Apuntes para el insomnio
Manuel Fragoso Álvarez
Hace algunos años por los chavos que tomaban mi clase conocí un juego muy de moda en esos tiempos, Age of Empires. En dicho juego según me explicaron se trataba de construir de cero una ciudad, con todo lo que esto conlleva: agricultores, carpinteros, gente que cuide de invasores de otros pueblos y obviamente los dirigentes. Solamente había un número determinado de gente por lo que éstas tenían que colocarse estratégicamente para no descuidar otras áreas prioritarias, por ejemplo, no se podía poner muchos a cultivar o a proteger o a realizar otras actividades. También debían de cuidar los recursos naturales para no terminar con ellos. La mecánica central está basada en una excelente organización de los aldeanos y una buena administración de los recursos tanto materiales como humanos. Así poco a poco se va evolucionando utilizando mejores tecnologías, dando como resultados aldeanos más proactivos que puedan construir una estructura que produce recursos como cosechar, construir con piedra y la obtención de sus alimentos.
El Saltillo que yo recuerdo de mi niñez era pequeño, al oriente llegaba a la calle de Urdiñola, al norte hasta lo que hoy es el boulevard Jesús Valdés Sánchez ahí enfrente de lo que hoy es la gasolinería estaba una calera, sí de esas que vendían cal, al sur llegaba hasta el J. Mery, la calle de Allende terminaba por el Ex Tecnológico de Saltillo y en esos terrenos se llegó a poner la entonces famosa Feria de Saltillo, en el Ateneo daban vuelta los camiones para regresar a la ciudad. Ya existían varias colonias como: la Colonia República que era la más “nais”, la Centenario, la González, la Panteones, el Águila de Oro, la Provivienda, el Ojo de Agua, la Bella Vista y la Vista Hermosa. Y en lo que es hoy la entrada a la colonia Valle de las Flores ya eran las “afueras de la ciudad”.
Y había agua, mucha agua y por lo tanto muchos campos labrantíos, Rancho las Varas, Rancho de Peña, Los Gonzáles, Los Silleres, La Aurora, y en muchos de estos lugares existían huertas con sus respectivas albercas. El agua corría a raudales desde San Lorenzo por una acequia rebosante, que si mal no recuerdo llegaba a pasar hasta por la calle de Purcell, que arrastraba nueces y grandes y rojos tejocotes que venían de las huertas del sur de la ciudad. Ir de día de campo a los González era seguir por todo el camino de la acequia y cortar manzanas, o granadas porque abundaban por esos lares, esa misma acequia cruzaba por en ese entonces el pequeño poblado de la Aurora, la Libertad y otras que no recuerdo.
Y qué decir de los “ojitos de agua” que abundaban por la ciudad: en el Chapulín, “El Triste” que así le llamaban donde ahora está la clínica 82 del IMSS, Rancho las Varas que está cerca de la Provivienda en donde, aún ahora pipas y pipas sacan agua de algunas norias que quedan en esa colonia, atrás del Cerro del Pueblo, que por cierto era un hermoso valle, corría un riachuelo que bajaba de las montañas, en lo que es hoy el Fraccionamiento Urdiñola y la Col. Zapalinamé, también habían esos ”ojitos”, aún queda “vivo” el llamado Pozo Azul del cual alguna vez se llegó a decir que ahí habitaba un gran cocodrilo y en la Zapa durante mucho tiempo existió un lago con patos y todo, los viejos decían que esa agua del Pozo Azul y de la Zapa, llenan el lago de la Ciudad Deportiva.
A la ciudad lo que más le sobraba era agua, esa que baja desde la sierra y que ponía a florecer nuestro hermoso valle de Saltillo, lleno de huertas, campos labrantíos y parcelas de distintas verduras que llegaban frescas al mercado.
Pero hoy todo eso quedó como un buen recuerdo, la ciudad crece sin ton ni son sin una planificación urbana integral, para irlo haciendo de manera ordenada y sostenible. Debemos dejar de confundir lo grandioso con lo grandote, de pensar que entre más crezca nuestra ciudad sea progreso, de creer que entre más automóviles hay la gente está mejor económicamente. De pensar en el futuro, pero actuar más en el presente, no preocuparnos sino ocuparnos del problema que ya está aquí. Ya no hay agua, entiéndanlo y entendámoslo todos para poder actuar en consecuencia. Los viticultores dueños de viñedos, los tomateros y las refresqueras están acabando con ella, pero como son negocios de políticos, pues nada se puede hacer.
Hay que definir una nueva visión para nuestra ciudad, qué tipo de ciudad queremos ser turística o industrial para así orientar las inversiones. Levar a cabo proyectos ordenados para garantizan infraestructura y servicios, promover que los lugares de trabajo, escuelas y viviendas estén cerca entre sí, para ir reduciendo la dependencia del automóvil que ya es otro de los grandes problemas de nuestra ciudad. Hay que recomponer el centro y las colonias antiguas con sus casas abandonadas, para rehabilitar esas zonas subutilizadas en lugar de expandirse sólo hacia las periferias, y sobre todo lo más importante; garantizar el acceso a agua potable, invertir en redes de transporte eficiente, ciclovías y calles peatonales, sin olvidar lo de implementar normas de construcción que respeten el entorno natural y gestionen riesgos ambientales, para que ya no se siga construyendo en la sierra ni en los bosques.
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