Ciudad de México, 25/06/26 (Más).- El consumo de fentanilo en México ha dejado de ser un fenómeno exclusivo del tráfico hacia Estados Unidos y comienza a consolidarse como un problema de salud pública en varias ciudades de la frontera norte, donde el opioide sintético ha ganado presencia entre consumidores de heroína y ha provocado un aumento en las sobredosis.
De acuerdo con información de Insight Crime, la expansión del consumo no respondió a una estrategia deliberada de distribución, sino que fue consecuencia del intenso flujo de fentanilo destinado al mercado estadounidense.
Las primeras alertas surgieron en Tijuana y Mexicali, donde organizaciones comunitarias detectaron sobredosis masivas antes de que las autoridades reconocieran la dimensión del problema.
La investigación señala que los primeros afectados fueron consumidores de heroína de larga duración, muchos de ellos en situación de calle o deportados desde Estados Unidos, quienes comenzaron a consumir la sustancia sin saber que la heroína había sido adulterada con fentanilo. Los usuarios únicamente percibieron un efecto más intenso o una rápida aparición de sobredosis.
El reporte explica que dos factores aceleraron el cambio hacia el consumo de fentanilo. Por un lado, la heroína perdió potencia y calidad, mientras que entre 2019 y 2023 la escasez nacional de metadona obligó a numerosas clínicas de tratamiento a suspender o reducir sus servicios, empujando nuevamente a los pacientes hacia el mercado ilegal de opioides.
La presencia del fentanilo ha variado según la ciudad. En Tijuana y Mexicali comenzó mezclado con heroína, mientras que en Nogales apareció en pastillas falsificadas conocidas como «M30», presentadas como sustituto de la heroína.

En Hermosillo también se comercializó en polvo y en tabletas bajo distintas presentaciones, mientras que en Ciudad Juárez su consumo continúa siendo limitado debido al control ejercido por grupos criminales, pese a que esa ciudad es uno de los principales corredores de tráfico hacia Estados Unidos.
Insight Crime señala que la información oficial aún presenta importantes limitaciones. La encuesta nacional más reciente sobre consumo de drogas estimó que apenas el 0.2 por ciento de la población ha consumido fentanilo ilícito alguna vez, mientras que la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones registró 919 personas que reportaron haber consumido esta sustancia durante tratamientos realizados en 2024.
Organizaciones civiles dedicadas a la atención de personas usuarias de drogas sostienen que el impacto inicial fue considerable, particularmente en ciudades como Tijuana y Mexicali, donde aumentaron las sobredosis fatales y la presión sobre los servicios de salud.
La distribución de naloxona, tiras reactivas para detectar fentanilo y programas de reducción de daños ha permitido disminuir el número de fallecimientos en algunas localidades fronterizas.
La investigación también concluye que el mercado mexicano no ha crecido de manera ilimitada debido a diversos factores, entre ellos la preferencia histórica por la metanfetamina sobre los opioides, el temor generado por las numerosas sobredosis y el control que ejercen los grupos criminales sobre la distribución de la droga en distintas regiones del norte del país.
De acuerdo con medios internacionales, la crisis del fentanilo mantiene una enorme diferencia entre México y Estados Unidos.
Mientras ese país registró alrededor de 70 mil muertes por sobredosis durante 2025, de las cuales aproximadamente 44 mil 500 estuvieron relacionadas con opioides, en México las estadísticas oficiales contabilizaron únicamente 114 defunciones vinculadas con opioides entre 2013 y 2022.
No obstante, especialistas advierten que existe un importante subregistro y algunas estimaciones independientes calculan que las muertes asociadas a sobredosis podrían rondar las mil 200 anuales.
Especialistas consideran que la aparición de un mercado interno de fentanilo representa un nuevo desafío para las autoridades sanitarias, ya que el país enfrenta simultáneamente el papel de productor y corredor del tráfico internacional, así como el surgimiento de un consumo local que requiere estrategias de prevención, tratamiento y reducción de daños para evitar una crisis similar a la registrada en Estados Unidos.
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