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) y del Registro Agrario Nacional confirmaron en respuesta a un recurso de transparencia que las últimas elecciones reconocidas se realizaron en 2016 y que las actas de 2021 y 2024 fueron denegadas.
Los ejidatarios acusan que este grupo ha tomado decisiones que afectan al colectivo, como la autorización irregular de norias y acuerdos con empresarios externos.
Lombrera relató que un vecino, identificado como Diego Espada, instaló una noria a escasos 20 metros de Las Mercedes, lo que afecta directamente el abasto de agua del ejido. Según dijo a Milenio Laguna, primero se intentó persuadirlos con dinero y, al no lograrlo, siguieron los insultos y la presión.
Felipe Varela, otro de los campesinos, sostuvo que la Procuraduría Agraria debe intervenir para convocar a una asamblea y elegir autoridades legítimas. “Lo que defendemos es de nosotros, queremos que no desaparezca nuestro ejido, que siga vigente, pero en el paso del camino nos hemos topado con muchas dificultades”, comentó.
En medio del conflicto, los campesinos iniciaron la conformación de un consejo comunitario que busca explorar proyectos de sustentabilidad, como la instalación de paneles solares en la noria, además de la organización de actividades relacionadas con la cantina ejidal, la planta purificadora y el aniversario del ejido que se celebra en diciembre.
El enfrentamiento también alcanza un plano institucional. Documentos de transparencia señalan que Alfredo López Mota, hermano de Rodolfo y actual ejidatario, trabaja en la Comisión Nacional del Agua en Torreón desde 1989. Su presencia en ambas esferas ha generado suspicacias sobre el uso de información privilegiada en beneficio de intereses particulares.
Los campesinos también han denunciado la destrucción ambiental provocada por la tala de pinabetes, especie que durante décadas ha protegido los suelos del ejido contra la erosión. Germán Lombrera subrayó que estas acciones podrían incluso ser sancionadas por autoridades forestales, pues afectan directamente a la identidad y la viabilidad productiva de la comunidad.
En este contexto, Lombrera recordó que cuando fungió como comisariado ejidal se negó a firmar la autorización de una noria, pese a la oferta económica que le hicieron. “Yo dije que no estaba muerto de hambre. Sabe cuánto nos daban: cien mil al tesorero, cien mil al secretario, cien mil a mí. Yo me negué a firmarles como autorizado y ellos me dijeron que ya vendrían otros muertos de hambre a firmar, y sí firmaron”, relató.
La lucha de Las Mercedes refleja un conflicto más amplio sobre la propiedad social en México, en donde, pese a los candados legales, los ejidos enfrentan la presión de procesos de urbanización, intereses empresariales y disputas internas que ponen en riesgo la continuidad de su carácter colectivo.
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