¡Gracias por su participación!

ENRIQUE ABASOLO

La única manera de tomar una decisión sobre si participar o no en la consulta popular de este domingo 1 de agosto, independientemente de la opción que pretenda cruzar es recapitulando el largo, sinuoso, tortuoso y ridículo devenir de esta iniciativa.

         Así, si decide participar de éste, el único ejercicio que no fortalece ningún músculo, al menos irá con conocimiento de causa y bien consciente de sus alcances (spóiler: ninguno). 

Repasemos: Como un Moisés en el desierto, AMLO candidato peregrinó dos décadas durante las cuales redujo su discurso político a su expresión mínima, simplificando todos los problemas del País a su quintaesencia: la corrupción, misma que habría encabezado consecutivamente cada jefe del Ejecutivo en turno, a los que él personalmente se encargaría de investigar, de perseguir y de castigar.

         En algo todavía estoy de acuerdo con él: La corrupción en México no es idiosincrática, sino institucional.

         De manera que toda eventualidad, inconveniente, contrariedad, desventura, problema, desgracia, o catástrofe acontecida, era responsabilidad directa del presidente que estaba en funciones cuando tal cosa aconteció. Si eran los 43 de Ayotzinapa o que González Iñárritu perdiera el Oscar, todo era culpa de quien ocupaba la silla.

“Pero una vez que lleguemos a la Presidencia, serán llevados ante la justicia”.

“Pues muy bien, don AMLO, se la compramos”, dijo México, que votó masivamente para ver si es cierto que su régimen significaría un rompimiento con las viejas estructuras del poder.

Pero cuando su triunfo y arribo a la Presidencia se tornó inexorable, la beligerancia e intransigencia de Andrés Manuel para con la mafia del poder se atemperó mucho, muchísimo. Pactó por ejemplo con Televisa, televisora que fue durante años una de sus principales antagonistas.

La corrupción seguía siendo, a su decir, un tumor enquistado en el servicio público, pero -no se preocupen-: “Mi sola presencia resplandeciente bastará para erradicar este problema. El puro ejemplo servirá para que todos se porten bien”.

– ¿Y qué hay respecto a enjuiciar a funcionarios de gobiernos anteriores, incluyendo expresidentes, presuntos responsables de actos de corrupción?

“Ni revanchas ni venganzas”.  “Mi fuerte no es la venganza”. “Ni represalias ni persecución”. “Buscamos el cambio por el camino de la concordia”. “Nada ni nadie vale más que la felicidad y el bienestar de nuestro pueblo”.  Fueron algunas de las frases que antes de su asunción al Poder soltó AMLO atenuando la irreconciliable postura antagónica de su personaje candidato.

Pero como López encontró que ser Presidente y acatar todos sus compromisos y responsabilidades no es ni por asomo tan divertido como ser un amado candidato con soluciones (empíricas) para cualquier desafío que la realidad nos pueda presentar, decidió retornar al personaje electorero, que señala culpables y denuncia en la arenga pero nunca formalmente ante las instancias legales porque, o no tiene pruebas de lo que acusa o porque proceder tendría un costo para sus intereses que no está dispuesto a pagar.

         Así que transfiere la decisión y la responsabilidad de hacer cumplir la Ley al pueblo bueno y sabio, al que, como payasito de concursos, pide a su audiencia que con aplausos que le haga saber su voluntad.

         – ¿Quieren que encarcele a Salinas?

         – ¡Siiiiiií!

         ¿Quieren que enjuicie a Zedillo?

         – ¡Siiiiiiiiií!

         ¿Quieren que ‘entambe’ a Fox, a Calderón y a Peña Nieto?

         – ¡Siiiiiiiiiiiiiií!

         -Y diche uno… y diche doch…. Y diche….

         Así que comenzó a hacer malabares mediáticos con el asunto de la consulta popular, cuyo sustento y justificación ha variado en reiteradas ocasiones:

         AMLO: Es para que el pueblo decida si se enjuicia a estos villanos de la Historia.

         El sentido común: La presunción de inocencia o de culpabilidad no es un asunto de voluntad popular.

         AMLO: Es para eliminar los impedimentos legales constitucionales que no nos dejan enjuiciar a los expresidentes.

         La razón: No existe ningún obstáculo legal para enjuiciar expresidentes. Gozan de fuero durante su mandato, pero una vez terminado pueden ser procesados como cualquier ciudadano.

         AMLO: Es un ejercicio democrático, pues jamás se le ha preguntado al pueblo su opinión sobre este asunto.

         La verdad: Ya se le preguntó y respondió que sí, cuando votaron por usted, viejo bufón.

         Siendo a todas luces improcedente e injustificable la iniciativa de la consulta, volcó entonces la responsabilidad a la Suprema Corte de Justicia: “Si no me la autorizan es porque el Poder Judicial está coludido con el régimen corrupto y no quieren los magistrados que lleve a los expresidentes ante la Justicia… cosa que yo ya manifesté que tampoco quiero, pero me gustaría mucho que otros quisieran”.

         La SCJ jugó bien esa pelota que le mandó el viejito y le autorizó su chingada consulta, pero la redactó para hacerla caber dentro de los límites de lo legal, la expresó como un largo circunloquio que podría resumirse en una pregunta esencial: “¿Quiere usted que se cumpla la ley… o no?”. Aún así, AMLO la promueve como si fuera una pregunta expresa sobre la culpabilidad de los últimos cinco exmandatarios.

         Con todo y que es una ridiculez, recoger la voluntad popular para esta sandez requiere de un esfuerzo logístico que de ninguna manera es gratuito. Contrario a lo que el macuspano estima, se requiere de incontables horas de trabajo y recursos materiales, por lo que el nuevo villano de la historia, el que no quiere que se haga justicia y se siente en el banquillo de los acusados, es el órgano organizador, el INE.

         A gritos y sombrerazos la consulta se celebra este domingo, una que AMLO se empeñó promover para un asunto que él no desea echar a andar. Sin embargo, es un deber ciudadano el participar, aunque el propio Andrés Manuel dijo que no lo haría y, en todo caso, votaría en contra.

         Si usted lo entiende, contésteme esta sencilla consulta, por favor: Es AMLO a). – Un comediante. b). – Un paciente con trastorno disociativo de personalidad múltiple. c). – El político más embustero, ladino, taimado y marrullero que México ha conocido desde Antonio López de Santa Anna.

         ¡Por su participación, gracias!


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