Panamá, 16/06/25 (Más).- En un complejo industrial oculto entre la selva tropical al norte de Ciudad de Panamá, 180 especialistas trabajan sin descanso para combatir una amenaza zoosanitaria que ha resurgido en el continente: el gusano barrenador del ganado (GBG). Desde enero de este año, la planta de producción de moscas estériles de Pacora ha aumentado su capacidad al máximo para enfrentar el nuevo brote que afecta a Centroamérica y el sur de México.
Ubicada a unos 50 kilómetros del aeropuerto internacional de Tocumén, esta instalación es la única en el mundo dedicada a la fabricación semanal de 100 millones de moscas estériles, un método desarrollado en 1937 y probado como el más eficaz para detener la propagación del GBG. La operación es gestionada por la Comisión Panamá–Estados Unidos para la Erradicación y Prevención del Gusano Barrenador del Ganado (COPEG), creada tras la erradicación inicial del parásito en 1991.
El retorno de la plaga, oficialmente declarado en julio de 2023, provocó la reactivación de medidas de emergencia en todo el continente y el cierre temporal de la frontera sur de Estados Unidos a las exportaciones mexicanas de ganado, generando pérdidas millonarias diarias. Desde entonces, el complejo panameño se ha convertido en el principal frente de defensa biológica.
El proceso de producción en la planta de Pacora implica un nivel 2 de bioseguridad. Con muros de concreto de más de un metro de grosor, científicos y técnicos siguen un protocolo que inicia con la reproducción de moscas fértiles, las cuales ponen huevos sobre un sustrato que simula una herida abierta. Los huevos evolucionan a larvas y luego a pupas, las cuales son esterilizadas mediante irradiación antes de ser liberadas en zonas afectadas para interrumpir el ciclo reproductivo del insecto.
“Este año llevamos alrededor de 49 casos de miasis confirmados en los puestos de control, menos que los 60 registrados a la misma fecha en 2024”, informó el veterinario José Ábrego, jefe de Control de Movilización de Animales de COPEG. Explicó que solo en el puesto de Capira, uno de los seis puntos de verificación ganadera del país, se han inspeccionado unos 98 mil animales.

La miasis, enfermedad provocada por la larva de la mosca cochliomya hominivorax, causa lesiones que pueden llegar hasta los huesos, provocando la muerte del animal afectado. Las heridas son comúnmente aprovechadas por esta especie para depositar sus huevos. En Panamá, el clima húmedo y la presencia de murciélagos aumentan la vulnerabilidad del ganado.
Anayanzin Bernal, productora en una finca de San Carlos, reportó varios casos de infestación en sus animales. “Cuando uno ve la herida ya infectada por sus larvas en el animal, lo más común es encontrarla en el ombligo”, explicó. Añadió que el polvo conocido como Negasunt es aplicado para repeler las larvas.
Además de la producción y dispersión de las moscas estériles, COPEG realiza constantes labores de concientización con ganaderos y productores. En talleres comunitarios, se enseña cómo identificar y tratar heridas, así como evitar prácticas de riesgo.
Janina Subía, patóloga veterinaria de COPEG, calificó la situación actual como una “ola gigante”. Sin embargo, recalcó que los esfuerzos continúan con determinación. “Una cosa es sentirnos impotentes y otra que no lo vayamos a poder arreglar. Sí podemos hacerlo y estamos trabajando muy duro”, aseguró.
México ha solicitado el apoyo de COPEG desde 2024, lo que ha llevado a Panamá a abastecer aviones que dispersan las moscas estériles en territorio mexicano. Desde el centro de operaciones en el aeropuerto de Tocumén, las cargas son enviadas a las zonas de riesgo.
La planta de Pacora se ha convertido, una vez más, en el epicentro de una lucha continental para contener una amenaza silenciosa que pone en riesgo al ganado, a las economías rurales y a la seguridad sanitaria regional.
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