Por Héctor A. Gil Müller
El INEGI presentó los resultados de su encuesta intercensal relacionada a los hogares de los mexicanos. 130.4 millones de personas habitan en viviendas particulares y poco más de 517 mil lo hacen en viviendas colectivas. Al cierre de la encuesta hay 39.7 millones de viviendas particulares y el promedio de habitantes es de 3.3 personas.
De 1990 hemos pasado de 81.2 millones de habitantes a 130.4 actualmente, en cada quinquenio la tasa de crecimiento ha ido disminuyendo. De 2020 pasamos de 35.2 millones de viviendas a 39.4 y la proporción de habitantes disminuyó de 3.6 a 3.3. También la edad promedio presenta algunos cambios pasando de 29 años a 32 años.
La aspiración natural subsiste tras completar las necesidades básicas del ser. El arraigo a la propiedad ha estado marcado culturalmente, pero movido económicamente. Sabernos propietarios de algo parece palidecer en las rectas finales de la vida, y cambiamos la propiedad por la posesión, el derecho por el disfrute. Hoy las nuevas generaciones no convienen en tener propiedades como una aspiración, sino en la libertad de elegir en donde estar como prioridad.
En uno de los discursos presentados en Davos, la cumbre económica realizada en el 2016, la política Danesa Ida Auken presentó el ensayo titulado: “Bienvenidos a 2030, no soy dueño de nada, no tengo privacidad y la vida nunca ha sido mejor” describía en ese ensayo un futuro hipotético basado en una economía de servicios y consumo colaborativo. Proponía que coches, ropa o vivienda se gestionaran como servicios compartidos alcanzables eliminando la necesidad de acumular posesiones. El escrito generó muchas críticas incluso se interpretó como una declaración de intenciones distópicas del propio foro para eliminar la propiedad privada, por lo que el propio Davos se distanció de la publicación.
Sin duda el escrito refiere una realidad, hoy usamos autos alquilados que nos transportan según nuestro antojo, compramos elementos digitales de los que no tenemos ninguna propiedad física, cada vez son más quienes se suman a la movilidad laboral o arrendan para evitar los costos asociados con la propiedad. Son nuevos negocios de una antigua intención el crecimiento.
Los movimientos culturales que nutren las expectativas de nuestra vida e interacción determinan nuestra relación con la propiedad. Y aunque nadie rechazaría la propiedad, no se encuentra en la brújula de las aspiraciones. No aumentó el número de casas por el número de mexicanos. La disposición de políticas públicas también son sensibles a esas aspiraciones culturales, es responder ante el: ¿qué queremos? Y ¿por qué lo queremos? INFONAVIT el instituto de seguridad social ligado a la vivienda en México ha facilitado la obtención de créditos y ha entregado más contratos que en épocas pasadas, pero eso también ha traído una tasa de morosidad más alta que en otros periodos lo que presiona también un tema cultural. Recientemente se anunció un aumento de 11 mil millones en la cartera vencida del INFONAVIT ubicando la cartera vencida en un 27%.
En conclusión, no solo se trata de dar, facilitar o compensar, también de construir la aspiración ante las necesidades y complicadas relaciones actuales. Las casas, como las cercas, no solo se hicieron para que lo de afuera no entre, sino también para que lo de adentro no salga.
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