Por Horacio Cárdenas Zardoni
Dice el dicho clásico que ‘al que obra mal, se le pudre el tamal’, bueno, a lo mejor es una sentencia del clásico mesoamericano más bien tardío, pero entre que, si es o no es, todos entendemos el sentido de la expresión, por más que, que sepamos, a nadie le haya tocado ver un tamal podrido, y menos logrado establecer la correlación estadística de que por obrar mal, se descompone, pero eso es pasarse de tueste.
La conseja pretende ser una advertencia, al menos así lo entendemos nosotros, más que una sentencia judicial o peor, extrajudicial, dentro del sistema de administración de justicia mexicano, ni en sus épocas de gloria, ni en las que se nos vienen encima. No, como advertencia de la abuela, de la mamá, de alguien de confianza, se supone que tiene el objetivo de hacernos reflexionar, pero no para enaltecer nuestro esquema de valores, sino para que no actuemos mal, que es de lo que se trata. Tamales aparte, el interés de la gente que nos hace una recomendación como esa, es que no actuemos mal y así evitarnos consecuencias negativas.
A qué más que la verdad, todo migrante, mexicano o de cualquier otro país, que cruza la frontera de los Estados Unidos de manera ilegal, sabe, está consciente de que está violando las leyes norteamericanas ¿cuáles?, no necesita él o ella saberlas ni citarlas, pero en general sabe que está expresamente prohibido, y tanto, que hasta el gobierno de los Estados Unidos ha contratado anuncios en prime time, es más, durante el espectáculo por excelencia del gusto de los mexicanos, el futbol: no vengas a Estados Unidos, si vienes, te vamos a atrapar y te vamos a deportar.
Y sí, habrá algunos despistados, sobre todo niños y jovencitos que son llevados por sus familiares, pero la gran mayoría de los migrantes sabe que está prohibido, que es peligroso, el camino, el cruce, y ser capturado del otro lado de la frontera sin documentos que acrediten su estancia en el país.
Desde que asumió la presidencia en su segundo período, Donald Trump prometió que deportaría un millón de mexicanos. No nos queda claro de dónde había sacado el dato, si este es fiel, si se trata de alguna meta, o le pareció una cifra impactante por sí misma. Hasta ahorita las cosas van lentas, según reportes oficiales, pero sí, están empeñados en una campaña fuerte y ruda para deportar a quienes carezcan de permiso para estar allá.
Todos hemos escuchado historias de compatriotas que tenían décadas allá, que habían hecho una vida y hasta fortuna, que habían tenido familia, y no solo los deportan a ellos, sino que hay una lucha en el congreso y los tribunales para que tampoco les sea reconocido el derecho a la ciudadanía por haber nacido allá. Es una situación durísima para estos connacionales, que sin embargo… todavía tienen la última esperanza de poder voltear a ver a México, a su país, su terruño, de donde es cierto que huyeron en busca de opciones que acá se les negaban, pero en donde hasta el presidente con ‘E’, de emérito, y la presidenta con ‘A’, los llaman héroes.
Los discursos políticos están llenos de promesas de una acogida apoteótica para cada ciudadano mexicano que sea deportado de los Estados Unidos, se les han ofrecido el sol, la luna y las estrellas… bueno, una pensión del bienestar, y algún otro apoyo económico, que en honor a la verdad, no alcanza ni para el boleto de camión de Piedras Negras a La Piedad, en Michoacán, pero usted entiende, y ellos más, la austeridad republicana… la pobreza franciscana… nomás para recordarles porqué se largaron.
Bueno, pues como el dicho, también muy mexicano, de que los arrimados apestan, los deportados sí, son bienvenidos de dientes para afuera, pero a nadie se le quita, y a los gobernantes menos, que estando acá, se acabaron las remesas de billetes verdes, que son las que hacía fuerte la economía mexicana, y además llegan sin empleo, solo nos queda esperar que traigan algo de capital para comenzar un negocito…
Pero recién nos enteramos de algo todavía más feo, algo de escándalo, casi que la última de las ofensas posible: se les están dejando ir con todos los agentes aduanales y los mudanceros, para tramitar y realizar el traslado de sus pocos o muchos bienes muebles a través de los puntos fronterizos. Démonos de santos que los vecinos no los mandaron como llegaron al mundo, aunque se han dado casos, pero a quienes han dado la oportunidad de armar su mudanza, se les están exigiendo pagos por decenas de miles de pesos, no siendo raro el caso de alguien a quien le han pedido 130 mil por permitirle pasar sus cosas… encima de eso, el trámite aduanal ronda los mil quinientos dólares, que muchos de ellos no se sienten con ánimo de pagar, después de todo, todavía tienen un largo camino internándose en México, y tienen que llegar a su destino, en condiciones muy distintas a cuando venían de vacaciones una o dos veces por año, con regalos para todos. Lo que traen, lo que quieren usar para establecerse, es sobre lo que andan los buitres, sin que la 4T se ocupe de los héroes a los que les han quitado su capa y sus superpoderes.
No por nada están furiosos, no por nada a su paso por las ciudades y pueblos traen esas caras de pocos amigos, y si les damos razones… pues todavía peor.
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