Por Horacio Cárdenas Zardoni
Cuando Andrés Manuel López Obrador se confirmó como presidente electo por allá por junio de 2018, uno de sus postulados más relevantes, y de los que más expectativas provocó, fue la sacudida transformadora en la administración pública federal.
Lo había venido diciendo durante todos los años en que fue candidato formal e informal a la presidencia, que cuando llegara al poder haría varias cosas: primero que nada, acabar con la corrupción, a la que culpaba de todos los males del país, aseveración con la que estamos de acuerdo al cien por ciento y hasta todavía más, también prometía lo que han usado como bandera los políticos de todos los países en todos los tiempos, hacer más con menos, mayor eficiencia en todas y cada una de las oficinas públicas, utilizando menos recursos de todo tipo, comenzando con personal, computadoras, viáticos, papelería, a todo le llegaría tremendo recorte, eso además de sustituir a la “mafia del poder”, que en este caso serían los burócratas de medio pelo para abajo, con gente afín a la cuarta transformación, aquellos famosos que fueran noventa por ciento leales y diez por ciento capaces.
Hablando de la administración pública federal, se comprometió a descentralizarla, a enviar dependencias gubernamentales a prácticamente todos los estados de la república, llevando algo del desarrollo a cada entidad federativa, y liberando de presiones a la ciudad de México. Esto tampoco era ninguna novedad, como tampoco lo es que, luego de cuatro años cumplidos del sexenio, casi nada se avanzó, siendo la gran duda el saber cuándo la estrategia se abandonó y las razones que hubo para lo que muchos burócratas percibían como poco menos que una sentencia de muerte. Otra de las grandes estrategias lopezobradoristas, fue el desmantelamiento de la estructura de delegaciones federales, a las que el presidente consideraba un poder en sí mismo, un costo oneroso y de poca efectividad para el desempeño de las funciones de cada área específica. Lo intentó hasta cierto punto, y de allí adelante no, simplemente era un riesgo enorme descabezar a dependencias como Gobernación, la FGR, el IMSS, el ISSSTE, Educación, Salud, el SAT, entre otras, dejando todo el poder en lo que se dio en llamar las superdelegaciones, que para colmo, se encargaban a un político afín más a sus intereses personales y grupales que a atender un volumen de trabajo que no se le había pedido antes a nadie.
El resultado fue que no hubo resultado, a los que tenían a cargo las delegaciones, se les despidió o se fueron por su propio pie, y los que por su conveniencia prefirieron quedarse, los dejaron como encargados de despacho, con la responsabilidad pero sin la remuneración ni el reconocimiento, así que ya sabrá las ganas que le echó cada quien. Dependencias de la administración pública cercanas a las necesidades de la gente, como PROFECO, CONDUSEF, las del ramo agrario, CONAGUA, o se redujeron o desaparecieron del mapa burocrático, trayendo como resultado vacíos en cuanto a la atención y solución de problemas muy específicos de la población. Y entre tanto, los superdelegados, encargados de llevar la administración pública a niveles de eficiencia nunca vistos, costando una fracción de lo que solía tener, mejor se dedicaron a la grilla, la propia y la de tener contento a su patrón allá en México, a quien lo único que le interesaba eran los resultados electorales, si estos eran buenos, carta blanca para seguir haciendo y deshaciendo, si eran malos, los sacaban para poner a otros que cumplieran esta única función.
Y es así como llegamos a 2022, aquí en Coahuila, cuando como sucedió en el Estado de México y en otras entidades que enfrentaban procesos electorales cercanos, y queriendo sacarle la vuelta a la cada vez más acuciosa ley en la materia, inventaron al figura de los comités de defensa de la cuarta transformación, para operar periféricamente la grilla, fuera para conservar el poder donde lo tenían, fuera para hacerse con él.
Desde el nombrecito tenía lo suyo de chocante, tomado de experiencias cubanas, chinas, rusas y venezolanas, había que defender… lo que no estaba bajo ataque, pero bueno, es el estilito de este sexenio, portarse como víctimas para que la gente vote por ellos, no por lo que traigan de oferta política, sino por hacerse los pobrecitos, voto de lástima para el lastimado, algo así.
Todos sabemos lo que ocurrió a finales del año pasado, para el día 12 de diciembre MORENA sucursal Coahuila tenía que dar a conocer los resultados de una supuesta encuesta para decidir quien sería el coordinador de defensa de la 4T en la entidad, después de un proceso que había funcionado en todos lados, a jalones y empujones, pero funcionado, el método de la encuesta terminó en Coahuila con un rompimiento. Ricardo Mejía Berdeja quería esa designación como paso previo a ser precandidato y luego candidato de MORENA, y resultó que los algoritmos, por decirlo sutilmente, favorecieron a Armando Guadiana Tijerina. Lo político no nos interesa de momento, sino lo administrativo, aquí mismo lo estuvimos preguntando y preguntando ¿qué está haciendo el coordinador de los comités de defensa de la cuarta transformación en Coahuila?, ¿cuántas reuniones ha realizado, cuántos comités municipales o regionales ha instalado, cuál es el plan y las estrategias?, obvio nunca nos contestaron, porque lo cierto es que esa figura, como la de superdelegado, como tantas otras en el actual sexenio, son puro aire caliente.
Sobre esto mismo, a la hora de poner quieto a Mejía Berdeja en sus pretensiones coahuileñas, el presidente lo designó su representante personal para los casos de AHMSA y Agua Saludable para la Laguna, aquí mismo lo preguntamos ¿qué ha hecho, qué avances tiene, cuántas veces se ha reunido el todavía subsecretario de seguridad con Alonso Ancira, con los acreedores, con los ejidatarios laguneros?, nada, nunca. Por la importancia de los mismos a escala regional, podían considerarse en sí mismos como defensa del gobierno federal, como apuntalamiento de la cuarta transformación, pero no hubo acción.
Con el enredo que se armó, MORENA obvió el trámite de tener precandidatos a la gubernatura y se decantó directo por nombrar su candidato, otra vez, Armando Guadiana Tijerina, quien ya desde esa posición y con esa responsabilidad electoral a cuestas, dejó de lado la defensa de la 4T en Coahuila, y aquí se nos ocurre preguntar ¿y… este… quién está defendiéndola en estos momentos aciagos?, como sabemos, al presidente no le ha ido nada bien con sus iniciativas, ni la reforma electoral, ni la de la guardia nacional, y es muy probable que le den para atrás a su paquete de reformas que el senado diligentemente le aprobó fuera de procedimiento, es ahora cuando requiere apoyo, defensa si usted quiere, y al menos aquí en Coahuila, esa chamba no la está haciendo nadie.
No hay coordinador, nunca lo hubo, no hay coordinación, no se planea, administra ni opera nada. El candidato a gobernador anda en lo suyo, los aspirantes a diputados igual, y la 4T con cara de perrito abandonado al que nadie le tierra un lazo, ni para adoptarlo, ni para estrangularlo.
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