Por Horacio Cárdenas Zardoni
No, si esto parece metralla, las noticias vienen de todos los confines del estado, que hasta uno se siente tentado a pensar que es una campaña, que los compañeros de la prensa se pusieron de acuerdo, o algo intervino el destino en iluminar a los jefes de información de los distintos medios de comunicación para perseguir ese tipo de notas en concreto, y déjese nomás de buscarlas, de encontrarlas, que parece que dieron con un filón de oro.
De Saltillo se dijo que el presidente municipal Javier Díaz González había girado instrucciones para que la nómina de la primera quincena del año no se depositara en las cuentas bancarias de los trabajadores, sino que todos ellos se apersonaran en su centro de trabajo para corroborar que son los que son, y para que como si de una sesión de coaching se tratara, hubiera acuerdo entre el empleado y el jefe del área de que efectivamente hace lo que dice el otro que hace y por lo que cobra su salario quincenal.
En Monclova se habla de que la nueva administración municipal se topó con la sorpresa de que había en las nóminas municipales algo así como doscientas personas que nadie sabía que estaban allí, o qué es lo que se supone que hacían en las distintas áreas de la administración, sea como sea, 200 personas cobrando sin que se sepa bien a bien o mal a mal qué hacen, es una pesada carga para un ayuntamiento que de por sí lleva un baldón del tamaño de los impuestos no cobrados a Altos Hornos de México y a los acreedores de esta, que no pueden pagar todo lo que le deben a la ciudad.
Parece que también en Sabinas la cosa se puso interesante, se hablaba de sesenta personas, alguien dirá que son pocas, en comparación con otros municipios, pero aquí se aplica el sabio principio administrativo de que según el sapo es la pedrada con la que pretenden convertirlo en puré de sapo.
Esto es lo que se sabía al momento de teclear estas líneas, es probable, casi seguro, que con el transcurso de los días salgan a relucir otros municipios en los que los alcaldes, tesoreros, oficiales mayores, directores de administración y de todo, hicieron de las suyas con la nómina, siendo la sospecha inmediata que efectivamente había gente que cobraba sin trabajar, gente que no es cualquier gente, sino personas allegadas a ellos, o con la suficiente capacidad política, social o económica como para poder presionar a los funcionarios municipales como para que los metieran en la nómina, y luego no les exigieran ni cumplir con un horario ni desempeñar una función, mucho menos la monserga humillante de tener que checar tarjeta, poner el dedo en el lector de huellas, allí mismo donde la pelusa, gente sin influencias, puso su respectivo.
Aunque también cabe otra posibilidad, que no sería nada extraño, más bien es toda una tradición en nuestro estado, la de que los sueldos correspondientes a esas plazas de aviadores, fueran cobrados por ciertos funcionarios privilegiados… quienes no se conformaban con su sueldo de esto o aquello, sino que con cinco, diez, cincuenta salarios, ya medio comenzaban a completar el chivo, digo, hay antecedentes, si no probados, sí divulgados por algunos malquerientes, pero ese es otro cuento de hace sexenios.
El caso es que la toma de posesión de los nuevos alcaldes fue una verdadera sorpresa, excepción hecha de los que repitieron en el cargo, aunque también pudiera ser que cumplieran la sentencia bíblica de que la mano izquierda no supiera lo que hacía la derecha, pero eso en el caso de la política coahuilense más parecería esquizofrenia que otra cosa. No, la realidad es que los presidentes municipales hacían y deshacían a su gusto, y la contraloría municipal y la auditoría superior del estado no se dieron cuenta de nada, o si lo hicieron, guardaron un silencio que solamente puede ser calificado de cómplice de esas malas prácticas, ahora rebautizadas como debe ser, como raterías, abuso y objeto de responsabilidad administrativa y probablemente también penal.
Lo que nos llama la atención a nosotros es que, ¿cuántas notas no se publicaron durante los pasados meses respecto del proceso de entrega recepción en los ayuntamientos?, montones. En algunos casos, donde había cierta rispidez entre los entrantes y los salientes, ponga que el proceso se retrasó todo lo que se pudo, se ocultó información, se desaparecieron archivos y documentos, se posponían las reuniones entre los alcaldes y sus equipos de transición. Es entendible que no hubiera química entre ellos, pero la ley es la ley… al menos hasta que no cambie el poder judicial, y había que cumplir con el trámite, en el cual además tenía vista la Secretaría de la Función Pública estatal, que si de algo no podía darse el lujo, es de que hubiera hilos bailando en este, en aquel o en treinta y feria de municipios, no, las cosas había que hacerlas conforme al manual, librito sobre el que habían estado dando capacitación al personal involucrado durante un buen tiempo, precisamente para evitar sorpresas, broncas y mala prensa, y mire…
Ahora que, en los ayuntamientos en los que se conocían los alcaldes, en que eran del mismo partido o de la misma coalición, en donde se celebraron no una, varias reuniones de los presidentes municipales, y donde se suponía que se estableció un contacto directo y permanente entre los que se iban y los que llegaban… ¿cómo es posible que no se hallan platicado durante esas reuniones, comelitonas, aquelarres, carnitas asaditas, esas cosas que debían guardarse como secreto de estado, pero secretearse muy de cerquita, resulta que no se las dijeron, y he allí las consecuencias.
Seguro seguirá saliendo mugre. Conforme a su calendario, la auditoría superior estará dando sus informes del 2024, cuando se acabe el 2025, y ya como para qué, de entonces a que se finquen responsabilidades, ya habrá otros escándalos en la bandeja de entrada. Por lo pronto, todo aquello que dijeron que era bello y transparente, hay que verlo con lupa, porque se ve medio cochinón.
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