Por Zitamar Arellano Trueba
Saltillo, Coahuila, 27/05/26 (Más).- En la céntrica calle Francisco Javier Mina, las aguas negras, incluso con restos fecales visibles y malolientes, corren por el pavimento de manera rutinaria mientras los vecinos sostienen una insistente, pero infructuosa lucha con el Municipio y la indebida conducta de un funcionario para que atienda este y otros problemas que convierten la angosta y antigua vialidad en una cotidianidad insufrible.
César Valerio, empresario saltillense dedicado al desarrollo de software y vecino del sector, denunció que el problema sanitario se ha vuelto parte de la vida diaria de quienes habitan o transitan por esa calle del centro de Saltillo, sin que hasta ahora exista una solución de fondo por parte de las autoridades municipales.
De acuerdo con su relato, el drenaje y las condiciones físicas de la vialidad han sido reportados en distintas ocasiones, pero la respuesta institucional ha sido insuficiente.
Valerio sostuvo que, lejos de resolver el problema, las intervenciones realizadas han sido apenas superficiales.
“No resolvió ningún problema, solo parcheó para que se calle ella (su pareja, vecina del lugar, beneficiaria de ese pequeño arreglo)”, señaló el joven empresario, al referirse a una simple acción insuficiente atribuida al área municipal involucrada en la atención del sector.


La denuncia no se limita al brote de aguas negras. Valerio también acusó que el arreglo de la calle habría sido condicionado, de manera indebida, a que su pareja, de 25 años, realizara servicio social, prácticas profesionales o trabajo voluntario no remunerado con Roberto Rojas Oyervides, director de Distrito Centro del Municipio de Saltillo.
Según Valerio, el planteamiento resultaba irregular porque la atención a una necesidad básica de los vecinos, como el drenaje, la limpieza y la reparación de la calle, no tendría por qué depender de que una persona aceptara colaborar con un funcionario municipal.
“Si tú quieres hacer prácticas en algún lugar, es porque tú quieres practicar ahí, porque de ti nace; no de una necesidad básica que estás buscando resolver”, expresó Valerio, al explicar la inconformidad que le generó la situación.
El empresario consideró que, en los hechos, la propuesta equivalía a presionar a su pareja para trabajar sin paga bajo la etiqueta de servicio social o prácticas profesionales, a cambio de impulsar la solución de un problema público.
Valerio dijo que su pareja ha visto la situación con buena fe, bajo la idea de que aceptar esa colaboración podría servir para resolver el problema de la calle y beneficiar a los vecinos. Sin embargo, él advirtió que precisamente ahí observa un posible acto de coerción.
“Ella dice: ‘Yo lo estoy haciendo por mi calle, por esta gente, porque quiero que tengan drenaje’. Yo le digo: ‘ahí es donde está la coerción’”, relató.
Además, cuestionó que el funcionario buscara involucrar directamente a su pareja en actividades laborales o de apoyo dentro de su área, en lugar de resolver por los cauces institucionales los reportes vecinales sobre el deterioro de la calle. Sobre esto, afirmó que solicitudes de apoyo municipal se hicieron desde 2002 y es fecha que siguen situaciones de inseguridad, baches, postes a punto de colapsar y el más grave, las aguas negras sobre el pavimento.
El vecino afirmó que la situación resulta todavía más grave porque se trata de una zona céntrica de Saltillo, donde el Municipio ha promovido programas de embellecimiento, mejoramiento de banquetas, fachadas, registros y espacios públicos, mientras en calles como Mina persisten problemas elementales de salubridad. En 2007 fue la última vez que el gobierno municipal intervino en la calle para arreglar banquetas, en un programa donde los vecinos costearon la mitad de la obra.
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