Por Horacio Cárdenas Zardoni
Hay presidentes municipales que pasan sin pena ni gloria, hay otros que dejan más penas y poca gloria, y en fin, no solo en Coahuila, sino en todo México lo que priva son los alcaldes privados de toda gloria, o más bien cabría decir que ninguna. No estamos hablando nada más por hablar, pero ya ve que de un tiempo para acá les ha dado por hacer encuestas de todo y para todo, bueno, pues cada vez que publican una en el nivel más cercano al pueblo gobernado, el de las presidencias municipales, dan a conocer que prácticamente ni uno solo se halla por encima de lo que en la escuela primaria se conoce todavía como la mínima aprobatoria, y de allí para abajo hasta el cero, que aunque necesario, no han considerado prudente evaluar no lo que los encargados de la comuna dejan de hacer en base a lo que habían prometido, sino lo que logran destruir, que no es poco.
Todavía anda por allí uno que fue presidente municipal de Saltillo, y que lo único que hizo fue traer tierra roja para ponerla en los camellones, no adoquín, ni concreto estampado, tampoco poner jardincito o plantas de ornato, mera tierra roja, que duró hasta la primera lluvia fuerte, que se la llevó toda por las alcantarillas, dejando el peladero al que estábamos acostumbrados.
Hubo otro que se consideró a sí mismo ‘inédito e histórico’… ese nos heredó una costosísima solución a medias, o a tercias o a cuartas, la tristemente célebre ciclovía, que no es que no le haga falta a este pueblo camionietero voltear la vista a los transportes alternativos, sino que la hizo al puro trancazo, quitando espacio para circular a los vehículos, y sitio para estacionarlos, además de unas estaciones de renta de bicicletas en las que no se paran ni las moscas, nunca. Otra cosa hubiera sido si Jericó Abramo y quienes lo han sucedido se hubieran comprometido de veras con la bicicleta y los ciclistas, procurándoles espacios dedicados, donde pudieran ir seguros, sin quitarle carriles a los vehículos automotores, que como le consta a todos, son en este momento la única opción viable, ante la inseguridad que enfrenta andar sin el forro de acero de una carrocería.
José María Fraustro quería pasar a la historia de Saltillo como el gran innovador del transporte, para lo cual invirtió un par de cientos de millones de pesos, dinero nuestro, no suyo, en nadie sabe exactamente qué, y eso fue todo, porque no se le conocen acciones concretas al respecto, ni un solo camión nuevo, ni una ruta rediseñada, ni mejores condiciones para que operaran, solo algunas cancelaciones… de rutas que habían abandonado los concesionarios, de tan escasa demanda que quedaba ya entre los usuarios.
Y bueno, ahora Javier Díaz González está arando en el mismo surco, y es que no le quedaba de otra, ante la pachorrudez de su predecesor, y que el problema de la movilidad en Saltillo, lejos de aminorar, se ha venido exacerbando con cada carro, troca, chocolate que se incorpora al parque vehicular, aderezado con su buena dotación de motocicletas y motonetas que hacen el terror de peatones y conductores, pues se manejan con su propio reglamento de tránsito, que se guardan mucho de dar a conocer a nadie.
Javier pudo haber intentado meter en cintura a los concesionarios, allí donde tantos de sus antecesores han fracasado miserable, pero productivamente, pero prefirió tomar medidas extremas, cortando por lo poco sano que quedaba. Creo un par de rutas troncales, para colmo gratuitas para el usuario, pero pagadas en su totalidad con dinero de los ciudadanos, y se halla empeñado en la reorganización de las rutas alimentadoras de estas troncales.
Se supone que el asunto va bien, lento pero bien, lentísimo pero bien, dicen que será hasta el 2026 que se inicie con la segunda etapa del programa de transporte, y allí se verá de qué lado masca la proverbial iguana, toda vez que participan los concesionarios. Ya los dejaron blanditos, se supone, luego que los pusieron a temblar con las rutas troncales, que los afectaron a algunos más, a otros menos, pero que sirvieron para que pusieran sus barbas a remojar.
Donde no me parece que el alcalde esté en el camino correcto es en su pretensión de institucionalizar el programa Aquí vamos Gratis, queriendo imponerlo a las siguientes administraciones, en un paralelismo a la mentada ciclovía de Jericó, con la que nadie se compromete, nadie se anima a quitarla ni a replantearla, y que pese a los esfuerzos de la sociedad civil, deja bastante que desear, ¿se imagina que pase algo así con las rutas troncales?, que no se de mantenimiento a los camiones, que las rutas las acorten o los recorridos se hagan más largos entre uno y otro. Sí, procuran dejarlo todo ‘amarrado’ pero los políticos se especializan en desamarrar cualquier cosa que los ate. Como experimento está bien, ¿pero a fuerzas?, nadie pasa a la historia por eso, y no le vaya a pasar como a Riquelme, que el fantasma del metrobús Laguna lo sigue persiguiendo todavía.
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