La fractura hidráulica implica un uso intensivo de agua potable y genera residuos tóxicos que podrían dañar acuíferos. Ven bajos beneficios económicos frente a altos costos socioambientales
Por Leslie Zamora
Saltillo, Coahuila, 05/11/2025 (Más).- La práctica del fracking podría incrementar los riesgos de contaminación del agua en diversas regiones de Coahuila, advirtió Claudia Campero, coordinadora de Justicia Climática en Conexiones Climáticas y miembro de la Alianza Mexicana contra el Fracking.
Durante un conversatorio realizado en la UANE, la especialista explicó que la fractura hidráulica requiere grandes volúmenes de agua limpia, la cual se mezcla con químicos y materiales que, al regresar a la superficie, resultan altamente contaminantes.
El fracking, también conocido como fracturación hidráulica, es una técnica para extraer gas natural y petróleo de formaciones rocosas muy profundas y de baja permeabilidad en el subsuelo, utilizando la inyección de agua, arena y productos químicos a alta presión para generar fracturas artificiales en la roca y así liberar los hidrocarburos atrapados.
“El fracking requiere de 29 a 80 millones de litros de agua por fractura”, señaló, al advertir que el proceso deja agua altamente contaminada con hidrocarburos, metales pesados e incluso material radioactivo.
Campero detalló que en el estado se han realizado al menos siete perforaciones exploratorias entre 2011 y 2015, principalmente en la zona norte. Algunos de estos pozos fueron productivos, pero los resultados no mostraron una riqueza significativa de gas, pese a lo cual se mantiene el interés por continuar la actividad.
Dijo que la asignación Olmos, ubicada cerca de la frontera con Nuevo León, sigue vigente y Pemex busca contratos con empresas privadas para expandir la extracción.
En Coahuila los municipios impactados por el fracking son Piedras Negras, Nava, Hidalgo, Guerrero y Progreso.
“Hay más pozos fracturados en el estado, y ahora están haciendo un nuevo empuje para fracturar más”, comentó.
La ambientalista indicó que cada fractura puede requerir entre 29 y 80 millones de litros de agua potable, que al mezclarse con sustancias químicas se transforma en un líquido tóxico difícil de manejar. Parte de esta agua se evapora o se inyecta nuevamente al subsuelo, lo que, según dijo, puede afectar los acuíferos y provocar sismicidad inducida por la lubricación de fracturas geológicas. “Se ha visto en México y en otros países que estos pozos reactivan la actividad tectónica en zonas que no la tenían”, advirtió.
Campero afirmó que los efectos ambientales del fracking son múltiples, ya que además del uso intensivo del agua, también contamina el aire debido a la quema continua de gas. Este proceso libera metano, dióxido de carbono y compuestos orgánicos volátiles que representan riesgos para la salud de las comunidades cercanas. “Está plenamente verificado que la gente que vive cerca de esta infraestructura sufre más enfermedades respiratorias, cardiovasculares y daños durante el embarazo”, explicó.
De acuerdo con la especialista, los resultados económicos del fracking en Coahuila serían limitados, pues el gas proyectado en los planes de Pemex apenas representa el 2.5 por ciento del consumo nacional. Consideró que el esfuerzo técnico y financiero no corresponde con los posibles beneficios y que el costo ambiental podría ser considerablemente mayor. “Es un aumento poco significativo con un gran esfuerzo y con una gran cantidad de costos materiales, ambientales y sociales”, expresó.
Explicó que, aunque el fracking se ha restringido o prohibido en lugares como Francia, Irlanda, California y Nueva York, en México sigue vigente gracias a la reforma energética de 2013, la cual permite el uso temporal de tierras privadas para actividades de extracción. Esto, señaló, deja a los propietarios con escasa capacidad de oponerse y sin garantía de reparación de daños. “Pueden llegar a negociar con los dueños, pero si no ceden, les pueden quitar el uso de la tierra a través de la ley”, mencionó.
Campero señaló que la expansión del fracking hacia zonas como Monclova y Sabinas aumentaría la presión sobre las fuentes de agua y la exposición de los habitantes a contaminantes. Subrayó que los riesgos no sólo afectan al medio ambiente, sino también a los trabajadores y sus familias, quienes podrían estar en contacto directo con sustancias tóxicas. “Los trabajadores y sus familias están expuestos a los contaminantes porque llevan la ropa a casa y esa contaminación llega a todos”, concluyó.
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