Por Horacio Cárdenas Zardoni
Pues no, 2025 no es año político, en cuanto que en este año no hay elecciones, conforme a la reorganización que se ha venido haciendo desde hace algún tiempo de los calendarios electorales, pero tampoco es como que solo por eso la escena política nacional y estatal estén en santa paz, lo cual sería muy bienvenido por la sociedad, que estaríamos más que contentos con que no nos estuvieran preocupando con sus cosas, ya con que nos dejaran trabajar, nos daríamos más que de santos.
Pero quienes vivimos en este país tenemos perfectamente claro que todos los años son políticos, el hecho de que no haya elección programada para el futuro inmediato, no significa que las fuerzas vivas de cada partido, es más, que los individuos que ni partido tienen, anden alborotados con la posibilidad de participar en el siguiente proceso electoral, capaz que ahora sí les hace justicia la revolución, o lo que es más probable, que andan picando piedra para que la revolución, sobre todo la que tiene que ver con los presupuestos públicos los siga tratando bien, o mejor, que ¿Quién se conforma con lo que tiene, pudiendo aspirar a más?
Bien dicen que en el momento preciso en el que un funcionario público toma posesión de su cargo, ya están pensando sus amigos, sus enemigos, y los que no son ni una ni otra cosa, en quién será su más probable sucesor, aunque el análisis no deja de estar siempre sesgado, pues se ponen ellos como primeros en la lista de posibles, y claro, llevando ventaja sobre sus eventuales contrincantes.
Por eso es que desde hace ya algunos meses se ha venido hablando de la posible conformación de una alianza de la izquierda para contender en la elección intermedia, la del 2027, en que se renovará en Coahuila el congreso del estado, aquí en lo local, y en la misma fecha en que se renovará el congreso de la Unión.
Cabe recordar lo ocurrido en la elección estatal pasada, en la que la alianza que había servido bastante bien para alcanzar y consolidar el poder bajo la guía, o mejor dicho el control estricto de Andrés Manuel López Obrador, sufrió una serie de complicaciones para determinar al candidato a la gubernatura del estado de Coahuila, que finalmente recayó en el entonces senador de la república Armando Guadiana Tijerina, hoy fallecido.
Realmente es difícil predecir lo que hubiera ocurrido si no le hubiera brincado Ricardo Mejía Berdeja a Guadiana para disputarle la candidatura de MORENA. Hasta entonces Mejía había tenido una posición envidiable en el gabinete de López Obrador, pero vaya a saber si fue su ambición, su miedo de no alcanzar a brincar el sexenio sin tener una posición política segura, su ego, o lo que fuera, el caso es que sacrificó lo más por lo menos, el hueso de subsecretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, por una insegura candidatura y un todavía menos cierto triunfo en la elección.
Sin el factor Mejía ¿Armando Guadiana hubiera logrado derrotar a Manolo Jiménez, candidato de la alianza PRI, PAN y PRD?, es imposible saberlo, pero capaz que sumando los votos del Verde, del PT y los propios de MORENA lograban una votación más parejera. No ocurrió y para MORENA aquello fue un verdadero debacle, y tanto que todo el mundo dijo que el que había salido ganando fue el Partido del Trabajo, que acogió como candidato a Mejía Berdeja, lo cual luego le costó una desconocida y un regaño a la dirigencia nacional, a la que se le había hecho fácil contradecir las señales y los deseos del presidente López Obrador.
Pero eso fue entonces, ahora lo que están en juego, hablando de lo local, son las diputaciones al congreso del estado, y la oposición siente que si no es en macolla, poco podrá hacer contra el Revolucionario Institucional y del PAN, ya que con el PRD ya no se puede contar, luego de su prematuro deceso.
¿Cuánto tiempo tiene comenzaron a explorar lo de una posible alianza?, pues nos imaginamos que en la mesa donde se analiza esa clase de cosas, no aquí, sino en Palacio Nacional, ya ha de tener medio año o más, la valoración de los pros y los contras, de una posible coalición. De por sí que la coalición que llevó a Claudia Sheinbaum a la presidencia no está hoy tan firme como uno pudiera o quisiera suponer, comenzando por ellos mismos.
Con eso de que a la presidenta no le agrada que los políticos le hereden los puestos y las candidaturas a sus familiares directos, los partidos satélite e incluso en MORENA se ha venido dando una rebelión no tan silenciosa contra esa idea presidencial, que quería incluso ver ya implantada para el 2027, y que lograron sacarle la vuelta hasta el 2030, en una traición que dudo que les haya perdonado. El Partido Verde tiene intereses muy firmes en San Luis Potosí, y el PT es una franquicia de cuates y familiares que son ellos mismos y nadie más, hay amenaza de que pudieran contender solos, cada uno por su lado, y que gane el mejor…
En Coahuila el problema no es tan así, pero sí está el factor discordante de ¿qué hacer con Ricardo Mejía Berdeja?, para todos los efectos, él se fue de MORENA por su propio pie, alegando traición y siendo tenido por traidor al partido y a la causa, además de anunciarse como el verdadero representante de la 4T, patente de López Obrador y los suyos, nada de lo cual cayó bien a quien decide las cosas electorales. ¿Le dejarán meter mano a Mejía Berdeja en la selección de candidatos, en el caso de una alianza, lo tendrán amarrado y amordazado, sabedores que es el proverbial chivo en la proverbial cristalería? Que tampoco es cosa simple, como dizque mandamás del PT en Coahuila capaz que logra dinamitar una alianza, de por sí que el Verde también quiere volar solo con sus alitas de tucán… ¿entonces qué, hay alianza o no la hay?, con tantos asegunes, seguro no hay nada, y más leña que le van a arrimar los de adentro.
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