Ciudad de México, 24 oct (EFE).- La Fundación Casa de México en España celebra una vez más su tradicional altar de muertos, una de las citas culturales más esperadas del año y su exposición más visitada. Bajo el título ¡Viva la vida!, la propuesta de este año se inspira en las montañas de Michoacán y rinde homenaje al cantante y compositor mexicano Agustín Lara.
Toda una celebración de la vida y del recuerdo de aquellos que se nos adelantaron en el tránsito hacia la muerte, pero que permanecen presentes en la memoria y en el corazón de familiares y amigos.
La muestra musicalizada con obras del famoso compositor mexicano, Agustín Lara, y con diseño de Beatriz Redo está inspirada en las montañas de Michoacán justo cuando sus cementerios purépechas lucen durante la noche del día de muertos.
Como gran novedad de esta edición, la celebración amplía sus fronteras con la colocación de tres altares más situados en diferentes barrios de la capital española, un proyecto conjunto llevado a cabo entre la fundación mexicana y el ayuntamiento de Madrid para llevar esta celebración a un mayor número de visitantes.
El misticismo de Michoacán y el diseño de Beatriz Redo
La colorida y vibrante propuesta estética de este año ¡Viva la vida! es obra de la artista mexicana Beatriz Redo, natural de Ciudad de México y reconocida por su profundo amor hacia la riqueza artesanal de su país. Redo, quien como buena mexicana profesa una gran fascinación por el Día de Muertos y hace gala de un fino y sutil sentido del humor, ha vertebrado una escenografía que fusiona flores, luz, color, pintura y artesanía popular.
El diseño se inspira en las montañas de Michoacán y en el aspecto nocturno que presentan sus cementerios durante esta festividad, recreando ese instante en que las familias acuden -recogidas pero con alegría- a ese encuentro simbólico con sus difuntos.
La obra recupera la tradición de las comunidades purépechas y mazahuas, vinculadas a la llegada de la mariposa monarca a los bosques de la región -entre finales de octubre y principios de noviembre- un fenómeno natural que popularmente se interpreta como la representación de las almas de los fallecidos o el anuncio de su regreso al mundo de los vivos.


El homenaje musical al “Flaco de Oro”
En este entorno, la figura del cantante y compositor mexicano Agustín Lara (1897-1970) asume el protagonismo central de la dedicatoria. Conocido como «El Flaco de Oro», Lara se erige como una de las figuras cumbre de la música popular mexicana y en especial de la canción romántica en español, con clásicos internacionales como Solamente una vez, María Bonita o Granada.
Su estrecha y conocida relación con España brilla de forma especial en la instalación gracias al célebre chotis, Madrid, convertido en todo un emblema musical dentro y fuera de la capital.
El músico aparece representado en la cima de la estructura mediante una calavera sentada ante un gran piano, flanqueado por otras piezas artesanales de cartonería. Para envolver la experiencia del espectador, todo el recorrido del recinto se encuentra íntegramente musicalizado con sus composiciones más célebres.


Nuevas experiencias, mascotas y tecnología doméstica
El trayecto expositivo en la sede principal no se limita a la estructura central, sino que se enriquece con una exhibición de arte popular y otros altares secundarios.
Al ascender a la segunda planta, el público dispone de un área acondicionada para escribir y dejar mensajes personales dirigidos a sus propios difuntos. La principal innovación en el recorrido físico de este año es la inclusión de un altar dedicado exclusivamente a las mascotas.
Al concluir la visita, el espacio dispone de una tienda con recuerdos y artículos tradicionales diseñados para que el visitante adquiera lo necesario para montar una ofrenda propia en sus hogares. Esta vertiente casera se complementa además con una innovadora herramienta digital interactiva que permite a los más jóvenes experimentar y recrear los elementos de la tradición del altar a través del uso tecnológico.
Esta celebración rinde honores a una creencia ancestral que hunde sus raíces en la época prehispánica, que se centraba en la idea de que la muerte iniciaba un viaje espiritual hacia el Mictlán para encontrarse con los dioses. Esta riqueza histórica motivó que el 7 de noviembre de 2003 la Unesco la declarara oficialmente Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
El altar actúa como un homenaje lleno de color donde elementos como velas, fotografías, alimentos, bebidas y la flor de cempasúchil guían de vuelta a las almas en un entorno que celebra la continuidad generacional.
Lara, la voz herida del bolero
Compositor e intérprete mexicano, Agustín Lara, ese gran seductor de voz quebrada, hizo del amor, el desamor y la melancolía la materia prima de sus canciones. De figura espigada y rostro poco agraciado, tenía una seña de identidad física inconfundible: una profunda cicatriz que le cruzaba la cara desde la comisura de los labios hasta la mandíbula. Una marca que según remiten todas las fuentes (él siempre evitaba hablar de ello) se la habría causado una de sus muchas amantes que despechada por los celos, le hirió con un objeto cortante. Aquella marca, lejos de restarle atractivo, alimentó su imagen de seductor mujeriego y canalla, y contribuyó a forjar el personaje que lo acompañaría toda la vida.
Melancólico, sensual, y hasta sarcástico a veces, Lara escondía tras sus letras un inconfundible doble sentido y una profunda amargura. Sus boleros eran auténticas elegías al amor perdido, a los amores imposibles y a quienes se marcharon dejando tras de sí un vacío irreparable. Los interpretaba con una voz grave, quebrada, incluso sollozante, como si cada canción le devolviera el recuerdo de una herida abierta. Quizá fuera precisamente esa mezcla de desgarro, ternura y picardía la que cautivaba a las mujeres.
Con María Félix, uno de los grandes amores de su vida, protagonizó un romance que tuvo en la música su mejor expresión. Cuentan que María Bonita, una de sus canciones más célebres, nació precisamente bajo el balcón de la actriz, a cuyos pies Lara la habría interpretado acompañado de un pequeño conjunto de músicos. Incluso hay quienes aseguran que María estaba más enamorada de la canción que de su autor. Y es que quienes le conocieron coinciden en resaltar su extraordinario poder de seducción: “Cuando Agustín se ponía al piano, no había mujer que se le resistiera”.
Compuso más de 700 canciones que han sobrevivido al paso del tiempo y han encontrado nuevas voces en intérpretes de distintas generaciones y estilos, desde Elvis Presley y Nat King Cole hasta Luis Miguel, Luz Casal, Plácido Domingo o Joaquín Sabina. Noche de ronda, Gotas de amor, Cabellera negra, Tengo celos, Morucha o Tus pupilas son solo otros ejemplos de un repertorio que convirtió las penas del corazón en canciones eternas.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
