Horacio Cárdenas Zardoni
Todavía nos acordamos de la época de la primaria y la secundaria, sobre todo en esta última, uno de los divertimentos más usuales de la palomilla, era lo que ahora se ha dado en llamar “retos”, muy populares en las redes sociales, sobre todo entre los adolescentes.
En aquel tiempo podía estar todo en la santa paz del aburrimiento, hasta que algún malora tenía la brillante idea de decirle al que tenía junto, a que no te atreves a… y aquí el catálogo podía ser amplísimo de aquellas cosas a las que uno no debería ni remotamente atreverse, generalmente cosas relacionadas con la escuela, con los profesores, con alguna persona, normalmente del sexo opuesto, a lo que el valentón de inmediato, y dedicándole todavía menos tiempo a pensar en las consecuencias, que el que se tarda uno en hacer click en el cuadro donde dice ‘he leído y acepto las condiciones’ decía ‘cuánto a que sí me atrevo…’ momento en el que el aburrimiento desaparecía como por ensalmo, como decían los libros de cuentos de antes, y allí iban todos a comprobar con sus propios ojos, que nadie se los platicara, si el desafiado había cumplido a cabalidad el reto que le habían lanzado.
Así éramos muchos, o tal vez la gran mayoría, después de todo forma parte de la manera en la que crecíamos en aquellas generaciones idas, y de hecho todavía se dice que ni más ni menos así somos así los periodistas en estos tiempos. ¿A que no publicas esto, esto y esto de tal, tal y tal?, a lo que igual, sin la menor reflexión, o bueno, con tantita, la que cabe en un nanosegundo del famoso chip de Google, ese de los septillones del que todo el mundo habla en estos días, responde como cuando tenía doce años ‘a que sí…’
Pero no cabe duda que la mayoría de las personas termina entrando en razón. No sabemos si es un tránsito lento, si es súbito, si es producto de algún frentazo bien puesto o si vino de la reflexión, o mejor aún, que aprendió en cabeza ajena, de lo cual siempre nos acusan de no hacer en ninguna circunstancia.
Viene a cuento esto porque nos hemos topado con un fenómeno así en algunas instituciones, algunas en las que no pensaría uno que la gente tendría escrúpulos para hacer ciertas cosas, que además entran en su ámbito de competencia.
Nos estamos refiriendo en concreto a lo que pasa en los grupos de seguridad que operan aquí en Saltillo, organizados por la Comisaría de Seguridad y Protección Ciudadana.
A todos nos consta lo ubicua que se ha vuelto la aplicación de WhatsApp en un montón de ámbitos de la vida cotidiana de las personas. Lo usamos para cuestiones personales, escolares, laborales, profesionales, familiares, de vecinos, de colegas, de cuates. Los usamos para contar chistes, para pasar chismes, para circular cosas inconvenientes, de las políticamente inconvenientes y de las otras que harían que sonrojarse hasta a un agente del ministerio público.
Para gente de los más distintos estratos, se ha convertido el famoso Whats en el medio de comunicación de elección, lo preferimos a otros, por lo menos en cuanto a velocidad de envío y también de reacción, de allí que también para las cuestiones de seguridad pública se haya impuesto como el más utilizado por la población. Sería interesante, a nivel de curiosidad, averiguar cuántas personas todavía llaman al 911 o a cualquier otro teléfono de emergencia, en relación al número de avisos y de conversaciones que se tienen vía WhatsApp para tratar con un tema determinado. Podríamos decir que cien a una… o todavía más, la cifra es meramente anecdótica, pero lo que señala es que tiene su valor y su peso a los ojos de la ciudanía.
Por eso es que nos llama tanto la atención la actitud que muchas ocasiones toman los encargados de atender los grupos de seguridad por parte de la Comisaría, nos da la impresión, acá se comenta a nivel de pueblo, que esta entidad pareciera que no se atreve a comunicar los asuntos que les informa la ciudadanía a otras dependencias de la administración municipal, y eso repetimos, se toma como evidencia de que al menos a ese respecto, la administración pública municipal no es la maquinaria perfectamente afinada que presumen los funcionarios, de alcalde para arriba y para abajo.
Cuando lo que reporta el ciudadano es un bache, los encargados del sistema lo refieren a Obras Públicas. También con lo de los semáforos dizque inteligentes de bulevar Carranza, hasta el teléfono de la misma dependencia le proporcionan, según ellos muy gentilmente. Otros asuntos los refieren al 072 creo, a Atención Ciudadana, y cuando se trata de una emergencia médica, con heridos o fallecidos, le piden que llame a la Cruz Roja, al 911 que nunca contesta, o al menos eso le parece al que llama y llama y no recibe respuesta.
En nuestra opinión y experiencia, una de las grandes bondades de la aplicación WhatsApp es la posibilidad de reenviar a otras direcciones, bueno a otros teléfonos que la tengan, el mismo mensaje, y para la gente habilidosa en su manejo, le toma menos de un segundo el redireccionar información importante.
Porque cuando alguien se queja de un bache, de un semáforo, de algunas cosas de este tipo, lo que está avisando es que puede representar un asunto de seguridad pública a la vuelta de cualquier momento… y ocurre, casi como hecho adrede, aunque no lo sea.
Visto desde fuera, el ciudadano piensa que el que atiende el Whats de la Comisaría está escritorio con escritorio con el de Obras Públicas, con el del 911, con el departamento de Bomberos, que tiene línea abierta y directa con la Fiscalía, con el MP federal, con la Guarida Nacional, con el Ejército, que uno de triste ciudadano, no tiene.
Pues no: no se atreve el oficial, licenciado, analista, el puesto que sea, a tomar la iniciativa y decir, oye esto es importante y es de tu competencia, y lo mismo podría y debería hacer el otro, si le avisan que un vehículo cayó en un bache nivel socavón y hay heridos y daños materiales que lo hacen un asunto de policía. Ay no, se vaya a molestar, vayan a decirle a su jefe y este le diga a mi jefe y me regañen, vayan a decir que les estoy pasando trabajo, de que me siento superior a ellos… todo porque en algún momento del camino perdieron la capacidad de responder asertivamente al desafío de a que no te atreves a… en este caso, a servir a la comunidad cuando a algún ciudadano le urge.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
