Pasadena, California, Estados Unidos, 10/10/26 (Más).- El sismólogo japonés Hiroo Kanamori, considerado uno de los científicos más destacados en el estudio de los terremotos, revolucionó la manera de medir la magnitud de los movimientos sísmicos y contribuyó al desarrollo de sistemas de alerta temprana que permiten reducir riesgos para millones de personas.
A sus 90 años, el investigador y profesor emérito del Instituto de Tecnología de California (Caltech) continúa dedicado a comprender los fenómenos naturales y a encontrar mecanismos que disminuyan sus consecuencias sobre la población.
De acuerdo con información publicada por BBC, Kanamori desarrolló en 1977 la escala de magnitud de momento, actualmente utilizada para determinar el tamaño de los terremotos, especialmente los de mayor potencia. Su trabajo fue ampliado en 1979 junto con el científico estadounidense Thomas Hanks y permitió superar las limitaciones de la escala de Richter, creada en 1935, que no lograba representar adecuadamente la magnitud de los sismos más intensos.
La principal innovación del investigador japonés consistió en utilizar el momento sísmico, un concepto que considera la superficie de la falla geológica que se rompe, el desplazamiento de los bloques de roca y la rigidez del material involucrado. Estos elementos permiten calcular con mayor precisión la dimensión de un terremoto y comprender mejor la energía liberada durante el movimiento de las placas tectónicas.
Gracias a esta metodología fue posible determinar correctamente la magnitud de grandes terremotos históricos, como el ocurrido en Valdivia, Chile, en 1960, que alcanzó 9.5 y permanece como el más potente registrado instrumentalmente. Kanamori explicó que una de las ventajas de su escala es la posibilidad de obtener resultados precisos mediante tecnologías modernas, generalmente en menos de una hora después del evento.
El interés de Kanamori por la ciencia comenzó durante su infancia en Japón, marcada por las dificultades de la Segunda Guerra Mundial. Ante la falta de materiales escolares, acostumbraba recoger piezas entre los escombros para construir pequeños motores. Posteriormente, una visita a las montañas nevadas de Nagano despertó su curiosidad por comprender la formación del paisaje y los procesos naturales que transforman la Tierra.
Esa inquietud lo llevó a estudiar geofísica y a desarrollar una carrera que inicialmente estuvo enfocada en comprender las ondas sísmicas. Sin embargo, las tragedias provocadas por grandes terremotos lo convencieron de orientar parte de sus investigaciones hacia la protección de las personas y la creación de tecnologías que permitieran anticipar los efectos de los movimientos telúricos.
Durante la década de 1980 colaboró con especialistas del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) en el desarrollo de algoritmos capaces de analizar los primeros segundos de información de un terremoto y calcular rápidamente su magnitud. Estos avances contribuyeron a la creación de sistemas de alerta temprana que actualmente funcionan en California y otros lugares del mundo, con aplicaciones semejantes en países como Japón y México.

Los sistemas permiten transmitir advertencias antes de que las ondas sísmicas más intensas lleguen a determinadas localidades. Aunque la anticipación puede ser de pocos segundos, ese tiempo resulta importante para detener trenes, activar mecanismos de seguridad en ascensores, interrumpir operaciones delicadas y permitir que la población adopte medidas de protección.
En entrevista con BBC Mundo, el sismólogo colombiano Luis Rivera, profesor de la Universidad de Estrasburgo y colaborador cercano de Kanamori, destacó que el investigador japonés ha participado tanto en el desarrollo de modelos teóricos como en la elaboración directa de programas informáticos. Ambos científicos desarrollaron un algoritmo para calcular rápidamente la magnitud de terremotos a partir de determinadas ondas sísmicas, posteriormente adoptado por el USGS y el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico.
A pesar de los avances tecnológicos, Kanamori reconoce que todavía no es posible predecir con precisión cuándo y dónde ocurrirá un terremoto. Explicó que los movimientos sísmicos dependen de numerosos factores que determinan si una ruptura pequeña se detiene o se convierte en un evento de grandes dimensiones, por lo que la investigación debe concentrarse también en mejorar la prevención y los mecanismos de respuesta.
Entre las principales medidas que recomienda se encuentran fortalecer las normas de construcción, mejorar la infraestructura, realizar estudios después de cada terremoto y perfeccionar los sistemas de alerta. También considera indispensable establecer una colaboración permanente entre autoridades, universidades y empresas para desarrollar estrategias que permitan reducir la vulnerabilidad de las comunidades.
Después de más de medio siglo de actividad académica en Caltech, Kanamori continúa realizando investigaciones y compartiendo conocimientos con nuevas generaciones de científicos. Rivera lo describe como un especialista de extraordinaria capacidad, cuyas aportaciones abarcan desde el funcionamiento de los instrumentos hasta los modelos matemáticos utilizados para comprender los terremotos.
Para Kanamori, el conocimiento científico debe mantener una relación directa con las necesidades humanas. Aunque reconoce que la naturaleza todavía plantea numerosos enigmas, considera que su trabajo tiene un propósito que trasciende los descubrimientos académicos. “Mi ciencia consiste en aprender de la naturaleza”, afirmó a BBC Mundo, antes de resumir la motivación que ha guiado buena parte de su trayectoria: “En cualquier caso, mi verdadero deseo es minimizar todo lo posible el sufrimiento causado por terremotos”.
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