La escalada del conflicto en Oriente Medio comenzó a impactar los mercados energéticos internacionales con un alza en los precios del petróleo y del gas. El bloqueo del estrecho de Ormuz, paso clave para el comercio mundial de energía, ha reducido el tránsito marítimo y disparado el barril de Brent por encima de los 90 dólares
Redacción Más
El conflicto armado en Oriente Medio ha comenzado a sacudir los mercados energéticos internacionales y amenaza con provocar un nuevo episodio de tensión económica global, con alzas en el precio del petróleo, del gas y riesgos de un repunte inflacionario si la guerra se prolonga.
De acuerdo con información publicada por El País, la primera semana de enfrentamientos todavía no ha derivado en una crisis energética como la vivida en 2022 tras la invasión rusa a Ucrania, pero el impacto en los precios de la energía ya se percibe. Analistas advierten que el desabastecimiento aún es un riesgo más que una realidad, aunque el encarecimiento del petróleo y del gas podría trasladarse rápidamente a la inflación y afectar el crecimiento económico.
El detonante de las tensiones es el bloqueo del estrecho de Ormuz, un paso marítimo estratégico de apenas 34 kilómetros de ancho por el que transita alrededor de una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo, además de fertilizantes, combustibles refinados y cerca del 20% del gas natural licuado utilizado para la generación eléctrica en numerosos países.
Desde el inicio del conflicto, el tránsito marítimo por la zona se ha reducido drásticamente, provocando fuertes reacciones en los mercados financieros. El precio del barril de Brent, referencia en Europa, se ha disparado cerca de un 29% en una semana y ya supera los 90 dólares, mientras diversas bolsas internacionales registraron su peor desempeño desde el estallido de la guerra en Ucrania en 2022.


Las repercusiones comienzan a sentirse en distintos ámbitos de la economía. Los combustibles han registrado su mayor incremento en ocho meses, el transporte marítimo ha encarecido sus tarifas por sobrecargos aplicados por las navieras y algunos indicadores financieros, como el euríbor, han reaccionado al alza ante la expectativa de un aumento generalizado de precios.
La situación ha generado preocupación entre organismos económicos internacionales. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, advirtió que “la economía mundial ha sido notablemente resiliente […] pero esta resiliencia se está poniendo a prueba una vez más”. En la misma línea, el economista jefe del Banco Central Europeo, Philip Lane, señaló que “un aumento de los precios de la energía ejerce una presión al alza sobre la inflación, especialmente a corto plazo. Tal evolución sería negativa para el crecimiento”.
El mercado del gas es uno de los más afectados. La referencia europea TTF de Países Bajos se disparó alrededor de 69% en la semana debido a la interrupción de suministros procedentes del golfo Pérsico. Qatar, uno de los mayores exportadores del mundo, advirtió que incluso si el conflicto terminara pronto, podrían pasar semanas o meses antes de restablecer completamente el suministro tras los ataques con drones registrados en la región.
La tensión se intensificó después de que el país ordenara el cierre de la terminal de gas licuado de Ras Taffar, considerada la mayor instalación mundial para licuar gas natural. Aun así, los precios energéticos todavía se mantienen por debajo de los máximos alcanzados durante la crisis de 2022, cuando el gas superó los 340 euros por megavatio hora y el petróleo llegó a rondar los 120 dólares por barril.
En el caso de España, el impacto directo en el abastecimiento energético sería limitado, ya que solo el 5% del petróleo y el 2% del gas consumido provienen de la región del golfo Pérsico. Sin embargo, el aumento de precios en los mercados internacionales afecta a todos los países importadores.
Especialistas advierten que el mayor riesgo es que la prolongación del conflicto genere competencia global por los recursos energéticos. El economista Javier Santacruz señaló que si China busca nuevos proveedores ante la interrupción de suministros en Asia, podría presionar aún más los precios internacionales al competir por los mismos mercados que abastecen a Europa.
Las previsiones sobre el petróleo cambian rápidamente conforme evoluciona la situación. Analistas de bancos internacionales estiman que, en el peor escenario, el barril de Brent podría alcanzar niveles de entre 120 y 130 dólares. No obstante, consideran que los precios podrían volver gradualmente a niveles de entre 60 y 70 dólares una vez finalicen las hostilidades.

El aumento del precio del crudo también tiene consecuencias directas para las economías importadoras. Según estimaciones de Oxford Economics, cada incremento de 10 dólares en el barril implica para España un coste adicional cercano a 500 millones de euros al mes, parte del cual termina trasladándose a consumidores y empresas.
Al mismo tiempo, el encarecimiento de la energía se refleja en el costo de la electricidad. El precio mayorista de la luz, que en febrero apenas superaba los 25 euros por megavatio hora, ha rebasado los 50 euros desde mediados de la semana. Esto podría traducirse en un incremento cercano al 30% en la factura de electricidad para los hogares con tarifa regulada.
Para diversos analistas, el factor determinante será la duración del conflicto. Si las hostilidades se extienden durante varias semanas, el impacto económico podría intensificarse y provocar presiones inflacionarias significativas. Como advierten especialistas del sector energético, incluso si el enfrentamiento terminara de inmediato, los mercados ya reflejan un efecto que podría sentirse en los precios durante los próximos meses.
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