LA INFLACIÓN DESMEDIDA

MARCO CAMPOS MENA

Dicen que poco a poco no se nota mucho y que es fácil acostumbrarnos cuando es pesito a pesito, pero lo cierto es que cada vez se vuelve más difícil para nosotros poder pagar la despensa que realizamos semanal o quincenalmente.

Algunos quizás ya lo percibieron en sus tickets de compra, un buen hábito es comprar siempre la misma cantidad de despensa que sabemos nos rendirá para un determinado tiempo y poder contrastar las cantidades entre despensa y despensa.

Para otros, cuyas despensas suelen ser más irregulares, quizás los aumentos pasan un tanto desapercibidos, después de todo, la variación puede llegar a ser hasta de unos cientos de pesos, mas no por ello deja de ser algo que no se puede sentir.

Hay quienes solemos llevar un registro (aunque sea mental) de los costos de los artículos que compramos con más frecuencia, con lo cual podemos estimar cuánto tendremos que desembolsar para diferentes ocasiones, por ejemplo, una reunión o una despensa muy básica a fin de ajustaros al capital disponible.

La otra realidad, los productos cada vez contienen menos gramaje, y si bien esto es algo que hemos venido remarcando y advirtiendo desde hace años, los litros que no son de a litro y los kilos que no son de a kilo están dando paso a los medios kilos y litros para hacer de alguna forma más asequible el producto a los consumidores.

Esto, si bien en un principio representa un costo más elevado, tanto por el mismo aumento que se enfrenta cada vez con más frecuencia, como el elevado costo de un empaque más pequeño, a su vez resulta en que nuevas familias cada vez más chicas puedan adquirirlos al no representar un impacto fuerte para sus economías.

Dicho de otra manera, una familia de tres miembros considerará que un producto de corta caducidad en presentaciones de un kilo puede ser demasiado y representar un desperdicio no terminárselo, por lo que optará por eliminarlo de su consumo, mas si el mismo producto se vende en una presentación más chica, considerarán comprarlo aun con un costo un poco más elevado para darse el gusto ocasional sin desperdiciar ni afectar su bolsillo.

En cierto sentido, la inflación constante está modificando nuestros hábitos para bien, aunque suene extraño, pues esto está cambiando la mentalidad consumista y despilfarradora que muchos hemos tenido por años, mejorando nuestro entendimiento y manejo de finanzas personales.

Por otro lado, no es lo más óptimo ni remotamente que tengamos niveles de inflación tan altos, esto terminará afectando a otros sectores económicos que en efecto dominó pueden terminar ocasionando diferentes tipos de crisis, como en el sector automotriz, donde los automóviles, por más económicos, los valores superan los $200,000 y no son asequibles para personas con ingresos inferiores a los $15,000 mensuales.

Si tenemos que elegir entre comer y un automóvil, la decisión será obvia.

A muchos nos tocó una época hace algunos años en la que comprar un automóvil del año podía ser inferior a los $100,000 y con un ingreso de $10,000 y un buen plan de pagos era factible poder comprarlo. Añoraremos aquellos tiempos.

Por aquellos entonces, el litro de gasolina Premium no superaba los $10 por litro y las despensas promedio rondaban entre los $250 y $300 para una familia chica. Si le comento que esos tiempos fueron aproximadamente hace 10 años, la inflación nos parecerá monstruosa a esa perspectiva.

Dicen que la mejor manera de cocinar una rana es poniéndola en agua templada, no le molestará en lo absoluto y se podrá ir subiendo la temperatura poco a poco. Para cuando la rana se percate, será demasiado tarde. Algo así nos esta sucediendo con la inflación.

En 10 años hemos visto que todo se ha duplicado y nuestros ingresos siguen siendo muy similares, nuestro poder adquisitivo cayó a un 50% o más y nos fuimos acostumbrando poco a poco a limitarnos, tener menos gustos, cambiar marcas de renombre por genéricas o incluso a buscar más trabajo para costear lo mismo.

Ahora bien, si es claro que la inflación es un fenómeno constante, hay algunas cuestiones que considerar para entender por qué en los últimos tres años la hemos vivido de una manera especialmente complicada.

Dejando de lado el indicador de años pasados en el que se presumía con bombo y platillo que se trataba de la más baja registrada, el seguimiento que se pudo dar a lo largo de los meses nos indica todo lo contrario, y esto se debe a que, dependiendo del indicador, todo puede interpretarse de distintas maneras.

Es precisamente la interpretación lo que nos confunde en este sentido, pues si medimos la inflación subyacente o la general contra las especiales como la alimentaria o energética, podemos encontrar que hubo algunos aumentos que pesaron más en el bolsillo pero que no fueron suficientes como para marcar una diferencia en el indicador.

En el caso de los combustibles, durante 2019 hubo un fenómeno de reducción de costos al grado que llegó a costar $14 por litro la Premium, mas esto no redujo de ninguna manera el costo de los demás productos, razón por la cual, se dijo que no había aumentos en si, las utilidades fueron mayores, pero al volver a subir el costo del combustible, hubo más aumentos, llamémosles, “especulativos”.

Si bien, no comparto el pensamiento soberano del gobierno actual, el cual busca otorgar poder absoluto al titular del ejecutivo para la toma de decisiones, sí considero que podría existir un órgano regulador y de vigilancia de precios al consumidor con sustento real a fin de controlar la inflación desmedida y evitar que sucedan nuevamente aumentos sin justificación que afecten a la población, un comercio menos especulativo.

No se malentienda mi concepto, a fin de cuentas el Estado debe ser un facilitador y no un controlador, la sociedad misma debe saber organizarse y entender que la economía en su delicado equilibrio debe estar basada en la coordinación de los diferentes sectores para evitar que la escasez de recursos ocasionen una revuelta social.

Actualmente enfrentamos un cambio climatológico drástico, el calentamiento global con severas inundaciones que arruinan cosechas y sequías que desertifican cada vez más espacios están generando escasez de alimentos, por mera oferta y demanda, existen aumentos.

Un ejemplo de ello se encuentra en las harinas, que este año llevan tres aumentos y el de esta semana fue por $70 por bulto.

Incluso las plataformas de entretenimiento digital han tenido aumentos recientemente.

Hay una metáfora que explica bien como todo sigue subiendo de precio, aunque no se vea directamente relacionado. “Un taquero aumenta el precio de la orden cuando subió el azúcar, un cliente le pregunta: ¿Por qué subió el precio de los tacos si no llevan azúcar?” a lo que le contesta el taquero “pero mi café sí”.

El costo de la vida sigue aumentando y ya no alcanzaremos a parar lo mismo si seguimos en el mismo rango de ganancia.

Incluso en los negocios se vive la inflación de una manera interesante y complicada, pues si suben mucho los precios, el cliente deja de ir y no puede subsistir y si no los sube, no gana y tampoco puede subsistir. ¿qué pasará cuando los aumentos superen el punto crítico? Quizás ya no estemos muy lejos de él y en ese momento tal vez nos toque ver una nueva guerra mundial o un reajuste mundial de la economía, el futuro está en juego.


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