Por Mtro. Marco Campos Mena
Esta semana, la Cámara de Diputados protagonizó un espectáculo lamentable que confirma lo que muchos ya sabemos: Morena no legisla, impone. En una sesión extraordinaria exprés, sus legisladores aprobaron 16 reformas en tiempo récord, ignorando más de 100 reservas presentadas por la oposición, sin dictámenes previos, sin análisis de fondo y, por supuesto, sin escuchar a nadie más que a sí mismos. Una demostración de fuerza política vacía de responsabilidad democrática.
Entre las reformas más alarmantes destaca la modificación al Artículo 16 constitucional, piedra angular del derecho a la privacidad. Esta reforma permitiría que autoridades fiscales y de seguridad accedan a tus datos personales, movimientos financieros e incluso comunicaciones sin orden judicial previa. Es decir: el SAT podrá vigilar tus cuentas bancarias, tarjetas de crédito, y cualquier transacción sospechosa sin pasar por un juez.
Ningún régimen anterior (ni el más autoritario) se atrevió a tanto. Las reservas que exigían al menos mantener el requisito de orden judicial fueron ignoradas, ni siquiera se discutieron, simplemente se ignoraron. El resultado, legalizaron la invasión a la privacidad de todo ciudadano bajo el pretexto de combatir el lavado de dinero.
Además, ahora se considera actividad vulnerable no solo al sector financiero o inmobiliario, sino también a quienes usan criptomonedas, administran fideicomisos o realizan movimientos “atípicos”. ¿El criterio? El que la autoridad decida, sin garantías, sin defensa previa, sin debido proceso.
Pero, ¿por qué tanto interés en vigilar y fiscalizar hasta el último peso de los mexicanos? La respuesta es sencilla: no hay dinero.
Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la deuda pública pasó de 10.4 billones de pesos en 2018 a más de 17.6 billones en diciembre de 2024, un aumento de más del 68 %. Cada mexicano carga hoy con más de 132 mil pesos de deuda. El déficit proyectado para 2025 es de 3.9 % del PIB, el más alto en décadas. Y el nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum arranca ya con una carga bruta de 18.8 billones de pesos… y subiendo.
Sin fideicomisos por exprimir, sin ahorros y sin capacidad de endeudarse más sin comprometer seriamente las finanzas públicas, al gobierno no le queda otra opción que perseguir el dinero de los ciudadanos como si fuera botín de guerra.
El objetivo ya no es redistribuir la riqueza, sino rastrear hasta el último centavo. Quien compre un boleto de avión, reciba una transferencia inusual o tenga un ingreso extra, deberá justificarlo ante el Estado. La lógica es simple: el ciudadano ahora es sospechoso por default. “culpable hasta que se demuestre lo contrario” un sistema fiscal inquisitorial.
Estas reformas no son abstractas. Tendrán consecuencias directas sobre la vida cotidiana:
- Se elimina la privacidad financiera: tus ingresos y egresos serán monitoreados sin que lo sepas.
- Se permite la intervención en tus comunicaciones sin orden judicial.
- Se abre la puerta a auditorías masivas, bloqueos arbitrarios de cuentas y presunción de evasión.
- Se siembra el miedo al emprender, invertir o simplemente ahorrar ya que puede ser considerado sospechoso.
No se trata de combatir a los grandes evasores. A esos, como siempre, no los tocan. Se trata de fiscalizar a la clase media, a los pequeños empresarios, a los ciudadanos de a pie, a ti, a tu familia y amigos, a todos nosotros.
El colmo de esta tragedia institucional fue el comportamiento de los diputados de Morena que votaron estas reformas como si estuvieran apresurados por salir temprano de clases. No hubo debate, no hubo análisis solo manos levantadas, líneas leídas y la urgencia por acabar rápido.
A tan solo 20 minutos de haber concluido la sesión, decenas de legisladores oficialistas se dieron cita en el lujoso club privado Caroline’s 400 del hotel St. Regis, en Paseo de la Reforma, para celebrar el cumpleaños número 60 de Pedro Haces Barba, operador político de Morena.
El evento fue un símbolo de lo que este nuevo sexenio prometió no ser. Apenas días antes, la presidenta Claudia Sheinbaum pidió a su equipo evitar “frivolidades y despilfarros”, pero los suyos no tardaron en ignorarla. La fiesta se convirtió en el verdadero cierre del periodo extraordinario, una postal obscena de poder, privilegio y desconexión con la realidad nacional.
Resulta grotesco que mientras el país se sumerge en la deuda, la inflación aprieta, y las familias hacen malabares para llegar a fin de mes, los diputados oficialistas se comporten como adolescentes irresponsables que solo quieren salir corriendo del Congreso para brindar por su triunfo político.
Lo que celebran no es la victoria del pueblo, sino el control absoluto del aparato del Estado, incluido el derecho a meterse hasta tu bolsillo y tu teléfono sin permiso.
Estas reformas son un parteaguas, por primera vez en la historia moderna de México, el poder político ha desmantelado las barreras más básicas entre la libertad ciudadana y la intervención estatal.
Hoy no se trata de izquierda o derecha, se trata de un modelo de gobierno que busca financiar su ineficiencia a costa de tu privacidad, tu dinero y tu tranquilidad…y eso, como ciudadanos, no debemos permitirlo.
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