ELPODER DE SU FIRMA 1313

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Vicente Fox Quesada fue quizá el candidato presidencial más exitoso que haya conocido México hasta la elección del año 2000. Simpático, respondón, dicharachero, el empresario metido a político de derechas, que no necesariamente del Partido Acción Nacional por el que compitió por la gubernatura de Guanajuato, una diputación federal y finalmente la presidencia, le supo caer bien a mucha gente. ¿Y cómo no, si hasta ese momento la política nacional había sido excesivamente solemne, acartonada incluso, aun personajes como Manuel J. Clouthier, quien tenía su cierto sentido del humor ácido, no pudo sustraerse a ese estilo ceremonioso de hacer política, ante un pueblo al que se quería apantallar, pero ante todo, seguir manteniendo distancias. Fox fue el primero que vimos que hasta postales con su foto repartió, y la gente hasta las enmarcaba, si solo les faltaba el autógrafo para convertirse en reliquia.

Entre las tepocatas y las víboras prietas, entre el sacar al PRI de Los Pinos, a la gente le encantó tener un bufón de candidato y convertirlo en presidente, total, no podía ser peor que el aburrimiento total que era entonces Ernesto Zedillo. El único problema es que… Vicente Fox Quesada anduvo encantado por todo México haciendo lo que mejor se le daba, las bufonadas, pero eso de hacer un plan de gobierno, algo que llevar a cabo durante seis largos años de su gestión, de eso nada, y es que la verdad sea dicha, ni él mismo pensaba que pudiera ganar.

Recorrer el país, es más, el mundo entero, prometiendo lo que la gente quiere que le prometan, le gana los aplausos fáciles, y en un descuido, también los votos de personas que no ven más allá del relumbrón del momento. Los políticos que tienen la experiencia de gobernar, son mucho más parcos en sus promesas, saben que la gente, y sobre todo la prensa, se la va a pasar recordándole qué fue lo que prometieron, dónde lo prometieron y ante quienes, si las hay, reproducirán hasta la nausea las fotografías, las grabaciones de audio y los videos, ah y ahora lo interpretarán en fabulosos memes. Por eso es por lo que se cuidan, para evitar reclamaciones en el momento más inconveniente, o sea todos. Por eso es que ya no andan con aquello de, lo prometo y te lo firmo, que tantos sinsabores le costó a Enrique Peña Nieto cuando andaba de candidato a presidente, y le recordaron lo que había dejado pendiente de cuando había sido candidato, pero a gobernador del Estado de México. Ya después de eso, los demás políticos, de todos los partidos, se han medido más… los que tienen posibilidad de ganar, los otros andan como toda la vida, prometiendo convertir el agua del Río Bravo en jugo de naranja.

Hace algunos días la Coalición de Trabajadores de la Educación hizo una jugada maestra. Convocó a los cuatro candidatos en contienda por la gubernatura del estado de Coahuila, a escuchar la situación en que se hallan los distintos componentes de la seguridad social del magisterio, y ya entrados en gastos, a firmar un pliego de compromisos para resolver los problemas que lo rodean.

Al evento, celebrado en el auditorio de la universidad La Salle, acudieron Ricardo Mejía Berdeja, Armando Guadiana Tijerina y Evaristo Lenin Pérez Rivera, candidatos respectivamente del Partido del Trabajo, de Morena, y de la coalición Unidad Democrática de Coahuila y Partido Verde. Fue notoria la no asistencia del candidato de la coalición PRI, PAN y PRD.

Ni que decir que los profesores, jubilados y alguno que otro activo, se pulieron en dar una clase magistral a tres personajes de la escena política coahuilense, que los escucharon con la atención del caso… habría que preguntarles de qué se acuerdan de lo que escucharon, más lo que ya sabían, más lo que se les ocurra prometer, y ni tardos ni perezosos, bueno quizá un poco, firmaron el documento que les pusieron delante.

La pregunta obligada es ¿y porqué no fue Manolo Jiménez al evento?, desde luego que cada quien tendrá su respuesta y su interpretación, la nuestra es muy sencilla, a la luz de lo que venimos comentando desde el principio de esta columna, el único que en este instante tiene posibilidad de triunfar en la elección del 4 de junio, es ni más ni menos que Manolo Jiménez, los otros tres no están ni cerca.

Imagínese que gana Manolo el día 4, más el tiempo que se tarden las autoridades electorales en validad la elección, más el tiempo que se resuelvan las impugnaciones que seguramente habrá, más el solventar todos los recursos ante todas las instancias ante las que se presenten, pero desde el instante preciso en que se de por ganador, en ese instante se haría exigible el cumplimiento de los compromisos firmados, este con los maestros y cualquier otro que haya aceptado respaldar con su rúbrica.

Los otros no, ellos firman porque no les van a exigir nada, si en algún futuro se encuentran a los líderes del movimiento, se saludarán con toda la solidaridad del caso, si yo hubiera ganado ya estuviera resuelto su asunto, pero ya ven, no nos favoreció el voto, el discurso iría por ese camino, con pocas desviaciones. Ah pero si alguno hubiera ganado, estarían pasando aceite, porque esos compromisos implican dinero… bastante dinero, del que no tendrían de dónde echar mano, al menos no en los primeros meses de la gestión, en los que se suelen juntar las obligaciones, con el cumplimiento de las primeras promesas.

Manolo no firmó, no porque no esté consciente de la situación de los profesores, porque no le interese, porque quiera sacarle la vuelta a ese problema específico. No firmó porque, como gobernante, hay que hacer las cosas como él las considere plantear, no al ritmo que le imponga cada uno de los sectores, grupos de interés o personas involucradas.

Que igual, si al paso de las primeras semanas no hay pronunciamiento, los profesores agrupados en la coalición se harán presentes como lo han venido haciendo desde hace siete años o más, dejando hasta sangre en las banquetas y su huella en los separos de seguridad pública. De que va a haber diálogo, lo tiene que haber. De que se tiene que aplicar la ley, la vigente, y quizá plantear las reformas que empujan los profesores coaligados, pero hay que respetar los tiempos y las formas.

Sí, hubiera sido padre, para la foto, que todos los candidatos firmaran un cheque en blanco, a sabiendas que alguien tendría que cubrir el monto que le escribieran allí, pero las cosas no funcionan así para el que tiene posibilidad de ganar, los que van perdiendo, esos sí, a seguir repartiendo compromisos, que para eso andamos en campaña.


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