ENCUESTITIS AGUDA


Por Horacio Cárdenas Zardoni


Dice un principio no tan antiguo, pero que no por eso deja de ser chocantemente cierto, que si usted tiene un reloj, sabe qué hora es, en cambio si usted tiene dos relojes… jamás estará seguro de qué hora es con exactitud. Esta regla de hierro rige para todo el mundo, excepción hecha de quien detenta el poder en la democrática república imperial mexicana, en la que como cuenta el chiste, que seguro tiene una base anecdótica, a la hora que el mandatario pregunta que horas son, no falta el arrastrado achichincle que salga con la consabida frase las que usted diga, señor presidente.


Algo así nos imaginamos que ha venido pasando en este país y en este estado con las encuestas, que no sabemos si llamar políticas, electorales, del clima electoral, o cómo exactamente, porque exactamente pueden ser todo o pueden por el contrario ser nada, pues como en el cuento del señor presidente, han surgido como pandemia de covid, y además con sus correspondientes oleadas, montón de “casas encuestadoras”, que han encontrado la mina de oro de hacer dizque estudios demoscópicos, sondeos de opinión, análisis de tendencias, y cuanta cosa que suena impresionante a los oídos de quien esté dispuesto a pagarlos… siempre y cuando el resultado le sea favorable, si no, obviamente mejor vayan y véndanselo a quien salga favorito.
Desafortunadamente la vida de una nación, como tampoco la de un estado o siquiera de un municipio, puede regirse por gracejadas, ocurrencias o emociones que den paso a jocosas anécdotas, porque lo que acaban haciendo es alterar el de por sí endeble clima político previo al inicio oficial del calendario electoral, en el caso nuestro, el de la renovación del poder ejecutivo en Coahuila.


Nomás como ejemplo de que las cosas no deben hacerse con las vísceras, el otro día el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador anunció que realizará una marcha en apoyo de su reforma electoral, ¿estaba esto planeado?, claro que no, ni siquiera fue una respuesta instantánea a botepronto a la marcha del 13 de noviembre en que gente de todo el país salió a manifestarse en defensa del Instituto Nacional Electoral. Lo primero que ocurrió fueron los regaños, las ofensas, las groserías, los desafíos, y solo hasta dos días después, nos imaginamos que después de consultarlo con los duendes y asesores que duermen en su almohada, el presidente tomó la decisión de él también marchar, pero para lo contrario, demostrar que no ha perdido nada de su popularidad, que sigue contando con el respaldo popular en la misma magnitud que lo llevó a salir victorioso en aquella elección de junio de 2018.


Pero siendo como es López Obrador, no se va a conformar con hacer ver que la oposición en México, además de conservadora, fifí, machuchona, traidora, corruptaza y un montón de cosas más, es poquita cosa. Si los ciudadanos pro INE juntaron diez o doce mil, él llevará veinte mil, si juntó sesenta mil, él llevará cien mil, y si llevaron los ochocientos y feria mil que calculó una plataforma digital, él lo redondeará a dos millones, faltaba más. Ah pero manipulables como no quisieron ser, pese a que él generosamente les ofreció el zócalo de la ciudad de México, conformándose en llegar solo al monumento a la Revolución, él sí se comprometió a marchar desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo, y a las nueve de la mañana, “para que nos toque buen sol”, ah pero además… su informe de gobierno está programado para las seis de la tarde “para que no se nos haga de noche”… con lo que cabe preguntar ¿aguanta la salud del presidente, que tan alicaído se ha visto en los últimos meses, una caminata a pleno sol, a paso de marcha, desde el Ángel hasta el zócalo, luego aventarse allí una arenga, ¿pues cómo desaprovechar la oportunidad de que su pueblo bueno y sabio lo oiga?, para seguirse a media tarde con su informe, y nos sospechamos que luego habrá, como en los anteriores, un concierto o bailongo, como que es mucha actividad ¿no le parece?, todo por querer responder, callar y aplastar a los contrarios, tan fácil que hubiera sido decir ¿se juntaron? ¿y?
Lo mismo ocurre con las encuestas. Mire, a nosotros nos daría pena decir, como cierto aspirante acapulqueño que la gira de tecolote, y no muy bien que digamos: ¡vean!, aquí traigo cuatro encuestas, siete encuestas en las que soy el mero mero gallo de MORENA para la gubernatura; todo para que al día siguiente el senador Armando Guadiana a su vez salga diciendo, nel mi chavo, yo traigo estas otras cuatro encuestas, y son más grandes que las tuyas y yo soy el “number one”, seguido de Luis Fernando Salazar, a quien también se tranzaron con unas encuestas en las que las mujeres quisieran pasar una noche de pasión con él, y un buen trancazo de gays dijeron lo mismo… lo de la noche de pasión, que no necesariamente que unas y otros votarían por él, ni para candidato de MORENA ni para gobernador, porque estará “muy bueno” para padrote de velorio, pero para gobernador jamás.


La lógica del presidente sería yo mando de aquí hasta el 2024, y que el mundo ruede, ¿qué necesidad de exponerse a nada?, la lógica de los aspirantes debería ser contratar una, UNA sola casa encuestadora, una de a de veras, una probada nacional e internacionalmente, y confiarse a lo que les diga, ah no, pero desconfiados como no pueden dejar de ser, hasta el horóscopo leen y piden que les hagan su carta astral, donde siempre salen, qué curioso, que serán poderosos mandatarios, aunque los astros se resisten a decir de qué.


La autoridad electoral debería prohibir la encuestitis, es más, déjese del INE o el IEC que están en la picota, el código penal debería establecer que son equiparables al fraude maquinado, a ver si así le siguen al negocio… y me canso que lo seguirían, vendiéndolo además como una verdad obtenida bajo riesgo de prisión y multa.


Las encuestas le hacen mucho daño a los políticos, desde físico hasta anímico, dañan la moral de sus seguidores, enrarecen y envilecen las campañas, las precampañas y las pre precampañas, no por nada la gente está harta de ver políticos enseñando el cobre por… por nada, por lo que les dicen, por lo que otros dicen que les dicen, y en fin. ¿Cuál es la solución de este entuerto?, bien fácil, tire un reloj, o guárdelo, ¿qué le importa saber la hora, si no puede confiar en lo que le van a contestar?, igual con las encuestas, en vez de hacer caso de todas, no haga caso de ninguna.


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