Por Horacio Cárdenas Zardoni
No es que se interese uno por esa clase de temas, simplemente andan en el ambiente, y no nos queda más que enterarnos de los mismos, les damos seguimiento porque ni modo que pudiéramos cerrar los oídos a esas notas, u olvidarlo voluntariamente, pero bueno, tiene su ventaja y nos acordamos, cuando necesitamos una referencia, como en este caso concreto.
A lo mejor se acuerda o tiene presente el problema aquel que surgió hace ¿Qué será?, unos veintitantos o treinta años, con la invasión de abejas africanas. Por lo que sabemos del tema, a algún científico, más bien a algún empresario, se le ocurrió que si importaba abejas de África, estas desplazarían a las americanas, y por ser bastante más grandes, producirían mucha más miel, con lo que el negocio sería redondo. Esto ocurrió en Brasil, y pasó lo que tenía que pasar: sí, las abejas africanas eran más grandes, sí comenzaron a desplazar a las americanas… pero resultó que estas en concreto, resultaron ser bastante flojas, si acaso producían miel, la consumían, no dejaban nada para ser cosechada por los apicultores. Como es de suponerse, el asunto se salió de control, si se hubiera podido agarrar las abejas importadas y regresarlas a África, qué bueno, pero no, las habían soltado al medio ambiente, donde encontraron un excelente espacio para crecer y reproducirse.
El problema comenzó en Brasil, al rato había cubierto todo el país, y las naciones limítrofes se preocuparon de que pudiera también invadirlas a ellas. Se tomaron todas las medidas que pudieron idear, mismas que resultaron insuficientes, por no decir inútiles.
Bueno, pues los especialistas hasta trazaron una línea del tiempo, estimando cuántos meses o años le tomaría a la plaga llegar a México y luego a los Estados Unidos. Acá en Coahuila se colocaron trampas para capturar las abejas africanas, trampas que supuestamente no atrapaban a las locales… y bueno, llegaron, se establecieron, y ocurrió lo que nadie esperaba, que por esas cosas de la naturaleza, algunas variedades de abejas nativas se aparearon con las africanas, de donde salió una nueva especie de abejas africanizadas, que para fortuna de los productores de miel y cera, resultó no ser tan perjudicial como la especie original. La producción de miel, cuando menos en México se salvó de aquella, y si ahora está en peligro es por otras razones que no hemos podido atender.
El mismo seguimiento se ha dado a enfermedades como el dengue, el chikunguña, el mal de Chagas, y hasta el virus del oeste del Nilo, o será mejor decir que se solía dar, porque últimamente las autoridades sanitarias han considerado que esas actividades son innecesarias, y las han dejado de lado. Cuando se hacían, de veras que era interesante el cuidado con que se preparaban las gráficas, los diagramas y los mapas de avance, y las explicaciones que daban de si se había acelerado o se había desviado, o hasta detenido.
Nada que ver con lo que ha pasado con el gusano barrenador del ganado… enfermedad que no es exagerado decir que fue creada por la cuarta transformación, pues fue el presidente López Obrador el que a la hora de recortar dinero de todas las dependencias públicas, decidió que era irrelevante seguir con aquella fábrica de moscas estériles que había en el sur. Quizá alguno de sus asesores le advirtió lo que podía pasar, o quizá nadie se atrevió por no contradecirlo o porque tampoco sabían, el caso es que no habiendo contención, volvió a aparecer el temible gusano en reses mexicanas.
Y tal cual, gente sin quehacer, y sin sitio en la nómina oficial, ha trazado lo que luego ha venido ocurriendo: el gusano ha ido apareciendo cada vez más al norte del territorio mexicano, eso por un lado, y lo otro y mucho más temible, ha infectado humanos, primero, uno, luego otro, luego varios, ya ocurrió la primera muerte… y va para peor.
El susto que nos llevamos la semana pasada cuando se propagó la noticia de que habían localizado brotes, un brote en Nuevo León, por decir, tocando la puerta en Coahuila, que había presumido de los avances para que el gobierno norteamericano levantara el bloqueo al ganado mexicano vendido en pie. Un escándalo que puso a temblar, todavía más, al gobierno mexicano y a los empresarios ganaderos de todo el país.
Al típico estilo gubernamental, salieron a dar la cara diciendo que tranquilos todos, no localizaron gusanos, sino apenas larvas… de veras que qué piolas, para poder reconocer una larva de gusano barrenador, y no fuera de cualquier otro bicho, nocivo o inocuo, pero así se las gastan, son una piola para las relaciones públicas, pero no lo fueron para prevenir, ni para que el estado de cosas prevaleciente continuara, no, tenían que darle en toda la torre, para entonces portarse como héroes.
¿Qué es lo que sigue?, seguro que la plaga se va a seguir expandiendo, no es de que por un ‘éxito’ parcial como el de Nuevo León, se pueda dar por contenida la expansión, al contrario, nos hace sospechar que viene, y duro y rápido. Ya alguien lo dijo en Monterrey, urge una granja o fábrica de moscas estériles, sí, pero… ¿dónde, cuándo, y lo más delicado, por cuenta de quien? Si, la que operaba lo hacía en el sur del país y mal que bien funcionó, pero a lo mejor se requiere ya no de una grande sino de varias, también grandes, en distintas regiones del país, a ver si alguien se anima a entrarle, ¿o vamos a seguir rezando para que no ocurra lo que ya sucedió?
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