Arriaga, Chiapas, 29/04/25 (Más).- La expansión de los parques eólicos en México ha traído beneficios ambientales relevantes, como la reducción de 9 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente en 2024. Sin embargo, en Chiapas, su impacto sobre la biodiversidad ha despertado preocupaciones entre científicos, organizaciones ambientales y comunidades locales, especialmente por el riesgo que representa para aves y murciélagos.
El Parque Eólico San Jacinto, ubicado en el municipio de Arriaga, ha sido uno de los casos más estudiados por su efecto en la fauna silvestre. De acuerdo con el investigador Jordán Orantes Alborez, la instalación de este tipo de infraestructura altera de manera integral los ecosistemas locales, afectando la cobertura vegetal, los cuerpos de agua y la vida silvestre. “Cuando se instala un desarrollo eólico, abruptamente cambia ese paisaje en términos de la pérdida de la cobertura vegetal y el impacto al suelo”, señaló.
Los murciélagos son una de las especies más afectadas. Mauricio Alejandro Espinosa, investigador de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, identificó al menos 11 especies impactadas por las turbinas, incluyendo al murciélago canoso (Lasiurus cinereus). El fenómeno del barotrauma —una hemorragia interna provocada por los cambios de presión que generan las aspas en movimiento— es señalado como una de las principales causas de muerte de estos animales. Además, los murciélagos pueden confundirse al intentar cazar insectos atraídos por las luces rojas de las turbinas.
Las aves también enfrentan riesgos. Estudios realizados en zonas cercanas al Parque Eólico San Jacinto indican un desplazamiento de especies hacia áreas más alejadas de los aerogeneradores. Los zopilotes aura (Cathartes aura) y común (Coragyps atratus) figuran entre las más afectadas, debido a la dificultad para posarse y al fenómeno de sombra giratoria de las turbinas, que puede alterar su percepción del entorno.
A pesar de contar con un marco normativo sólido, como la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA), expertos como Carlos Asunsolo Morales, del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), denuncian una aplicación deficiente. La fragmentación de las Manifestaciones de Impacto Ambiental (MIA) es una práctica común entre empresas, a pesar de ser considerada ilegal por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Otro obstáculo identificado es la falta de transparencia. Investigadores como Karla Guadalupe Salazar Solís señalan que las comunidades afectadas, como las cercanas al parque San Jacinto, no son informadas ni consultadas sobre los impactos de estos proyectos. Además, denuncian efectos negativos en la salud, cambios en la calidad del agua y daños sociales y económicos.
Algunas empresas implementan medidas de mitigación, como el uso de marcas rojas en las aspas para mejorar la visibilidad o el monitoreo del paso de aves migratorias para frenar las turbinas temporalmente. Según Shirley Wagner, especialista en energía, los aerogeneradores también cuentan con sensores que reducen la velocidad o detienen el rotor cuando se detecta la cercanía de aves.
En cuanto a la regulación, la Ley General de Vida Silvestre y la norma NOM-059 establecen lineamientos para la protección de especies, pero su aplicación ha sido limitada por la falta de recursos en instituciones como la Semarnat y la Profepa, afectadas por recortes presupuestales.
La energía eólica generó 7 mil 413 megavatios en México durante 2024, el 8.26% de la capacidad instalada nacional. Sin embargo, los expertos coinciden en que su desarrollo no debe comprometer la biodiversidad ni los derechos de las comunidades. La IUCN recomienda medidas como evitar hábitats sensibles, soterrar líneas eléctricas, revegetar con especies nativas y restaurar ecosistemas al desmantelar los parques.
Carlos Asunsolo propuso fortalecer la capacidad institucional, aumentar la transparencia e implementar medidas preventivas claras. “La transición energética es indispensable, pero no podemos avanzar a costa de nuestra biodiversidad ni de los derechos de las comunidades”, afirmó.
Por su parte, Orantes advierte que los intereses económicos no deben anteponerse a la salud del planeta: “Sí a las energías renovables, pero busquemos estrategias. Tal vez eso signifique reducir ganancias económicas, pero vamos a tener ganancias más importantes para el planeta”.
En un contexto de emergencia climática, el avance de las energías limpias es urgente, pero también lo es garantizar que esta transición sea justa, sustentable y respetuosa con el entorno. La supervisión efectiva y el respeto por la biodiversidad se presentan como condiciones ineludibles para lograr un futuro energético verdaderamente sostenible.
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