Madrid, 10/09/24 (Más / IA).- Cuando una persona se quita la vida, deja tras de sí un rastro profundo de dolor, incomprensión y culpa en sus seres queridos, quienes son conocidos como “supervivientes”.
Este término, según la Asociación de Psicología y Psiquiatría para Adultos y Niños (APPAC), se utiliza porque el nivel de estrés que experimentan es comparable al de quienes han vivido situaciones extremas, como campos de concentración o conflictos bélicos. Para ellos, el duelo es un proceso intenso que, en muchos casos, no se disipa; en su lugar, buscan maneras de convivir con un dolor que, como lo describen, “te come”.
A pesar de la magnitud del problema, el suicidio y sus consecuencias son temas sobre los que se habla poco, y menos aún sobre el impacto en los supervivientes. En 2023, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), 3,952 personas se suicidaron en España, afectando íntimamente a un promedio de seis personas por cada caso, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto significa que, cada año, más de 19,000 personas enfrentan las secuelas traumáticas de perder a un ser querido por suicidio.
El peso de la culpa y el tabú
Juan José Escudero Barrera, de 64 años, perdió a su hijo de 19 en 2022. En su búsqueda de apoyo, tecleó la palabra “superviviente” en internet, solo para encontrarse con programas de televisión que nada tenían que ver con su dolor. “El dolor te come, te coge la desesperación. Te sientes culpable, empiezan los ‘y si’. Muchos supervivientes se aíslan, evitan amigos y familiares, porque el suicidio es un tabú”, explica.
Para él, hablar de lo sucedido ha sido una válvula de escape, aunque el dolor sigue presente. “Nuestro duelo es constante. En nosotros, el concepto del tiempo ya no existe”, comparte, sentado en una terraza de Madrid. A pesar de intentar volver al trabajo, Escudero se dio cuenta de que no podía continuar y decidió prejubilarse. Fundó la asociación Sendas, dedicada a la prevención del suicidio y la salud mental, lo que le ha permitido encontrar una luz en medio de su oscuridad.
La vida profesional tras la pérdida
El duelo por suicidio también tiene un impacto significativo en la vida laboral. Escudero cuenta cómo, al intentar regresar a su empleo, se enfrentó a la incomprensión de sus compañeros, quienes, al verle sonreír en alguna ocasión, no entendían el profundo sentimiento de culpabilidad que lo asaltaba. “De vez en cuando, alguien hablaba de sus hijos, y entonces te destroza”, comenta.
Cristina Blanco, socióloga y profesora jubilada, perdió a su marido por suicidio en 2012. Cayó en una depresión profunda y necesitó tiempo para recuperarse. Años después, fundó la asociación AIDATU y el primer posgrado en Suicidiología en España. Para ella, hablar abiertamente del suicidio fue esencial desde el principio, aunque se topó con el tabú y el silencio social. “La culpa, la sensación de abandono y la soledad social son brutales”, explica. Con el tiempo, ha aprendido a vivir con el miedo y la incertidumbre, reconstruyendo su vida mientras ayuda a otros en situaciones similares.
El duelo y la reconstrucción familiar
El duelo tras un suicidio no solo afecta a nivel emocional, sino que también altera la dinámica familiar. Como explica Blanco: “La culpa no es solamente personal, hay una distribución de culpas en la familia”. Esta reorganización emocional es uno de los mayores desafíos para los supervivientes, quienes a menudo no encuentran los recursos necesarios para sobrellevar su dolor. “No es solo el duelo emocional, es cómo se reorganiza la vida familiar”, subraya.
Itsaslore Yarza, profesora de secundaria, perdió a su hermano en 2019. El dolor la transformó profundamente, y aunque reconoce que ha aprendido a vivir con ese “agujero en el corazón”, también destaca la importancia de visibilizar las diversas formas de llevar el duelo. “Cada manera de vivirlo es diferente”, explica, y recalca la necesidad de no estigmatizar a quienes buscan ayuda profesional, pero también de permitir que cada persona procese su pérdida a su manera.
La prevención desde la posvención
Hablar del suicidio es una de las maneras más efectivas de prevenirlo, afirman los expertos. Según el psicólogo Gabriel González Ortiz, visibilizar el dolor de los supervivientes es una forma directa de frenar futuros suicidios. Como destaca Blanco, es esencial que los medios de comunicación y la sociedad aborden este tema de manera abierta y sin tabúes. Su historia, y la de miles de personas que han perdido a sus seres queridos, subraya la urgencia de seguir hablando del suicidio no solo como problema de salud pública, sino también como una forma de prevenir nuevos casos. El duelo de los supervivientes es una experiencia dolorosa que nunca se supera completamente, pero aprender a vivir con ese dolor y hablar de él puede ofrecer un camino hacia la sanación.
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