Saltillo, Coahuila, 10/11/25 (Más).- Blanca Martínez Bustos, activista incansable y referente en la defensa de los derechos humanos en Coahuila, falleció la madrugada del lunes debido a complicaciones tras una intervención quirúrgica en el esófago. Su partida deja un profundo vacío en las luchas sociales que por décadas encabezó en favor de las víctimas de desaparición forzada en México.
Martínez Bustos fue directora del Centro Diocesano de Derechos Humanos Fray Juan de Larios, desde donde impulsó múltiples iniciativas contra la violencia de Estado y la impunidad.
Junto con Raúl Vera López, ahora obispo emérito de Saltillo, formó parte de una de las trincheras más activas en la denuncia de desapariciones, violaciones a derechos humanos y abusos cometidos por autoridades y grupos criminales en la entidad.
A su llegada a Saltillo en 2009, Blanca Martínez contribuyó a la creación del colectivo Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fuundec), integrado principalmente por madres buscadoras, cuyo trabajo colectivo fue clave para cimentar la Ley General en Materia de Desaparición de Personas y para la creación del Centro Regional de Identificación Humana, con sede en la capital coahuilense.
Originaria de Torreón y nacida en 1963, Blanca Martínez tuvo una larga trayectoria de compromiso social que inició desde su juventud. Participó activamente en procesos de formación durante el levantamiento zapatista de 1994, cuando colaboró con los obispos Samuel Ruiz y Raúl Vera en la Comisión Nacional de Intermediación. Más adelante trabajó en el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, en Chiapas, antes de trasladarse definitivamente a Coahuila.
Durante su carrera, Blanca Martínez mantuvo una postura crítica y firme frente a diversos gobiernos estatales y federales, exigiendo justicia para las víctimas de desaparición y denunciando tanto a la delincuencia organizada como a las corporaciones de seguridad involucradas en graves violaciones a derechos humanos. Su legado quedará marcado en las miles de familias a las que acompañó en la búsqueda de sus seres queridos, en los colectivos que ayudó a fundar y en las instituciones que promovió como herramientas de verdad y justicia. Su lucha, como la de tantas madres y activistas, trasciende su vida y seguirá siendo bandera en el movimiento por los derechos humanos en el norte del país.
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