El Poder del Consumidor
Alejandro Calvillo
Son algunos de los propios desarrolladores de la Inteligencia Artificial (IA) los que están llamando a regularla de manera urgente, al experimentar que se les está saliendo de control, lo que pone en riesgo a la humanidad. Otros de estos desarrolladores, como Elon Musk, en su visión distópica surgida de sus lecturas de novelas de ficción, realidades ficticias de las que no pueden salir, en las que, como adolescentes, se encuentran atrapados, se plantean navegar en el caos, tratando de estar, en medio de la tormenta, felices del poder que les da controlar el timón.
Pero la dictadura de la IA ya está aquí, como Arma de Destrucción Civilizatoria (ADC). Mientras la IA ha servido a los poderes que tienen los recursos para desarrollarla y ejercerla, no le han visto ningún problema, no la han cuestionado. De hecho, han puesto los recursos y a la gente para desarrollarla. La dictadura de la IA, de la ADC, está aquí de manera silenciosa e invisible para la gran mayoría. El objetivo no es someter por la fuerza, sino moldear a las personas.
Se moldean, de manera bastante efectiva, las posturas políticas de las personas como ciudadanos, y sus deseos y compras como consumidores. No es que no existiera con anterioridad a la IA el uso de los medios de comunicación para influir en las posturas políticas de los ciudadanos y favorecer a candidatos y gobiernos; sin embargo, su grado de efectividad aumenta exponencialmente cuando los mensajes ya no llegan únicamente por los medios tradicionales, sino cuando se transmiten por las redes sociales. A través de ellas, la conexión es omnipresente y permanente; los mensajes se multiplican y se personalizan gracias al algoritmo. No es un mensaje para el público en general: está personalizado en base a las preferencias personales registradas en diversos medios, e incluso, en base a las vulnerabilidades descubiertas por los algoritmos. Cada clic que hacemos no sólo marca una preferencia o una búsqueda, sino que va definiendo características complejas que van encajando en modelos establecidos que se enriquecen de manera instantánea en un algoritmo personalizado.
La dictadura, esta ADC, es silenciosa e invisible. En la esfera de la política no puede desligarse de una de las causas de la polarización política que vivimos. Tampoco podemos decir que antes no había polarización; sin embargo, no existía de esta manera, además de que ha quedado demostrado el papel de los algoritmos y las redes en la situación política de los Estados Unidos, en general, y en actos concretos como fue el intento de toma del Capitolio el 6 de enero de 2021. Desde hace 206 años no había ocurrido un acto similar, un intento de toma del Capitolio en los Estados Unidos.
La interferencia en las elecciones políticas por parte de las redes, en base a los algoritmos y la IA, se está registrando de manera masiva. El caso de Cambridge Analytica da la dimensión de esta intervención, documentándose que participó y ofreció sus servicios en más de 200 procesos electorales, incluyendo campañas en Estados Unidos y el Reino Unido.
De hecho, el lenguaje político está rebasando diversas barreras. El lenguaje de Trump en los Estados Unidos, de Milei en Argentina, de Espriella en Colombia, es un lenguaje violento, sin controles, que proviene de las redes y que es aplaudido por amplios sectores en la política. Trump le puede llamar «cerda» a una reportera; el electo Presidente de Colombia, de la Espriella, exabogado de narcotraficantes, puede pedir a una periodista que enfoque las cámaras en sus genitales para señalar, entre risas, que eso le había valido votos femeninos; Milei viaja a Brasil y se refiere al Presidente Lula, en su propio país, como «presidiario» y lo acusa de «corrupto». Este proceso decadente al extremo, del cual el lenguaje es un ejemplo, va acompañado de un rompimiento, con un intento de reventar, no sólo el lenguaje, sino los propios esquemas e instituciones de gobernanza internacional, que, aunque débiles, su desaparición nos empujaría a horizontes donde las dictaduras podrían determinar los destinos de la humanidad y donde sería imposible enfrentar los grandes retos que enfrenta nuestra especie.
Los algoritmos y la IA se han vuelto instrumentos muy poderosos para influir en la política, en las formas de gobernanza a todos los niveles. Quien los tiene en sus manos tiene uno de los mayores poderes en el Planeta. Y esto empieza con la extracción de nuestra información, de la vigilancia en la que nos encontramos. Cada dato nuestro es registrado, almacenado, comercializado, a pesar de que las leyes digan lo contrario. Y es en base a esta información personalizada que se logra el poder de los algoritmos para producir la percepción deseada, lo que lleva a la manipulación política y también a la manipulación como consumidores. De hecho, toda esta información se integra o se fragmenta, de acuerdo a los intereses de quien aplica esta tecnología.
La vigilancia y uso de IA en el sector comercial, tanto físico como virtual, se ha normalizado sin que los consumidores estemos plenamente informados. La información capturada en este sector puede combinarse con la obtenida en otros sectores para hacer un perfil más complejo y definido de cada sujeto. ¿Acaso usted ha sido informado de que al entrar y comprar en un Walmart, esta empresa, como lo establece en su documento de Aviso de Privacidad, podrá estar capturando sus datos de contacto, sus datos biométricos, así como las redes sociales que utiliza; sus datos de localización y geolocalización en primer plano (cuando usa la app de forma activa en la pantalla) y en segundo plano (cuando la app rastrea su posición de forma oculta aunque esté cerrada); sus datos de navegación como el uso y consumo de los servicios de internet desde su dispositivo y datos de red y tráfico; así como su información financiera y patrimonial? Esto ha sido denunciado en Estados Unidos y aparece dentro de lo que permite su documento de Aviso de Privacidad en México.
Algunos de los creadores de la IA se han alertado porque la propia IA les ha demostrado que se sale de control sin que ellos sepan a dónde puede ir, una especie de Frankenstein, un monstruo creado que se sale de control de su creador y que puede actuar contra él, como ocurre en la novela de Mary Shelley. Sin embargo, no les preocupa el daño que ya le han hecho a la civilización hasta ahora, porque esa parte está bajo su control y les ha permitido volverse el sector más poderoso sobre la Tierra, un poder muy por encima del poder político.
Las iniciativas para regular estas redes, para sacar estos aparatos de las infancias y adolescencias, como una política de salud pública y de protección de lo social, están surgiendo en diversas regiones del mundo. El enfrentamiento y las denuncias de gobiernos y asociaciones civiles contra las plataformas, por sus prácticas monopólicas, por sus contenidos, por su diseño adictivo, están creciendo.
Y son estas pantallas, estas redes, el mecanismo más importante para modelar, para someter a los intereses políticos y comerciales. El Papa León XIV, en su encíclica Magnifica Humanitas publicada el 25 de mayo de 2026, llamó a «desarmar» la IA y advirtió el riesgo del control corporativo y la desinformación. No se trata de un tema a discutir; se trata de que el interés público, el interés de la civilización, el interés de la especie, logre sobreponerse sobre el interés de las corporaciones y sus dictadores aliados, sobre la dictadura tecnológica que se ha convertido en un Arma de Destrucción Civilizatoria.
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