HUNDAN AL BISMARCK (Y AL BLACK HAWK)  

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Hundan al Bismarck, se llamaba un capítulo de aquellos que fueron famosísimos libros de Historia de la Segunda Guerra Mundial, editados por Reader’s Digest en tres tomos a todo lujo. S’n publicaciones de época, en montón de casas había esa colección, y en ellos muchos de nosotros de aquella generación, crecimos, o leyéndolos de cabo a rabo, o de perdida hojeándolos.

Pues bien, Hundan al Bismarck es el capítulo dedicado a una de las miles, si no es que millones de historias de batallas que en conjunto constituyeron aquella guerra, la cual, no podía ser de otra forma, también llevó la idílica misión de ser “la guerra para acabar con todas las guerras”, promesa que pese a los sesenta millones de muertos que dejó, quedó sin cumplir.

El capítulo hace referencia a una frase pronunciada por el primer ministro de la Gran Bretaña de ese entonces, Winston Churchill, quien dirigió el esfuerzo de los ingleses para contener la amenaza alemana contra las Islas Británicas. Habiendo sido, antes de ser electo Prime Minister,  Primer Lord del Almirantazgo, Churchill sabía el valor y el peso específico de cada batalla, saber elegir cuales ganar y cuales perder, cuanto ceder y cuando aplicarse, para que al final, fueran ellos los que ganaran la guerra, como finalmente ocurrió.

La historia es más o menos esta, sin consultar Wikipedia, sino solo de memoria, con todo lo que eso implica, la Marina de Guerra alemana, la Kriegsmarine, se empeñó, junto con las otras armas del gobierno de Adolfo Hitler, en la modernización, teniendo como meta convertirse en el curso de muy pocos años, en las fuerzas armadas más poderosas del planeta, al cual pretendían dominar. Pues bien, la Marina de Guerra dedicó gran cantidad de recursos económicos, técnicos y de todo tipo al diseño y la construcción de lo que se presumió en su momento como el acorazado más rápido, mejor armado y más efectivo del mundo, uno capaz de superar a cualquier otro navío de combate que tuvieran los Aliados, o quien fuera.

Nunca lo hubiera hecho. Habiendo sido marino, marino en la Armada que durante siglos dominó los océanos del planeta,  Churchill se lo tomó personal: ¿Ah, es un navío invencible?, pues húndanlo. Y así fue como se montó una operación naval, más destinada a golpear a los presumidos nazis en su amor propio, que porque realmente un barco fuera a hacer la diferencia en la guerra. En el libro del Reader’s Digest no se ocupan de minucias como los costos de una operación de este tipo, pero sí lo califican como un triunfo de la estrategia militar inglesa.

Si no recordamos mal, fue en su viaje inaugural en que, habiéndose enterado los ingleses de por dónde andaba el Bismarck, enviaron una fuerza de varias naves, lo mejorcito de su flota, sin las pretensiones del armamento o la velocidad de desplazamiento del alemán, para cazarlo. Y así empezó aquello, le dieron caza por medio océano hasta que luego de una batalla en el Atlántico Norte, lograron hundirlo. A pique se fue la nave más moderna de la Kriegsmarine, los tripulantes que todavía quedaban vivos, y el orgullo tanto de la marina como de la industria militar alemana. Hasta aquí la clase de historia no solicitada, que sin embargo nos sirve de antecedente a lo que estamos presenciando en estos momentos en la estrategia de seguridad pública del vecino estado de Nuevo León, que por fuerza nos afecta a los coahuilenses.

Lo había anunciado hace tiempo el gobernador Samuel García Sepúlveda, y la idea se nos hizo tan peregrina, que lo tomamos como una vacilada de esas que nos suelen recetar los políticos de todas las filiaciones, cuando quieren quedar bien con la población, pensando que con una acción demagógica, de puro relumbrón, con eso ya se resuelven los problemas de fondo, y pueden seguir haciendo como que hacen, sin avanzar prácticamente nada, si no es que empeorando todavía más las cosas.

Resulta que a Samuel se le ocurrió que debía comprar un helicóptero Sikorski, específicamente el modelo Black Hawk, una de los más sofisticadas aeronaves que se pueden ver en escenarios de guerra en todo el mundo, donde hay suficiente dinero como para ponerlas en juego, y muy, pero muy esporádicamente, en labores de salvamento, rescate, combate de incendios o de seguridad pública. Salvo que se solicite al fabricante una configuración más bien de orden civil, las versiones que se comercializan de línea son eminentemente militares.

Ni lo habíamos vuelto a comentar, no fuera que se fuera a acordar Samuel de su intención, y tómala, que la semana pasada volvió la burra al maíz, diciendo el gobernador del estado vecino que sigue firme en su intención de comprar un Black Hawk, para dedicarlo a las tareas de combate al crimen organizado en el territorio estatal, particularmente en la zona fronteriza, que es donde más calientes se han puesto las cosas en los últimos tiempos… es un decir, porque calientes están no de ahorita sino de años, pero de momento le toca a él atender la situación, ¿y qué mejor que con un aparato que será difícil encontrar alguien que no lo haya visto en películas, series o videojuegos.

¿Y qué cree que vaya a ocurrir cuando el gobierno neoleonés reciba su nuevo juguete?, pues según nosotros no es descabellado esperar que suceda lo mismo que con el Bismarck de la Marina de Guerra alemana al principio de la Segunda Guerra Mundial, que se convierta en el objetivo de elección de las bandas criminales, de los anarquistas y hasta de los pandilleros de barriada.

¿Exageramos?, la verdad es que no. En este momento quien detenta el récord es el Cártel Jalisco Nueva Generación, que en el mes de mayo de 2015 lograron lo nunca visto ni pensado, derribar un helicóptero Cougar del Ejército Mexicano, en el cual viajaban 16 militares y dos elementos de la entonces Policía Federal, de los cuales solo 3 fallecieron, al ser rescatados por fuerzas militares cuando se enfrentaron a gente del cártel que pretendía rematar a los caídos. Según datos que se conocieron después, los narcotraficantes usaron un RPG, un lanzacohetes de fabricación soviética para derribar la nave.

También hay la sospecha, no confirmada y guardada bajo siete llaves por razones de seguridad nacional, de que durante el operativo para detener a Rafael Caro Quintero también tumbaron un helicóptero, pero la versión oficial es de que fue un accidente… ¿curioso, no?

Pues no le extrañe que de nomás llegue, como con la necedad del desplante de incursionar en Coahuila a plena luz del día y enfrente de las fuerzas de seguridad, no haya halcón, sicario, jefe de plaza, capo, que no quiera colgarse la medallita de haber derribado al Black Hawk de Samuel. Se van a dedicar a ello como si se tratara de un juego, que al final eso es lo que es, y el que gane, se ganará que le hagan un corrido tumbado, su bioserie o algo así. Todo por andar de presumido. Claro que se puede gastar, invertir en equipo, sofisticado y convencional, para combatir el crimen, pero comprar un juguete, que “los malosos” van a convertir en misión existencial romperle, no viene al caso. Por lo pronto no se sorprenda ver pasar por allí un impresionante Black Hawk, con rumbo a su último viaje, pues los narcos andarán por él, con que no nos caiga encima, nos damos de santos.


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