México podría enfrentar temperaturas históricamente altas, debido a la intensidad extraordinaria de El Niño. También se prevén alteraciones en el patrón de lluvias
Ciudad de México, 24/08/26 (Más).- México podría enfrentar durante 2027 episodios de calor de intensidad histórica, principalmente durante la primavera, ante la combinación de un fenómeno de El Niño que podría alcanzar niveles extraordinarios y la tendencia de calentamiento global asociada con las emisiones de gases de efecto invernadero.
Abril y mayo del próximo año aparecen como los meses de mayor atención para el centro y sur del país, mientras que en el norte las temperaturas más elevadas podrían presentarse posteriormente, durante el verano.
De acuerdo con información publicada por Infobae, el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos, perteneciente a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), reportó el 13 de agosto que El Niño continúa fortaleciéndose y existe una probabilidad superior a 90 por ciento de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño de 2026 y el invierno de 2026-2027.
Además, el organismo calcula en 69 por ciento la posibilidad de que entre octubre y diciembre alcance una magnitud superior a la observada en los episodios documentados desde 1950.
Las condiciones oceánicas registradas hasta ahora muestran anomalías de temperatura superficial del mar superiores a dos grados centígrados en sectores del Pacífico ecuatorial oriental. El escenario contempla, además, la posibilidad de que El Niño permanezca activo hasta la primavera de 2027 en el hemisferio norte, circunstancia que podría coincidir con la temporada en la que diversas regiones mexicanas alcanzan habitualmente sus temperaturas máximas antes de la generalización de las lluvias.
La NOAA ha subrayado, sin embargo, que la intensidad de El Niño no permite anticipar de manera automática todos sus efectos sobre el territorio. Un evento fuerte eleva la probabilidad de temperaturas extremas, alteraciones en las lluvias y periodos de sequía, pero las consecuencias pueden variar considerablemente de un episodio a otro y entre regiones.
El organismo resumió la situación al señalar: “El Niño se está fortaleciendo, con una probabilidad superior al 90% de que se convierta en un evento muy fuerte durante el otoño y el invierno de 2026-2027 en el hemisferio norte”.
Para México, uno de los periodos que concentrará mayor vigilancia será la primavera de 2027. En el centro y sur del país, abril y mayo suelen representar la etapa más calurosa previa al establecimiento de la temporada de lluvias, por lo que una anomalía térmica adicional podría propiciar nuevos máximos.
Entre las entidades que deberán seguirse se encuentran Ciudad de México, Estado de México, Morelos, Puebla, Hidalgo, Querétaro, Tlaxcala, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
En el norte y noroeste, el periodo de mayor riesgo podría desplazarse hacia los meses de verano, cuando normalmente se presentan los registros más altos del año.
Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Durango y Tamaulipas forman parte de las regiones en las que podrían observarse temperaturas especialmente elevadas. En el occidente y la costa del Pacífico también serán objeto de seguimiento Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán y Guerrero.
Estas referencias, no obstante, todavía no constituyen un pronóstico específico por entidad ni significan que necesariamente se romperán récords en todos esos estados. Los escenarios deberán ajustarse conforme se conozca la evolución de las temperaturas del océano, la circulación de la atmósfera y el comportamiento de las lluvias durante el otoño y el invierno de 2026. La distribución territorial del calor dependerá también de factores regionales y de la duración que finalmente alcance el episodio de El Niño.
El calentamiento global podría amplificar las condiciones asociadas con el fenómeno oceánico.
La Organización Meteorológica Mundial ha señalado que El Niño generalmente ejerce un efecto de calentamiento sobre la temperatura global y, cuando coincide con una tendencia climática de largo plazo impulsada por las actividades humanas, aumenta la posibilidad de establecer nuevos récords.
Como antecedente, 2024 fue considerado en su momento el año más cálido observado, en un contexto marcado por el fuerte episodio de El Niño de 2023-2024 y por el calentamiento acumulado del planeta.
La investigadora María Luisa Machain Castillo, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la Universidad Nacional Autónoma de México, ha explicado que los cambios registrados en las aguas ecuatoriales pueden extender sus efectos a regiones muy alejadas.
“Lo que ocurre en el Pacífico ecuatorial no se queda ahí, tiene repercusiones en todo el planeta”, indicó.
La especialista también destacó el papel de los vientos alisios en el transporte de energía dentro del sistema climático: “Estos vientos funcionan como un motor que redistribuye el calor en la atmósfera”. Cuando se debilitan, se modifica la interacción entre océano y atmósfera y pueden calentarse grandes extensiones del Pacífico.
El posible calor extremo no es la única consecuencia que deberá vigilarse en México durante 2027. El Niño también puede modificar la distribución temporal y regional de las precipitaciones. Históricamente, algunos episodios intensos han favorecido inviernos más húmedos en sectores del norte del país, mientras que otras zonas del centro y sur han experimentado una disminución de las lluvias durante la primavera o el verano. Investigadores de la UNAM han relacionado los eventos fuertes con una mayor posibilidad de reducción de precipitaciones y sequía, aunque estudios recientes advierten que también podrían presentarse lluvias excepcionalmente intensas en determinadas regiones.
Por esa razón, todavía no es posible establecer que México enfrentará una sequía generalizada. La disponibilidad de agua dependerá de las lluvias acumuladas durante los próximos meses, del nivel de humedad de los suelos, de las condiciones de la vegetación, del almacenamiento existente en presas y acuíferos y de la duración de los periodos sin precipitación. También tendrán influencia los frentes fríos, las tormentas invernales y, posteriormente, la actividad de ciclones tropicales. Investigadores han planteado incluso la posibilidad de que el episodio 2026-2027 presente características semejantes al de 2015, lo que podría permitir concluir la temporada de lluvias sin una sequía extendida, aunque ese escenario todavía está sujeto a la evolución climática.
Una primavera excepcionalmente cálida podría tener repercusiones directas sobre la población y distintos sectores productivos. Temperaturas persistentemente altas incrementarían el riesgo de golpes de calor, deshidratación y agotamiento, además de favorecer incendios forestales, acelerar la evaporación del agua y aumentar el estrés sobre los cultivos. También podría crecer la demanda de agua para consumo humano y actividades agrícolas, así como el uso de electricidad debido a ventiladores, sistemas de aire acondicionado y otros equipos de refrigeración.
Las altas temperaturas pueden igualmente agravar problemas de calidad del aire en determinadas zonas urbanas, aumentar la presión sobre los servicios de salud y ocasionar pérdidas agrícolas en cultivos sensibles a la falta de humedad. Por ello, la posible evolución de El Niño durante los siguientes meses será uno de los principales elementos a considerar en la preparación de los sectores eléctrico, hídrico, agropecuario, forestal y sanitario ante la temporada cálida de 2027.
El escenario debe considerarse por ahora como una alerta temprana y no como una predicción definitiva de calor récord para todo el país. La intensidad real de El Niño podrá definirse con mayor precisión durante el otoño y el invierno de 2026, mientras que los pronósticos regionales de temperatura y lluvia se volverán más confiables conforme se acerque la primavera de 2027. La combinación de un episodio oceánico potencialmente excepcional con un planeta cada vez más cálido, sin embargo, mantiene abierta la posibilidad de que México enfrente una de sus temporadas de calor más severas de los últimos años.
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