La Paz, 27/06/2024 (Más/IA).- Bolivia vivió un intento de golpe de Estado este miércoles que revela las profundas divisiones políticas que afectan al país.
A las 15:50 horas, una tanqueta del Ejército reventó las puertas del Palacio Quemado, la sede del Gobierno, en un suceso que dejó una imagen impactante.
La acción, liderada por el general Juan José Zúñiga, quien había sido destituido unas horas antes, añade más tensión a un país sumido en una crisis política y económica. Este episodio evidencia el conflicto interno del oficialismo izquierdista, dividido entre los seguidores del ex presidente Evo Morales y los del actual mandatario, Luis Arce.
El asalto al Palacio Quemado fue breve. Dos horas después, el presidente Arce, quien se encontraba en el edificio, había nombrado una nueva cúpula militar mientras los rebeldes huían y eran atacados por ciudadanos.

Zúñiga fue capturado y, durante su arresto, acusó a Arce de orquestar el golpe, sugiriendo un autogolpe para levantar su popularidad, una declaración que añadió más confusión al evento.
Estas afirmaciones fueron rápidamente desmentidas por los partidarios de Arce, conocidos como “arcistas”.
El parlamentario Juan José Jáuregui comentó: “Zúñiga, acorralado por los actos ilegales que ha cometido, no ha visto otra alternativa que pretender invisibilizarlos generando un manto de incertidumbre”.
Analistas, desconcertados por los hechos, consideran que el intento de golpe podría haber sido una acción desesperada de Zúñiga tras su destitución. Alonso Gurmendi, profesor de Relaciones Internacionales en el Kings College de Londres, calificó de absurda la teoría del autogolpe.
El conflicto entre “arcistas” y “evistas”, los seguidores de Evo Morales, es profundo.
Desde su elección en 2020, Arce ha intentado distanciarse de Morales, lo que ha provocado tensiones dentro del Movimiento al Socialismo (MAS).
Morales, quien fue presidente entre 2006 y 2019, ha acusado a Arce de traidor y ha sugerido que su gobierno intenta perpetuarse en el poder.
La situación se agravó cuando Morales convocó un congreso del MAS y fue declarado líder y candidato único presidencial, decisión que luego fue anulada por la Justicia.
Arce, por su parte, ha logrado el apoyo de organizaciones clave como la Central Obrera Boliviana, que convocó una huelga general y movilizaciones a La Paz tras el ingreso de Zúñiga al Palacio de Gobierno.
La sociedad boliviana está dividida, con ambos lados acusándose mutuamente de querer controlar la justicia. Morales ha llamado a movilizaciones para exigir elecciones judiciales, críticas dilatadas por el gobierno. Estas elecciones son cruciales para Morales, quien busca que la justicia le permita presentarse a las elecciones de 2025.
En este escenario de tensión, la oposición también está fragmentada. Figuras como el expresidente Carlos Mesa y seguidores de Jeanine Áñez y Luis Fernando Camacho, ambos encarcelados, se oponen tanto a Morales como a Arce. El intento de golpe de Zúñiga, quien fue rápidamente repudiado por la oposición y quedó solo en el marco político, terminó con la restauración del orden por parte de Arce, quien nombró nuevos líderes del Ejército y dispersó a los rebeldes.
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