Horacio Cárdenas Zardoni
La escena se repite cada mes, pero podría hacerse cada quince días o incluso cada semana. Los medios de comunicación nacionales y por supuesto los locales, se hacen eco de una nota que se ha vuelto obligada: la popularidad de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se mantiene, o en los mejores momentos, va al alza.
Algunos de los redactores de prensa todavía se toman la molestia de elaborar, que no importa que haya ocurrido esta o aquella situación complicada, la popularidad de la mandataria mexicana no desmerece ni tantito, lo cual no deja de ser sorprendente, y estadísticamente discutible.
El asunto no debería revestir ninguna importancia, pasar como lo que es, cualquier cosilla entre un montón de asuntos de mucha mayor trascendencia, pero no, los medios hacen hincapié en que lo tengamos cotidianamente presente.
Me acuerdo del sexenio pasado, más o menos a la mitad del período de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el inventor de las conferencias de prensa, más bien, del espectáculo conocido como Las Mañaneras, se dolía, cuestionándose de que los medios de comunicación impresos y electrónicos, aun aquellos que eran afines al gobierno de la cuarta transformación, no daban difusión a lo que él y sus empleados los floreros, informaban.
Aquella imagen de las películas norteamericanas de hace algunas décadas, de los reporteros abandonando la sala a todo correr para ganar un teléfono y desde él dictar a alguien en la redacción los pormenores de una nota caliente, si había existido al principio, ya se había perdido completamente. Aun periódicos como La Jornada, El Heraldo o Milenio, actualizaban sus páginas electrónicas a eso del medio día con los datos de la Mañanera, señal de que se tomaban las cosas con la mayor calma, y es que sus reporteros estrella estaban dedicados a hacer lo de todos los días, corretear las notas de primera plana, entre las cuales no aparecía más que rarísima vez lo que el presidente de entonces tuviera que decir. López Obrador estaba furioso con ese estado de cosas, pero cosa nada curiosa, no le hicieron caso los medios, pues si se convertían en repetidores de las notas mañaneras, perderían lo que les quedara de credibilidad.
De ninguna manera voy a decir que soy yo un excelente analista de la personalidad de las personas, yo más bien no le creo nada a nadie, nada de lo que dicen y solo algunas de las cosas que hacen. A mi en lo personal, el desempeño de Claudia Sheinbaum no me parece en absoluto sobresaliente, sino más bien mediocre, la veo obligada a desempeñar el tristísimo papel de tapadera de los actos de corrupción de los morenistas del sexenio pasado y los de este, que repiten o siguen enquistados, si no en la nómina, sí en los padrones de proveedores. Tampoco me parece que sea una persona poseedora de las cualidades que atraen simpatías, como tampoco de las que suman respaldos, y sin embargo sus indicadores de popularidad están por los cielos.
Algunas de las encuestadoras que documentan el aspecto de la popularidad, a lo mejor queriendo dar una imagen de profesionalismo del que la mayoría de ellas carecen, no se restringen a preguntar sobre el respaldo a la persona, sino que la contrastan con otros elementos, específicamente con la función de gobernar, aunque se cuidan mucho de sacar conclusiones que les pudieran perjudicar en sus contratos, se quedan antes de esto, y le dejan las conclusiones a cada quien, si es que alguien quiere sacarlas.
Se nos ocurre por ejemplo una encuesta de este tipo, con ganas de conocer un poco más sobre este disparatado asunto: ¿apoya el desempeño de la presidenta Sheinbaum?, esa es la de cajón, la que siempre se reporta positiva, y que el encuestado sabe que tiene que responder afirmativamente y si es numérica, hasta arriba, pero le podríamos agregar ¿le parece coherente el discurso de la presidenta Sheinbaum?, aquí el encuestado comenzaría a pasar aceite, porque se ve, allí están los miles de videos, que a la presidenta le cuesta mucho articular respuestas coherentes a las preguntas; otra, ¿le parecen buenos sus chistes?, y aquí sí que podrían descoserse, porque la pobrecita presidenta tiene una capacidad histriónica que tiende a cero, hasta lástima da; otra más ¿le parece que la presidenta se controla bien, mantiene la ecuanimidad en todo momento, como debe corresponder a un mandatario (a)?, son muchos los que dicen que Sheinbaum es muy enojona, que en las juntas de seguridad y de gabinete está cercana a perder el control, y que en varias ocasiones lo ha hecho, hasta en eventos públicos, en donde le da por regañar, por exigir, por mangonear, este es un asunto crítico, porque el control es vital para alguien de responsabilidad, indispensable para quien ocupa la presidenta. Se puede preguntar sobre su imaginación, y allí también sale fallando, como dijera una clásica, esposa de Ya Saben Quien, la inteligencia no le sobra… a la hora que se le atora la carreta sale con ¿Por qué no hablan de García Luna?, no es posible que alguien sea popular con tal falta de capacidad para responder.
Pero en fin, son las encuestas de a cada rato. No hablamos de aspectos como la economía, la seguridad, la salud o la educación, que deberían ser determinantes de la popularidad, nos quedamos con lo de la persona, pero repetimos, ¿no le parece sospechosa?
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