Ciudad de México, 17/03/25 (Más / IA).- La industria automotriz mexicana enfrenta uno de sus mayores desafíos en años ante la amenaza de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos. La posibilidad de que Donald Trump imponga impuestos a los automóviles y autopartes exportados desde México ha generado incertidumbre en el sector, que representa el pilar del comercio exterior del país.
México es el octavo exportador mundial y su principal socio comercial es Estados Unidos, que absorbe alrededor del 80% de los vehículos ensamblados en el país. En 2024, la venta de automóviles y autopartes al extranjero generó cerca de 100,000 millones de dólares, siendo General Motors, Nissan y Ford las empresas con mayor participación en estas operaciones.
En Cuautitlán Izcalli, Estado de México, los trabajadores de la planta de Ford siguen de cerca las noticias sobre los aranceles. “No se habla de otra cosa”, afirma uno de ellos a las puertas de la factoría, reflejando el temor de miles de empleados ante la posible afectación a sus empleos.
Trump ha prometido recuperar la producción automotriz en Estados Unidos y reducir la dependencia de lo que llama un “comercio estúpido” que, según él, ha perjudicado a la industria estadounidense. Su intención es trasladar de vuelta la manufactura a Detroit y otras ciudades con tradición industrial.
Sin embargo, el presidente ejecutivo de la Industria Nacional de Autopartes (INA), Francisco González, considera inviable desmontar la producción automotriz en México en el corto plazo. “Los análisis empresariales para montar una factoría llevan entre tres y cinco años, por no hablar de la proveeduría y el empleo. Desmontar todo y trasladarlo a Estados Unidos tomaría entre 20 y 30 años”, sostiene González.
Además, advierte que la reindustrialización estadounidense requeriría entre 19 y 30 nuevas plantas ensambladoras, así como la construcción de infraestructura para fabricar autopartes. “A los estadounidenses ya no les gusta la manufactura y los mexicanos estamos en una curva poblacional adecuada”, agrega.
Desde la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) consideran “descabellado” pensar en una reubicación masiva de la industria. No obstante, admiten que los aranceles, de aplicarse, podrían reducir la producción en México, afectando a 900,000 empleos directos y muchos más de manera indirecta.
El impacto de los aranceles no se limitaría a la industria automotriz. México exporta a Estados Unidos no solo vehículos, sino también tomates, aguacates, ordenadores, cerveza y tequila, entre muchos otros productos. La incertidumbre generada por las políticas comerciales de Trump amenaza con afectar múltiples sectores de la economía mexicana.

Para el economista José Romero, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), la estrategia de Trump no es solo una táctica comercial, sino un plan geopolítico. Según su análisis, el republicano se enfoca en fortalecer la relación con Canadá y confrontar a China, mientras que México ha dejado de ser prioritario en su agenda.
Romero también advierte que el expresidente podría buscar renegociar o incluso romper el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC). “A Trump no le interesa México como mano de obra barata, quiere llevarse la industria”, afirma.
Ante la posibilidad de que los aranceles se hagan efectivos, la presidenta Claudia Sheinbaum ha buscado negociar con Washington para evitar un golpe a la industria. La prórroga en la imposición de tasas vence el próximo 2 de abril, una fecha clave para determinar el rumbo del comercio bilateral.
De acuerdo con Janneth Quiroz Zamora, analista de Monex, el Gobierno mexicano está trabajando para que no se impongan aranceles a ningún sector. “Quien logró que se pospusieran los aranceles automotrices fueron las armadoras estadounidenses”, señala. Sin embargo, las empresas podrían beneficiarse de incentivos fiscales si decidieran trasladar su producción a Estados Unidos, reduciendo así el impacto de los aranceles.
Para algunos expertos, la amenaza de Trump representa un llamado a que México diversifique sus mercados y fortalezca su industria local. Romero sugiere que, si la inversión estadounidense se retira, el país podría aprovechar la infraestructura existente para producir vehículos destinados al mercado interno y otros destinos.
Por su parte, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha impulsado el «Plan México», un acuerdo con el sector privado para fortalecer la producción nacional. No obstante, cualquier intento por reducir la dependencia de Estados Unidos requerirá tiempo y una transformación profunda del modelo económico.
Mientras tanto, la frontera entre México y Estados Unidos sigue siendo testigo del intenso intercambio comercial. Miles de camiones cruzan diariamente con todo tipo de mercancías, desde autopartes hasta productos agrícolas. A pesar de la retórica proteccionista, la interconexión entre ambas economías parece demasiado compleja como para ser desmantelada de la noche a la mañana.
Sheinbaum y su equipo esperan que la negociación con Estados Unidos logre frenar los aranceles antes del 2 de abril, pero el futuro del sector automotriz sigue en la incertidumbre, atrapado en el vaivén de la política y la economía global.
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