Escrutinio
Por Rodrigo Morales M.
La detención de Ernesto Ruffo es un despropósito que nos señala hasta dónde está dispuesta la actual administración a romper lanzas. Para algunos de quienes conocemos a Ruffo y sabemos de su tren y estilo de vida nos cuesta trabajo imaginar que tras el trato afable y sencillo se escondía el gran cerebro del huachicol.
Pero, más allá de la impresión subjetiva, en el proceso no se han respetado las más mínimas formas: la detención fue por demás humillante para alguien que nunca huyó, que en su momento se presentó oportunamente a declarar. Recurrir a una jueza del acordeón, el traslado a una cárcel de alta seguridad, bloquear el acceso a la documentación para su defensa, las condiciones inhumanas de su celda, la maratónica e inaccesible audiencia, etcétera, lo que acredita es que se trata de una persecución política, no de un proceso que busque procurar justicia.
Es sin duda también una burla al sentido común. Lo que sabemos de cómo opera el huachicol es que para cometer un fraude de esa magnitud lo que se ocupa es la complicidad de autoridades al más alto nivel: Marina, aduanas, gobiernos de todos los niveles y, por supuesto, integrantes de la delincuencia organizada. Hacernos creer que una empresa que gestiona permisos aduanales tiene la capacidad de operar esa compleja red es, por decir lo menos, un despropósito.
¿El nuevo Mandela mexicano?
Y no solo aquí, pretender que las agencias estadounidenses que están ávidas de que se desmonte en serio la complicidad de la delincuencia organizada con autoridades políticas, crean y estén satisfechas con este nuevo montaje es muy ingenuo.
Me parece que no solo no se sacia el apetito de las autoridades estadounidenses, sino que se exacerba el conflicto en la relación bilateral e internamente se agudiza la polarización. Son muy elevados los costos que está dispuesta a pagar la presidenta para proteger a los suyos.
Por lo demás hay historias más creíbles, como la de la gobernadora en funciones en Baja California, que siguen sin ser aclaradas. Y seguramente pronto habrá más revelaciones e indicios en contra de más figuras encumbradas del morenismo.
La fábula que se quiere construir con Ruffo no frenará esa descomposición, pero por lo pronto ya generó al Mandela mexicano y revivió la vieja consigna: ¡presos políticos, libertad!
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