Por Horacio Cárdenas Zardoni
Fernando Rodríguez González se había inscrito como aspirante a candidato a gobernador del estado de Coahuila, como independiente, es decir, sin contar o sin buscar el respaldo de ninguno de los partidos políticos registrados y autorizados por el Instituto Electoral de Coahuila. La semana pasada, de manera que a algunos nos pareció sorpresiva, el propio IEC hizo público un comunicado en el que hacía saber a la opinión pública que Rodríguez oficialmente declinaba en sus aspiraciones.
No hemos platicado con él, sus razones habría tenido para inscribirse inicialmente en una carrera difícil, casi imposible, pero en la que, al menos en el estado vecino de Nuevo León y para el Congreso de Jalisco, hay antecedentes de que echándole suficientes ganas, sí se puede. Seguramente también tuvo sus razones para darse por vencido en la segunda fase del proyecto personal y político emprendido, pero desde nuestro punto de vista, con lo engorrosamente requisitosos que en el Instituto Electoral de Coahuila, y para el caso también en el federal y los de todos los estados, el que se aviene a juntar todo lo que le piden, ya merece una medalla, y un reconocimiento por su paciencia y perseverancia.
Pero una cosa es juntar papeles y otra es reunir firmas para cubrir el requisito de tener la simpatía de por lo menos 1% del padrón nominal, eso, para cualquier ciudadano, puede parecer cuesta arriba. Oiga, si a la ora que los requiere uno, no consigue uno donadores de sangre, y mucho menos donadores de plaquetas, conseguir que nos aporten su firma y nos permitan fotografiar su credencial de elector, para incluirlas en el listado de algo más de treinta mil firmas que se exigen, no es una empresa sencilla para la mayoría de los ciudadanos con aspiraciones políticas, casi podríamos decir que, pese a todo, es más sencillo lograr que el partido, cualquier partido, pero sobre todo los conocidos coloquialmente como partidos morralla o partidos bonsai, entre ellos las sucursales coahuileñas de partidos que en otros estados tienen una buena presencia y hasta han conseguido alcaldías, la propia gubernatura y muchas posiciones de representación en cabildos y congresos, es más factible que irse por la libre.
Que sí, la idea de buscar una candidatura independiente tiene mucho que ver con capitalizar el descontento que pueda tener el electorado con el gobierno y en particular con los partidos políticos autorizados, que la verdad sea dicha, dejan bastante que desear en cuanto a tener una conducta irreprochable, más bien todo lo contrario. A veces el deslinde es efectivo para distanciarse en la mente del elector, de opciones políticas que, más que proponer, pelean, más que movilizar la población con fines de beneficio colectivo, se centran en hacerse del poder, cuando hay elecciones, y fuera de los tiempos políticos, vegetan en grillas de lo más bajas. Pero bueno, sobre todo en ciudades y pueblos tan chismosos como los de Coahuila, mucho tiene que ver la fama pública, que aquí es imposible no tenerla, buena o mala.
Y a este respecto hay un aspecto que tiene su peso, amplio en los resultados de los procesos electorales, pero al que se hace menos caso que, por ejemplo, las encuestas, que estas sí, se hacen por la mañana en una población equis, se procesan al gusto del cliente, y para la tarde tiene uno tablas, gráficas e interpretaciones que la mayoría de las veces no aclaran el panorama, ah pero cómo dan qué hablar.
Nos estamos refiriendo a las famosas listas de simpatizantes, que para alguna gente, sobre todo aquellos que trabajan en el gobierno, pero no exclusivamente, representan una auténtica pesadilla.
¿En qué consisten?, su nombre lo dice, son listas, pero el asunto que las hace complicadas es que el partido le pide a cada uno de sus militantes o simpatizantes, que consigan un número determinado de firmas de personas que acrediten tener su credencial de elector, para sumarlas al conjunto de lo que se considera será el voto duro, el que ya se tiene prácticamente asegurado, por más que no haya una garantía de que quien puso su firma y prestó su credencial, finalmente acabe sufragando por el candidato para el que se pidió el apoyo.
Para el que redaba las firmas, sobre todo si es una persona tímida o no muy popular, conseguir las diez firmas es difícil, habrá otras más abiertas, para las que diez es un paseo por el parque, perfectamente podría conseguir cien si se las pidieran, pero como decíamos antes de los donadores de sangre o de quienes se apunten en una rifa entre amigos para alguna causa altruista, no es tan sencillo como uno quisiera.
Para ciertas personas conseguir diez personas representa enemistarse con familiares, con vecinos, con compañeros de trabajo, por más que a estos les hayan pedido lo mismo, y a veces pueden ponerse de acuerdo para “prestarse” las credenciales y las simpatías entre varios, total ¿a poco de veras hay un partido con la capacidad o el interés de procesar los listados, encontrando las “trampas” o marrullerías?, no, más bien nos imaginamos, porque nunca hemos estado allí dentro, donde ocurren esas cosas, nomás se contabilizan las hojas llenas, se suman unos más otros, y se ofrece al equipo de campaña un número grueso de simpatizantes, ya con eso ellos y el candidato pueden dormir tranquilos, cuando menos esa noche, cuando menos un rato. Con esta apreciación, imagínese lo que será conseguir treinta mil firmas… sobre todo en municipios donde no lo conozcan a uno ni de oídas, buenas o malas.
Peor se la ponemos, antes era relativamente sencillo que la gente cediera a prestar su credencial para incluirla en una lista de apoyo, por que conocían al que la pedía, porque favor con favor se paga, como dicen por allí, porque les daba lástima, por lo que fuera, pero de un tiempo para acá, no es tan simple, y es que ¿qué tal si me quitan la pensión de los viejitos, o la beca para los niños, o los ninis, o lo que sea? Y esto lo decimos para quienes simpatizan con este o con aquel partido, con o sin posibilidades de ganar.
Sabemos, por ejemplo, que existe la práctica, no muy legal, nada legal, de comprometer a la gente a tomarse una foto con la boleta llena a favor del candidato, hay otros que les dan la boleta ya tachada, pero pensemos que esto último no va a ocurrir, y en todo caso ¿para qué sirve?, el día de la elección eso significa apenas un dato preliminar que no impacta mayormente en el resultado final, o ya parece que algún partido va a llegar con el tambache de fotografías de gente con los votos, se podrían dar casos, pero hasta ahorita no.
La tesis es que ahora los votos se cotizan como nunca antes. Se decía que un voto valía 200 pesos, o 500 pesos, o mil, o que valía una despensa o un paquete de materiales de construcción, o lo que quiera, ahora los votos valen más, conseguirlos en previsión bastante más que lo que costaban hace años, los desistimientos son una prueba, y para los partidos que anden juntando listas, ha perdido su capacidad predictiva, por una vez, y ojalá sea así de aquí en delante, los partidos tienen que valorar lo que tienen seguro, lo que pueden conseguir, y lo que pueden perder si andan molestando a la gente con que les presten su cr
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