Estudios han documentado desde hace años la presencia de aguas salinas y posibles acuíferos profundos. Lo que todavía falta comprobar es si las fuentes hidráulicas aportan volumen de manera sostenida
Por Zitamar Arellano Trueba
Saltillo, Coahuila 7/08/26 (Más).- El Gobierno federal sabe por estudios realizados desde hace al menos una década que sí hay agua salina y posibles acuíferos profundos en la Cuenca de Sabinas, donde pretende instalar el proyecto de explotación de gas mediante la técnica del fracking; sin embargo, aún no ha comprobado si la hay en cantidades suficientes para extraer de manera sostenida sin afectar los acuíferos de agua dulce.
La presencia de agua salada en el subsuelo de Coahuila no es una hipótesis reciente ni un hallazgo que esté por comprobarse. Pemex y organismos especializados conocen desde hace años la existencia de aguas salinas asociadas a las formaciones petroleras de la Cuenca de Sabinas y existen incluso estudios geofísicos realizados desde 2016 para localizar acuíferos profundos en la misma región donde ahora se pretende impulsar la explotación de gas no convencional.
La interrogante que permanece abierta no es, por tanto, si existe agua salada, sino si puede extraerse en cantidades suficientes para abastecer de manera sostenida los miles de metros cúbicos que requiere la fractura hidráulica de cada pozo.
Ese punto será determinante para decidir la viabilidad del proyecto anunciado por el Gobierno federal en Sabinas-Burro-Picachos, después de que la presidenta Claudia Sheinbaum condicionó ayer su desarrollo a la utilización de agua salada y al reciclaje del líquido utilizado, con el propósito de evitar el consumo de agua dulce destinada a las poblaciones, la agricultura y la ganadería.
Para efectos de la explotación de gas, sin embargo, “agua salada” no significa simplemente encontrar líquido con un alto contenido de sales.
En términos prácticos, una fuente de agua útil para el proyecto tendría que ser un cuerpo subterráneo de agua salobre o salina que no esté destinado al consumo humano ni a usos convencionales, se encuentre aislado hidráulicamente de los acuíferos de agua dulce, pueda producir de manera sostenida los volúmenes requeridos y tenga una composición química que permita utilizarla directamente o después de un tratamiento económicamente viable.
La fracturación hidráulica, comúnmente llamado fracking, puede realizarse con agua dulce, salobre, salina e incluso con aguas producidas por los propios pozos, siempre que su composición sea compatible con los químicos utilizados y con las formaciones geológicas. La condicionante sólo existe porque la impuso ayer la presidenta de México como condición sin la cual la extracción de gas no será autorizada.
Pemex ya había encontrado agua salada
La existencia de este tipo de agua en el subsuelo coahuilense está documentada desde hace décadas. Un estudio del Servicio Geológico Mexicano sobre la exploración petrolera en la Cuenca de Sabinas reportó que, de 107 pozos exploratorios perforados en distintas estructuras, 19 resultaron invadidos por agua salada.
El mismo documento registra yacimientos con importantes porcentajes de saturación de agua dentro de las formaciones petroleras.
Esto significa que existe evidencia física obtenida mediante perforaciones de que el subsuelo profundo de Coahuila contiene agua salina asociada a los sistemas petroleros.
También Conagua ha documentado agua salobre y salina en el noreste del estado: en el acuífero Hidalgo, que comprende parte de los municipios de Hidalgo y Guerrero, se han medido concentraciones de entre 2 mil y 8 mil miligramos por litro de sólidos disueltos.
Ese líquido entra claramente dentro de las categorías de agua salobre o salina. El problema es otro, que los aprovechamientos históricamente estudiados en esa zona reportaron caudales reducidos, por lo que su existencia no significa automáticamente que puedan abastecer un proyecto de fracturamiento hidráulico.
Desde 2016 buscaban acuíferos profundos
Una ficha técnica publicada por la empresa mexicana Geotem Ingeniería localizada por MÁS documenta su participación en 2016 en un proyecto de investigación realizado en Coahuila y Nuevo León para evaluar acuíferos profundos y yacimientos no convencionales en la Cuenca de Sabinas. El trabajo identificó horizontes profundos con potencial acuífero mediante modelos geofísicos que alcanzaron aproximadamente cinco kilómetros de profundidad.
El estudio demuestra que desde hace al menos una década existen esfuerzos dirigidos expresamente a localizar cuerpos de agua profundos en la misma región petrolera donde hoy se plantea desarrollar gas no convencional.
Pero la información pública del trabajo consultada por este medio no presenta pruebas de bombeo ni estimaciones sobre cuántos metros cúbicos podrían extraerse de esos cuerpos de manera sostenida.
El Gobierno federal tampoco llegó a la discusión de 2026 sin una estrategia previa. El Plan Estratégico de Pemex 2025-2035 ya incluía a Sabinas-Burro-Picachos dentro de las áreas de interés para hidrocarburos no convencionales y contemplaba alternativas para disminuir el uso de agua dulce.
Meses antes de que se conocieran las conclusiones del comité científico convocado por Sheinbaum, el director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, sostuvo públicamente que el desarrollo podría apoyarse en agua congénita proveniente de los propios yacimientos, fuentes salinas, aguas industriales y residuales, además de sistemas de reciclaje.
En abril de 2026, Pemex presentaba así el problema hídrico como una dificultad técnicamente manejable. Incluso planteó porcentajes elevados de reutilización del agua. Sin embargo, el agua producida o recuperada de los pozos no elimina completamente la necesidad de contar con una fuente inicial de abastecimiento.
El dato que todavía falta
La conclusión del comité científico presentada ayer dejó al descubierto precisamente ese vacío. Aunque el comunicado de Presidencia sostuvo que en Sabinas-Burro-Picachos “hay agua salada y gas no convencional”, los propios especialistas recomendaron perforar pozos experimentales para determinar cuánta agua existe a profundidad y cuál es su calidad. Es decir, el Gobierno ya cuenta con evidencia suficiente para considerar probable la existencia del recurso, pero todavía necesita comprobar que puede explotarse en los volúmenes requeridos.
La fracturación de un solo pozo horizontal puede demandar decenas de miles de metros cúbicos de agua. En un desarrollo comercial, donde podrían perforarse decenas o centenares de pozos, la demanda acumulada podría alcanzar millones de metros cúbicos.
Un estudio universitario de 2020 sobre el desarrollo mexicano de la formación Eagle Ford ya había advertido que la disponibilidad de acuíferos profundos de agua salobre en el noreste del país no estaba suficientemente caracterizada y que serían necesarios estudios geofísicos e hidrogeológicos adicionales.
Seis años después, el Gobierno federal está proponiendo justamente ese paso, perforar para comprobar existencia, calidad y cantidad.
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