Campeche, 03/09/26 (Más).- Las plumas de colibríes conservados en colecciones científicas mexicanas permitieron a investigadores reconstruir parte de la historia de la contaminación por metales pesados en el sureste del país durante un periodo de 80 años, con registros que abarcan de 1932 a 2012.
De acuerdo con la información publicada por El País, investigadores de la Universidad Autónoma de Campeche (UACAM), en colaboración con especialistas de El Colegio de la Frontera Sur y la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), analizaron plumas de distintas especies de colibríes para identificar concentraciones de mercurio, arsénico y plomo acumuladas durante su desarrollo.
El estudio parte de que las plumas pueden conservar información sobre las condiciones químicas a las que estuvieron expuestas las aves. Nutrientes, hormonas y contaminantes pueden incorporarse a la queratina mientras las plumas reciben irrigación sanguínea durante su crecimiento.
Una vez que la pluma termina de desarrollarse y deja de recibir sangre, la exposición disminuye, pero los elementos incorporados permanecen en su estructura. Esta característica permitió a los investigadores utilizar ejemplares recolectados décadas atrás como una especie de archivo ambiental.
Para ampliar la información disponible, el equipo recurrió a colecciones biológicas de distintas instituciones del sureste mexicano. Entre ellas se encuentran acervos de la UACAM, las colecciones ornitológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), El Colegio de la Frontera Sur y la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural de Chiapas.
Los ejemplares conservados en estas instituciones fueron recolectados entre 1932 y 2012, lo que proporcionó una ventana temporal de ocho décadas. Según los investigadores, las condiciones de preservación permitieron mantener en las plumas la huella química de los contaminantes presentes en el ambiente cuando las aves fueron recolectadas.
El análisis incluyó especies como el colibrí canela (Amazilia rutila), el colibrí vientre canela (Amazilia yucatanensis) y el colibrí garganta verde (Lampornis viridipallens). Los científicos compararon las concentraciones de metales pesados entre ejemplares correspondientes a diferentes periodos.
La investigación utilizó voltamperometría, una técnica que permite detectar metales pesados con cantidades de muestra de apenas unos miligramos. Esta característica resulta relevante para el análisis de aves pequeñas, ya que los métodos convencionales requieren cantidades mayores de tejido y pueden ser poco adecuados para especies de reducido tamaño.
Los resultados mostraron correspondencia entre las concentraciones encontradas en las plumas y acontecimientos de la historia ambiental de la región. Uno de los ejemplos identificados fue la disminución del plomo, fenómeno que coincide temporalmente con la eliminación gradual de este elemento de las gasolinas utilizadas por los automóviles.
En contraste, algunos incrementos en las concentraciones de determinados elementos coincidieron con la erupción del volcán Chichonal, ocurrida en 1982 en Chiapas. La actividad volcánica liberó a la atmósfera cenizas, gases de azufre y elementos traza, entre ellos mercurio, cuyos efectos ambientales han sido registrados en otros estudios.
Los contaminantes pueden desplazarse a grandes distancias mediante las corrientes de aire y posteriormente depositarse con las precipitaciones. Por ello, los investigadores señalaron que incluso áreas naturales protegidas pueden recibir elementos contaminantes generados fuera de sus límites.
Las condiciones geográficas también influyen en este proceso. En zonas montañosas, la lluvia y la humedad pueden favorecer el depósito de contaminantes sobre hojas, flores y suelos. Los colibríes pueden incorporarlos posteriormente a través del néctar o de los insectos de los que se alimentan.
La investigación no evaluó directamente los efectos fisiológicos que los metales pesados tuvieron sobre los ejemplares analizados. Sin embargo, la evidencia disponible en otras especies de aves relaciona la exposición crónica con alteraciones del sistema inmunológico y reproductivo, así como con afectaciones neurológicas y respiratorias.
Los posibles efectos también son relevantes por la función ecológica de los colibríes. Estas aves participan en la polinización de numerosas plantas y contribuyen a la reproducción de especies vegetales nativas y al mantenimiento de su diversidad genética.
La bióloga e investigadora María del Coro Arizmendi, quien no participó en el estudio, señaló la importancia de los colibríes en los ecosistemas americanos debido a su función como polinizadores. Sus interacciones con las plantas forman parte de redes ecológicas que también intervienen en la disponibilidad de alimento y otros procesos ambientales.
Para los investigadores, el análisis de colecciones biológicas permite obtener información ambiental que sería difícil de recuperar mediante observaciones actuales. Los ejemplares preservados durante décadas funcionan como registros históricos que pueden compararse para identificar modificaciones en las condiciones químicas de distintas regiones.
Ruth Partida, investigadora de la Universidad Autónoma de Campeche, planteó que México carecía de una línea base histórica de contaminación por metales pesados y que las colecciones científicas ofrecen una oportunidad para construirla.
El estudio también plantea que la contaminación química debe incorporarse a las evaluaciones sobre conservación de los colibríes. Además de proporcionar información sobre las condiciones ambientales del pasado, las plumas de estas aves pueden ayudar a identificar contaminantes que continúan presentes y sus posibles rutas de dispersión.
Los investigadores consideran que el material conservado en las colecciones biológicas mexicanas puede ser utilizado para ampliar este tipo de análisis y reconstruir cambios ambientales ocurridos durante periodos para los que no existen mediciones directas de contaminación.
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