Ciudad de México, 18/08/26 (Más).- La relación de Federico García Lorca con América Latina marcó una etapa decisiva en su vida y obra, al ofrecerle reconocimiento internacional, nuevas experiencias culturales y una mayor libertad personal. Sin embargo, uno de los viajes que nunca realizó, el que tenía previsto hacer a México, quedó con el tiempo como una posibilidad que pudo haber cambiado el destino del poeta español, asesinado en 1936 durante la Guerra Civil.
De acuerdo con información de BBC News Mundo, García Lorca desarrolló una estrecha relación con América Latina a partir de su viaje a Cuba en 1930 y posteriormente con sus estancias en Argentina y Uruguay. México también formaba parte de sus planes, pero el poeta nunca llegó a viajar al país antes de ser asesinado a los 38 años.
La primera experiencia latinoamericana de Lorca ocurrió en La Habana, ciudad que había despertado su imaginación desde la infancia. El poeta conocía Cuba a través de las ilustraciones de las cajas de puros que llegaban a la casa de su familia en Fuente Vaqueros, Granada, además de las habaneras que escuchaba tocar a sus tías y las historias que había recibido de amigos cubanos.
Cuando desembarcó en La Habana en marzo de 1930, invitado por la Institución Hispano-Cubana, fue recibido como una celebridad. Permaneció poco más de tres meses en la isla, donde ofreció siete conferencias con localidades agotadas y recorrió distintos lugares, entre ellos Cienfuegos, Varadero y los valles de Yumurí y Viñales.
El impacto de Cuba no se limitó al reconocimiento público. Según los especialistas citados por BBC, la estancia representó para Lorca un periodo de mayor libertad personal y contribuyó a que viviera su homosexualidad con mayor apertura. Durante ese viaje comenzó además la escritura de El público, una obra experimental en la que abordó de manera explícita el amor entre personas del mismo sexo.
El propio poeta quedó profundamente impresionado por La Habana, ciudad que comparó con Málaga y Cádiz, aunque consideraba que el ambiente cubano era más animado y relajado por la influencia del trópico. En una carta a su familia llegó a describir la isla como un paraíso y manifestó que, si alguna vez se perdía, quería que lo buscaran en Andalucía o Cuba.
Después de Cuba, Lorca viajó a Argentina y Uruguay, donde su prestigio internacional aumentó considerablemente. En Buenos Aires llegó el 13 de octubre de 1933 y fue recibido en el puerto por diplomáticos, escritores, fotógrafos y periodistas.
Durante casi seis meses, la capital argentina se convirtió en uno de los principales escenarios de la trayectoria internacional del dramaturgo. Sus obras llenaron teatros, sus conferencias reunieron a miles de personas y los periódicos siguieron sus actividades, encuentros y recorridos por la ciudad.
El éxito de Bodas de sangre fue uno de los principales motivos de su popularidad. Una nueva puesta en escena a cargo de la actriz Lola Membrives permaneció durante meses en cartel y superó el centenar de funciones. En una de las presentaciones, el público del Teatro Avenida lo ovacionó durante cinco minutos.
La estancia argentina también permitió a Lorca relacionarse con diferentes sectores de la vida cultural, desde círculos intelectuales vinculados con Victoria Ocampo y la revista Sur hasta espacios teatrales populares. En Buenos Aires conoció además al poeta chileno Pablo Neruda, quien posteriormente se convirtió en uno de sus amigos más cercanos.
El reconocimiento obtenido en Argentina también tuvo una dimensión económica. El éxito de sus obras le permitió comprobar que su teatro podía alcanzar grandes públicos fuera de España y generar ingresos, una cuestión que tenía importancia para el poeta debido a sus preocupaciones económicas y familiares.
En enero de 1934, mientras se encontraba en Argentina, Lorca viajó a Montevideo. Allí volvió a encontrar un público que seguía con interés sus obras y conferencias. La compañía de Lola Membrives había presentado Bodas de sangre con éxito y su Romancero gitano se encontraba agotado en las librerías.
Durante su estancia uruguaya, Membrives insistió en que terminara Yerma. El poeta avanzó en la escritura de la obra mientras permanecía en el Hotel Carrasco, pese a las numerosas invitaciones sociales que recibía durante el verano y el Carnaval de Montevideo.
A su regreso a Madrid, la prensa progresista española llegó a describirlo como uno de los principales embajadores culturales de España en Sudamérica. Para Lorca, sus viajes latinoamericanos habían ampliado tanto su reconocimiento como sus posibilidades de creación y expresión personal.
México ocupaba un lugar diferente dentro de sus planes. El poeta había establecido vínculos con artistas mexicanos, seguía con atención el éxito de varias de sus obras en el país y había expresado en distintas ocasiones su deseo de conocerlo personalmente.
La actriz Margarita Xirgu, con quien Lorca colaboraba, insistió especialmente en que viajara a México. La invitación cobró fuerza después del éxito de Yerma en La Habana en 1935 y en medio del creciente deterioro de la situación política y social española.
Sin embargo, Lorca decidió posponer el viaje. Se encontraba involucrado en nuevos proyectos y mantenía una relación cercana con Rafael Rodríguez Rapún, antiguo secretario de La Barraca, por lo que no quería alejarse de España. Finalmente, nunca llegó a aceptar la invitación para trasladarse a México.
En julio de 1936, el poeta regresó a Granada para pasar unos días con su familia. El levantamiento militar del 18 de julio lo sorprendió en esa ciudad, donde quedó atrapado por el avance de la Guerra Civil.
Un mes después, en agosto de 1936, García Lorca fue detenido y asesinado por los sublevados franquistas. Tenía 38 años. Su muerte convirtió su figura en uno de los símbolos más reconocidos de la literatura española del siglo XX.
La posibilidad de que un viaje a México hubiera evitado su muerte pertenece al terreno de las hipótesis. No existe manera de determinar qué habría ocurrido si Lorca hubiera aceptado la invitación de Margarita Xirgu y se hubiera trasladado a América antes del estallido de la guerra.
Su relación con América Latina, sin embargo, sí dejó una huella comprobable en su trayectoria. Cuba, Argentina y Uruguay ampliaron su público, fortalecieron su independencia artística y económica y contribuyeron a transformar a un joven dramaturgo español en una figura de alcance internacional.
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