El domingo la pequeña sala comedor de dos metros por cuatro se transforma en iglesia, los muebles se acomodan de tal manera que puedan recibir a las familias del barrio, Es una de las últimas casas, de una de las últimas colonias de la mancha urbana de Saltillo, ahí viven Rosy y Juanito, un matrimonio que realiza una labor silenciosa, lejos de los reflectores, pero muy valiosa.
Aún que viven, al igual que todos los vecinos del barrio, en medio de privaciones y carencias económicas, Rosy se las ingenia para tener premios para los niños que acuden los domingos a su casa, siempre comparte algún aperitivo y el último domingo de cada mes se parte un pastel en honor de quienes cumplen años.
Las tardes tristes de domingo son diferentes en la colona Misión Cerritos, al menos para las familias que acuden a la casa de Rosy y Juanito, a recibir esperanza en medio de las dificultades, a recibir un trago de agua fresca en medio del desierto.
La callada labor de este matrimonio no es de ahora, Juanito recuerda a los primeros niños que recibieron en su casa para la escuelita dominical, ahora ya son adultos, algunos se casaron y ya hasta tienen hijos, pero es seguro que en algún rincón interno aún guardan alguna palabra de consuelo y bálsamo para enfrentar los momentos más difíciles y las dificultades mayores que seguramente vendrán en el futuro.
Pero ¿por qué les estoy hablando de esto en un espacio editorial que se caracteriza por tocar temas políticos con críticas ácidas y cáusticas? Porque de alguna manera, en medio de una creciente descomposición social, el trabajo que realizan Rosy y Juanito contribuye a la armonía en el entorno social de su barrio, si, le prestan un servicio a la sociedad, son generadores de armonía y paz social, eso se traduce en beneficios que disfruta no solo la ciudad, sino el propio gobierno.
¿Cómo es esto? Muy sencillo, en un entorno de armonía social, hay menos violencia y menos delincuencia, hay también menos drogadicción, menos violencia intrafamiliar y menos abuso de los más fuertes en contra de los más débiles, en resumen, hay un mayor control de ese tipo de fenómenos que tanto están creciendo y que tanto están lastimando a las familias de todos los niveles sociales, no importa si son ricos, pobres o de la clase media.
Los gobiernos son usufructuarios de estas iniciativas que surgen desde lo ciudadano, se organizan desde lo ciudadano, se financian y se impulsan desde lo ciudadano, es decir, el gobierno no hace nada, ni un centavo destina a este tipo de acciones sociales y tal vez así sea mejor, ¿para qué llevar la contaminación de la política a una actividad que es socialmente pura? si mete las manos un partido lo primero que va a pedir es que adoctrinen y pidan el voto a su favor.
Estoy seguro de que Rosy y Juanito no son el único matrimonio que contribuye a la cohesión y la armonía social en las diferentes comunidades, colonias y barrios no solo de Saltillo sino de Coahuila y esto sirve para mostrar como los ciudadanos se organizan para suplir las necesidades sociales en donde las instancias de gobierno son omisas o profundamente torpes.
Este tipo de iniciativas sociales se ven en el deporte y en la cultura, áreas en donde el apoyo gubernamental es solo aparente. En el deporte, por ejemplo, la gente se organiza y paga de su propio bolsillo el sueldo de los entrenadores, el equipamiento que requieren los niños y adolescentes para practicar la disciplina deportiva que más les agrada, costean también el mantenimiento de las instalaciones, el arbitraje y los viajes a torneos fuera de la ciudad, y ya cuando surgen talentos, entran los gobiernos para tomarse la foto y beneficiarse de algo en lo que no contribuyeron.
Lo mismo ocurre con la cultura y en algunos otros ámbitos como el altruismo y la atención a ciertos problemas sociales.
Es momento de que el gobierno se replantee la esencia de su labor, abra los ojos y descubra como la solución a los problemas más complicados tal vez se encuentra donde nunca pensaron, son las personas que viven los problemas quienes tiene las mejores opciones de solución.
Como decía Facundo Cabral, hay que volar bajo, porque abajo está la verdad.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
