LA CARRETERA DEL INFIERNO


Por Horacio Cárdenas

Estamos ante un típico caso del chavo de la secundaria o la chava de la preparatoria, que nunca se entera del apodo que tiene, ese que le viene, citando al ciudadano presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, como anillo al dedo, pero que es tan vergonzoso, tan certero, tan despectivo y tan mala onda, que ni sus peores enemigos se atreven a decírselo en su cara. De esos apodos de los que solo se entera el afectado cuando los escriben en las paredes de los baños de la escuela, o en esta época de las telecomunicaciones, que se lo mandan de manera anónima por redes sociales, que igual, por no ser afectos a leer cochinadas de las paredes o del Twitter o del Tik Tok, puede írsenos la vida sin enterarnos cómo nos dicen.
Todos hemos visto algún reportaje en la televisión, o leído en algún periódico que al ferrocarril que hace la ruta desde el sur del país hasta la frontera norte, no es que sea un solo convoy ni una sola ruta, sino que así le motejan a cualquiera y a todos en los que se suben, los migrantes le llaman “La Bestia”. Quien sabe si cambien las cosas con los proyectos calificados de faraónicos de la cuarta transformación, en tren maya y el corredor transístmico, y que los trenes que corran por esas vías sean realmente veloces, aunque sea para los estándares mexicanos, que son una décima parte o menos de lo que son los europeos o asiáticos. No se ha hablado de eso, pero dudamos que el Maya aspire a viajar a 400 kilómetros por hora, así sí que sería imposible que alguien quisiera subirse al techo cuando el convoy ya hubiera iniciado su marcha, o que pretendiera viajar entre las ruedas, o colgado entre los vagones.
Aunque fuera por eso, a La Bestia hay que reconocerle que es una bestia bastante mansa, sus pretensiones nunca han sido la velocidad, tampoco la seguridad, ya con completar la carrera se dan de santos, y si lo logran sin que ceda la vía ante el peso de la mole y ante el reblandecimiento de la tierra en que está asentada por efecto de las lluvias e inundaciones, pues día completo. Es un apodo injusto, y si hay algo que reclamar, no es al tren, que puede llevar mil migrantes ilegales, sino de los cuerpos de seguridad contratados por la empresa, que esos sí, son unos verdaderos demonios. Lo mismo, si alguien cae de lo alto del vagón en el que viaja de mosca, no es culpa del tren, sino de su impericia (¿a quien le enseñan a ir horas y más horas colgado?, ¿a quien le enseñan a hacerse un arnés para sostenerse?) o del cansancio, o de pleitos entre migrantes, o que meta mano el crimen organizado tratando de sacar raja, que siempre sacan.
Esto es para abrir boca sobre algo que nos topamos andando por las redes sociales, algo que no sabíamos nosotros, y probablemente desconozcan la mayoría de los ciudadanos coahuilenses y hasta las autoridades, en referencia a lo que decíamos al principio, de que de los apodos, somos siempre los últimos en enterarnos que los tenemos.
Resulta que por cierto gusto entre sano y malsano que tenemos por la caricatura, desde hace algún tiempo seguimos el trabajo de la página “¿Se lo explico con plastilina?”, que en Twitter alimenta Edgar H Álvarez, @altereddie. Álvarez es un auténtico artista colombiano, que sigue la tendencia de Pepe San acá por nuestros rumbos, y otros pocos, siempre serán pocos, que utilizan en vez de monitos dibujados, monitos elaborados con plastilina, a los que sabe dar una expresividad de primer orden, ah pero además, para no quedarnos en la parte de hacer monitos bonitos o simpáticos, está la parte editorial, lo que el recientemente fallecido Tomás Mojarro definía como editoriales gráficos, que con un monito y un mensaje, o a veces sin este último, logran transmitir una idea, una crítica, un postulado, con mayor efectividad que quienes tundimos teclas con el mismo objetivo.
Bueno, el caso es que en ¿Se lo explico con plastilina? Nos encontramos con un twit que dice Imagínese estar caminando con su familia, a 42 grados, durante días y noches ya que la migra le impide subirse a un carro o autobús, bajo pena de devolverlo a Guatemala. Esa es la realidad de los migrantes en la llamada “carretera del infierno” en el estado de Coahuila, México”…
¿Qué le parece?, la verdad a nosotros sí nos sorprendió enterarnos que entre la población flotante que integran los migrantes, a una parte del estado de Coahuila, de nuestro estado de Coahuila, donde mal que bien vivimos, sea conocido como eso, la carretera del infierno. Que un artista y periodista colombiano se haya hecho eco de la historia que cuenta un migrante guatemalteco, es que esto está de lo más difundido, y nosotros en la ignorancia absoluta.
Lo de los 42 grados… se queda corto, pero igual ¿Quién trae un termómetro para medir a cómo estamos… a pleno sol, muy por encima de lo que mide a la sombra?, y lo de la migra… nosotros le llamamos migra a los integrantes de la Border Patrol y otras corporaciones norteamericanas, y viene a resultar que la migra también es la nuestra, los agentes del Instituto Nacional de Migración, auxiliados o no por la Guardia Nacional, policías estatales o municipales, y hasta el ejército, si se lo topan por allí en algún lado.
Nosotros, ciudadanos mexicanos y coahuilenses, estamos acostumbrados a andar por las carreteras, caminos y calles con el sol cayendo a plomo, aliviándonos del calor con una cerveza de esas que quiere prohibir el presidente para que bebamos solo agua simple, que sacamos de la hielera nomás estirando la mano en la troca. Los 42 grados pueden ser 45 o 48 y cuando mucho nos amodorran, pero de allí no pasa. Pero para quienes vienen de ilegales, recorrer esos cientos de kilómetros entre Saltillo y Monclova, entre Monclova y Acuña o Piedras Negras sin el privilegio de poder treparse en un vehículo, y tener que hacerlo a pie… es un infierno en toda regla.
¿Quién sabe?, a lo mejor sirven para que se arrepientan y decidan acogerse a algún esquema de repatriación o visa humanitaria, a lo mejor también les sirve para prepararse del otro infierno, que es cruzando el Bravo, en otro desierto igual de inhóspito o tal vez todavía peor, a lo mejor también es el preludio de enfrentar las traicioneras aguas del Bravo, que tan solo en este año 2022 ha ocasionado la muerte de 197 migrantes ilegales… un infierno que deja chiquita cualquier pesadilla de Dante Alighieri.
Disculpe, se que no se debe hacer, revelar el apodo, pero para muchos, ese es, Coahuila es la carretera del Infierno, y nosotros vivimos aquí, a lo mejor sería más tranquilizador no haberlo sabido, pero es así.


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