Ciudad de México, 08/07/26 (Más).- La relación de los gobiernos de la Cuarta Transformación con administraciones de derecha en América Latina ha estado marcada por desencuentros diplomáticos, diferencias ideológicas e incluso rompimientos de relaciones.
A los conflictos con Ecuador y Perú, así como al enfriamiento de los vínculos con Argentina y las diferencias con El Salvador, se sumó este miércoles la decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de mantener sin cambios la postura de México frente al Gobierno peruano.
De acuerdo con información de EFE, la mandataria descartó, por ahora, un restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Perú al señalar que no ha sostenido comunicación con Keiko Fujimori, presidenta electa de ese país, y reiteró que el Gobierno mexicano mantiene su posición de que el expresidente Pedro Castillo permanece encarcelado de manera ilegal.
Sheinbaum recordó que fue Lima quien decidió romper relaciones con México tras las diferencias surgidas por la postura del Gobierno mexicano frente a la crisis política peruana.

Durante su conferencia matutina, la titular del Ejecutivo sostuvo que la posición de México ha sido únicamente declarativa y aseguró que no responde a una afinidad política, sino a la interpretación jurídica que hace su administración sobre el proceso que derivó en la destitución y encarcelamiento de Castillo.
Afirmó que, desde la perspectiva del Gobierno mexicano, el procedimiento seguido en el Congreso peruano no cumplió con los requisitos legales necesarios.
La presidenta también informó que una persona permanece resguardada en la embajada mexicana en Lima, cuya representación diplomática quedó bajo la protección de Brasil tras la ruptura de relaciones entre ambos países y explicó que esa persona continúa en espera de un salvoconducto para viajar a México.
Las declaraciones de Sheinbaum ocurrieron después de que Keiko Fujimori expresara su disposición para fortalecer los vínculos con México y señalara que los lazos históricos entre ambas naciones deben estar por encima de las diferencias políticas. Sin embargo, la mandataria mexicana evitó anticipar un cambio en la relación bilateral y afirmó que esperará la evolución de los acontecimientos.
Aunque la relación con Perú volvió a ocupar el centro de la agenda diplomática, este caso se suma a una serie de diferencias que la Cuarta Transformación ha mantenido con diversos gobiernos de derecha de la región, algunos de los cuales han derivado en crisis diplomáticas, mientras que otros se han traducido en un evidente distanciamiento político.
Ecuador: la ruptura más profunda
El conflicto diplomático más severo ocurrió con Ecuador en abril de 2024, cuando fuerzas policiales de ese país ingresaron a la embajada de México en Quito para detener al exvicepresidente Jorge Glas, quien había recibido asilo diplomático del Gobierno mexicano.

La administración del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador calificó el operativo como una violación al derecho internacional y rompió relaciones diplomáticas con el Gobierno de Daniel Noboa. Además, México presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia por la irrupción en su sede diplomática.
Hasta ahora las relaciones permanecen suspendidas y, pese a algunos contactos consulares, ambos gobiernos mantienen posiciones irreconciliables sobre los hechos ocurridos en la capital ecuatoriana.
Colombia: cautela ante el nuevo gobierno
La relación entre México y Colombia, que durante el gobierno de Gustavo Petro estuvo marcada por una estrecha afinidad política con la Cuarta Transformación, entró en una etapa de incertidumbre tras la elección del nuevo presidente colombiano.

Luego de los comicios, la presidenta Claudia Sheinbaum evitó reconocer de inmediato el triunfo del mandatario electo y señaló que esperaría la conclusión de los procedimientos legales y la validación oficial de los resultados antes de emitir un posicionamiento definitivo, en un contexto de cuestionamientos y recursos promovidos por distintos actores políticos.
La postura fue interpretada como un contraste con el respaldo que el Gobierno mexicano había mantenido hacia la administración de Petro y reflejó la cautela de la diplomacia mexicana frente al cambio de signo político en uno de sus principales aliados en América Latina.
Aunque ambos países mantienen una amplia relación comercial y de cooperación, la transición abrió un nuevo capítulo en los vínculos bilaterales.
Perú: una crisis que continúa
Las diferencias entre México y Perú comenzaron tras la destitución y detención de Pedro Castillo en diciembre de 2022. El Gobierno de López Obrador cuestionó la legitimidad del proceso y mantuvo una defensa política del exmandatario, postura que fue retomada por Claudia Sheinbaum.

Posteriormente, la concesión de asilo político a la exprimera ministra Betssy Chávez profundizó el conflicto, hasta que el Gobierno peruano decidió romper relaciones diplomáticas con México en noviembre de 2025.
Aunque ambos países siguen participando en mecanismos regionales como la Alianza del Pacífico, el diálogo político permanece suspendido y el eventual restablecimiento de las relaciones dependerá de la voluntad de ambas administraciones.
Argentina: distancia sin ruptura
La llegada de Javier Milei a la Presidencia de Argentina abrió un periodo de desencuentros entre ambos gobiernos. Desde la campaña presidencial, el mandatario argentino lanzó críticas contra Andrés Manuel López Obrador y posteriormente también cuestionó al proyecto político de la Cuarta Transformación.

Las diferencias ideológicas derivaron en intercambios de declaraciones entre ambos gobiernos y en un claro enfriamiento de la relación política, aunque sin llegar a una ruptura diplomática.
Pese a ello, México y Argentina mantienen abiertas sus embajadas, continúan el intercambio comercial y colaboran en diversos organismos multilaterales.
El Salvador: cooperación con reservas
La relación entre México y El Salvador también ha registrado diferencias durante la administración de Nayib Bukele, particularmente por las críticas internacionales relacionadas con derechos humanos, el estado de excepción y la concentración del poder.

Aunque el Gobierno mexicano ha evitado confrontaciones abiertas con San Salvador, ambos países han mantenido posiciones distintas en algunos temas vinculados con democracia y libertades civiles, privilegiando una relación pragmática por encima de las coincidencias ideológicas.
A pesar de ello, la cooperación bilateral continúa en materia migratoria, seguridad fronteriza, combate al crimen organizado y programas de desarrollo para Centroamérica, ámbitos considerados estratégicos para ambos gobiernos.
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