Ciudad de México, 14/05/25 (Más).- Con la muerte de José “Pepe” Mujica, expresidente de Uruguay, ocurrida este martes a los 89 años, América Latina pierde una de sus voces más lúcidas y críticas frente al fenómeno del narcotráfico. En múltiples ocasiones, el exmandatario sostuvo que México es víctima directa del modelo global de combate a las drogas, y cuestionó de manera frontal la lógica que ha guiado esa estrategia.
“México pone los muertos y la lana queda en otro lado”, advirtió en 2016 durante su participación en la Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), realizada en la Ciudad de México. Para Mujica, el país arrastra las consecuencias de una guerra impuesta desde fuera, con consecuencias humanas devastadoras.
Mujica, quien falleció a causa de un cáncer de esófago, dedicó parte de sus últimos años a visibilizar la relación entre violencia, impunidad y crimen organizado. En sus intervenciones públicas insistió en que el enfoque prohibicionista ha fracasado y que los Estados deben tener el coraje de regular el mercado de drogas. “Hay que robarle el mercado al narcotráfico. Hay que regularlo y los Estados hacerse cargo”, dijo en entrevista con la periodista Carmen Aristegui en 2016.
En ese mismo diálogo, el expresidente responsabilizó directamente al consumo en Estados Unidos por la crisis en México. “Allá amontonan la lana y acá ponen los muertos”, afirmó. Propuso incluso que el problema de la droga en territorio mexicano podría reducirse drásticamente si el consumo en el país vecino desapareciera.
Durante su mandato (2010-2015), Mujica promovió en Uruguay la legalización del cannabis con control estatal, una medida que justificó como una forma de “estropear el mercado” al narcotráfico. “Medimos que el problema grave es el narcotráfico, no la marihuana”, explicó en una entrevista para CNN en 2012. Su gobierno implementó una regulación que abarcaba desde la producción hasta la venta al público.
Mujica consideraba que el fenómeno del narcotráfico no era únicamente un problema de seguridad pública, sino una señal de la descomposición social. “Con el narcotráfico se acabaron los valores. Es una degradación dentro de la degradación, con el lema: plata o plomo”, sostuvo.
En una anécdota que relató en la SIP, reveló que un militar le confesó: “No nos vayan a meter en una guerra contra el narcotráfico, porque lo que no resiste ningún ejército del mundo son los granadazos de 100 dólares”. Para Mujica, esa frase sintetizaba la fragilidad institucional frente al poder corruptor del crimen organizado.
El expresidente dejó claro que su crítica no era contra México, sino contra el sistema internacional que permite la existencia de ese negocio. “No es ya el problema del periodismo, es problema de la sociedad”, dijo al referirse al asesinato de periodistas en el país.
Mujica abogó siempre por “ensayar con prudencia otros caminos” frente a una guerra contra las drogas que, según sus propias palabras, ya está perdida. Su legado como dirigente austero, crítico y comprometido con las causas sociales permanece vigente, particularmente en un continente marcado por la violencia y la desigualdad.
“Estamos perdiendo la guerra con la droga”, declaró en 2012. Y con su partida, se apaga una voz que exigía no resignarse al fracaso.
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