Apuntes para el insomnio
Manuel Fragoso Álvarez
He de decir que tengo la fortuna de contar con muchos buenos amigos, y ellos son de distintas religiones, partidos políticos, con diferentes gustos musicales o preferencias sexuales, pero nunca nos ponemos a discutir fuerte por ninguna de esas cuestiones, bromeamos acerca de ello, o hacemos referencia a algún hecho, pero no peleamos porque primero que otras cosas hay un respeto a la persona y a la amistad.
Pero hace poco hablábamos acerca de algunas cosas que a mí en lo personal me parecían fuera de toda lógica, una persona transexual, demandó a un médico ginecólogo porque no aceptó revisarlo, (revisarla, reviserle). Y se llegó incluso a “amonestar” al médico porque no quiso ofrecer disculpas públicas a esa persona por no haberle querido consultar.
Un padre de familia es Funado (así se dice ahora en internet cuando alguien es expuesto o denunciado ante esas turbas invisibles que pululan por las redes) porque su pequeña hija de 7 años está en el baño de mujeres y una persona, vestida de mujer, va a entrar y el señor no lo deja, le dice que se espera a que salga su hija, pero él no acepta, dice ser una mujer trans, chilla, se queja y lo graba, “porque va en contra de todos sus derechos”.
Un señor, dueño de una reparadora de calzado, le pide el recibo a una persona que pretende recoger sus zapatos, pero comete el “gravísimo” error, de llamarlo él en lugar de ella, la persona le dice que no le diga de “cosas” y le dice que lo va a “quemar” en redes para que nadie vaya a su “pinche” negocio. El señor en todo momento lo trató con respeto, sólo se negó a hablarle de “ella”. Esto se hizo viral y el que quedó bien fue el zapatero, porque nunca trató mal al cliente.
Una persona trans, acusa ante un juez a un hombre de transfobia porque a la segunda cita el joven se dio cuenta de que no era una “mujer biológica” y ya no quiso nada con ella. Este tipo de acusaciones -según la ley”- se da al rechazar a una mujer trans cuando la motivación del rechazo se basa en prejuicios, estigmas o aversión hacia la identidad de género, ¿Pero por qué no pueden pensar que el rechazo es una simple falta de atracción o una preferencia personal e íntima y no homofóbica?
El debate surge al chocar dos posturas muy distintas sobre lo que significa el rechazo, los hombres heterosexuales suelen argumentar que la atracción sexual se basa en características biológicas o genitales específicas, por lo que su negativa responde a una preferencia válida y no a un odio hacia las personas trans. El origen del rechazo según los activistas es que, en muchos casos, el rechazo no se origina por falta de química, sino por el estigma social. Si un hombre rechaza a una mujer trans debido a la presión social, el miedo a ser juzgado por sus amigos, o la idea de que salir con ella cuestiona su propia masculinidad, el rechazo se interpreta como un acto de transfobia.
Un estudio de 2018 reveló que solo el 1,8 % de las mujeres heterosexuales y el 3,3 % de los hombres heterosexuales saldrían con una persona transgénero. Pero si se es heterosexual, ¿Por qué está mal que quiera estar con una mujer cisgénero? ¿Es homofóbico rechazar a alguien sólo porque no es tu preferencia? No se intenta ofender, simplemente no tiene por qué está mal y ser homofóbico el no querer estar con alguien trans.
Las personas homosexuales y transexuales son consideradas grupos vulnerables y esto se debe a que históricamente han enfrentado discriminación, desigualdad y exclusión social. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) reconoce que las personas LGBT enfrentan riesgos de vulneración a sus derechos a la vida, salud, educación y trabajo.
Pero esos derechos obtenidos no pueden pasar por encima de los derechos de otras personas, se supone que en los hospitales no se da prioridad a los pacientes por su orientación sexual y los protocolos de atención médica se clasifican exclusivamente según la gravedad de su estado de salud y no por sus características personales o preferencias.
Hace unos meses, hubo un caso que mucho llamó la atención, pues en un hospital del IMSS se llevó a cabo una cirugía de reasignación de género por mandato de un juez federal, quien otorgó un amparo a una mujer transgénero derechohabiente del IMSS en Aguascalientes. Dicho juez determinó que el IMSS vulneraba su derecho a la salud al haberle negado antes ese tipo de cirugía. La resolución judicial estableció que la cirugía no es un procedimiento meramente estético, sino que forma parte de un tratamiento médico necesario para garantizar el bienestar físico, psicológico y el libre desarrollo de la personalidad del paciente. Al tratarse de una resolución judicial federal, el IMSS estuvo obligado a acatar el fallo. Y hasta aquí muy bien, ¿Pero y los derechos de los pacientes que están esperando una operación de otro tipo desde hace dos o más años? ¿En verdad es necesario por salud la reasignación de género? ¿Más que una de columna o de algo más serio?
Varías personas, luego de hacer su transición, se han arrepentido e incluso han tratado de demandar, porque no fueron bien analizados psicológicamente, estos casos legales, conocidos como demandas de «detransición» o arrepentimiento, han ganado notoriedad recientemente. No son un caso aislado, existen varios reportes internacionales donde jóvenes demandan a médicos o instituciones argumentando que no se evaluó correctamente su salud mental y se les apresuró a tomar decisiones irreversibles.
¿Qué pasaría si para cada grupo minoritario se hicieran leyes especiales? ¿Funcionaría mejor la sociedad? ¿El mundo sería un lugar mejor para vivir? ¿O estamos exagerando?
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