
Por Horacio Cárdenas Zardoni
Nosotros, como tantos mexicanos, no nos sorprendimos con aquellas primeras fotografías de una persona con saco y corbata, pero que también portaba falda y zapatos de tacón, además de verse maquillado y con el cabello envaselinado, o como sea que se diga en estos tiempos, porque hasta el corrector del Word de Microsoft nos dice que está mal.
Digo, hemos visto tantas cosas, fotografías de otros países donde la libertad de manifestar su preferencia sexual está más avanzada que en México, recurrentemente todos los meses de junio vemos imágenes y videos de los desfiles del orgullo LGBT y demás letras del abecedario, con gente arreglada como le da su regalada gana, y a veces como no le da, porque como muchos de sus críticos lo manifiestan, solo andan así ese día, el resto del año son mucho más recatados. La diferencia es que Ociel posaba para sus fotografías junto a una bandera de México, en oficinas públicas en México, y fue entonces que, como tantos, comenzamos a parar la oreja de qué podría tratarse el asunto.
Jesús Ociel Baena Saucedo fue noticia en diversos ámbitos. La verdad, siendo de acá de Saltillo, estudiante y egresado de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, no lo ubicamos. Dicen algunos que lo conocieron, que era un estudiante brillante, muy dedicado y comprometido con sus estudios, sobre si sus preferencias, no vamos a decir sexuales, que eso era muy onda suya como lo es la de cada quien, sino sus gustos para vestirse con ropa femenina en público, en actos sociales o académicos, de eso no nos hemos enterado de nada.
Luego lo ubicamos como magistrado, magistrade como insistía en que se le denominara por no ajustarse a la caracterización de los pronombres masculino y femenino, en el Tribunal Electoral del Estado de Aguascalientes. Como le consta a todo el que haya intentado encontrar empleo en el sistema electoral mexicano, no es nada sencillo. Será que hay gente que corre con más suerte que otra, que tiene más relaciones que otra, que llega en el momento adecuado, que lo que usted guste y mande, pero lo cierto es que muchos mexicanos, con necesidad de un empleo más que espíritu de sacrificarse por la democracia, son los que acuden a buscar chamba en el INE, en los Institutos de los estados, en los tribunales, y son muy pocos los que logran colocarse. Ah, y una cosa es colocarse… y otra llegar a magistrado, además siendo tan joven como lo era Ociel Baena.
Todos conocemos la historia después, Ociel fue la primera persona en recibir un pasaporte no binario, de manos ni más ni menos que de Marcelo Ebrard, cuando era secretario de relaciones exteriores. Abogade que era, doctore en derecho para más abondamiento, se las arregló para doblar la burocracia de la cancillería, algo que definitivamente no es poca cosa, ni en este país ni en el mundo. De más de una manera Baena se las ingenió para convertirse en una figura, probablemente la más relevante de la comunidad LGBT en México, sin que podamos decir si lo buscó o lo deseó, si fue algo que simplemente ocurrió, o como suele ocurrir, alguien más decidió por el(le).
Porque efectivamente había habido muchos y muchas integrantes de la comunidad LGBT, pero que cumplían la ley no escrita de mantener sus preferencias bien guardadas en el closet, en su closet. En el medio artístico, en muy pocas artes y oficios, medio podían manifestarse, como empleados y directivos de cualquier empresa u organización, definitivamente no, por no hablar de las fuerzas armadas y su regla de expulsar inmediatamente a quien se declarara abiertamente homosexual. En su tiempo libre, ponga que se les tolerara, pero en horario y sitio de trabajo, no.
Y de repente el sistema, o la sociedad, o el gobierno, o alguien decide que ya está suficientemente maduro México como para que haya une magistrade electoral, ¿o quien sabe? Si no hubiera muerto Ociel Baena, ¿qué posiciones políticas o burocráticas habría alcanzado?
Eso en cuanto a su historia ahora convertida en caso policiaco, porque al menos hasta el momento de teclear estas líneas, el asunto se ha enfriado bastante, buscamos y no hallamos una conclusión del mismo por parte de la Fiscalía del Estado de Aguascalientes, algo que se le debe a su persona, como a todas las víctimas de… lo que sea que haya sido, homicidio, suicidio homicidio, lo que sea.
Y ahora en cuanto a lo otro… ¿Quién va a ocupar su lugar? Según una nota de la BBC, Ociel llegó a la magistratura respondiendo a una convocatoria del Tribunal Electoral del estado de Aguascalientes destinada a ocupar dos plazas… de mujeres. Ya sabe, la consabida y hoy aceptada paridad de género, pero ¿y para los que no cuadran, no se sienten, no embonan ni con el género masculino ni con el femenino, qué? Sin abundar terminó lográndolo, Ociel Baena se convirtió en el primer magistrade del país, ¿pero ante su ausencia, y aunque estuviera, qué sigue?
No es que andemos peinando las nóminas oficiales para ver qué personas no binarias, homosexuales, queer o lo que sean, van escalando posiciones de poder, aunque viéndolo bien, sería una investigación periodística y sociológica bastante interesante, pero no vemos así a botepronto alguien o varios alguienes siguiendo los pasos y superando lo logrado por el paisane.
Sabemos que en otros países, concretamente en Argentina, ya hay un ordenamiento que señala que el 5% de los puestos de trabajo, en todos lados, de la empresa pública, gobierno, donde sea, deben otorgarse a personas trans, así agrupado genéricamente. Que si es poco o es mucho, si se cumple o todavía no, eso es otro cuento, pero por lo menos ya hay legislación. ¿Y aquí en México? ¿vamos a seguir concediendo migajas a los grupos minoritarios, que además no son tanto? ¿las cuotas de poder, ahora paritarias, se van a quedar en lo que no es paritario? Nos imaginamos que la plaza de Ociel sigue vacante ¿Quién la va a llenar?
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
