Por Horacio Cárdenas Zardoni
Sí, han repetido hasta el hartazgo que no son iguales, iguales a nadie, no solo políticos, sino mexicanos y aun, distintos del resto de la humanidad pasada y presente, y la verdad de las cosas es que como aquel título de un libro de ciencia ficción son humanos, demasiado humanos, e incluso podríamos decir que siendo lo que son, habiendo sido lo que siempre habían sido, carecían de la preparación para llegar al poder, hacerse cargo de la nación, y dirigirla hacia algún futuro razonablemente visualizado, a diferencia del que se grita en consignas, repitiendo durante años y décadas lo que al final, no han podido aterrizar, ni podrán, por el simple hecho de que el dinero para poder hacerlo, ya se les acabó.
Varios son los ejercicios que se han hecho para desentrañar lo que es la cuarta transformación, quisiéramos poder decir que han sido muchos: foros, congresos, simposios, asambleas, no sé, hasta retiros, para llegar a un corpus de principios, fines, estrategias, políticas, códigos de conducta y demás que constituyen ese algo identificable al que la gente quiera sumarse, conocer, interiorizar y hacer finalmente propio, en beneficio de uno mismo y, en este caso, de la nación mexicana como conjunto, pero no, la cuarta transformación nunca ha hecho esta clase de cosas, o si las ha llevado a cabo han sido tan en secreto que nada se sabe de ellas, y a como vemos que se comportan en su calidad de funcionarios públicos, de políticos, de aspirantes a puestos de elección popular, mucho nos tememos que aquello con lo que los adoctrinan, no sirve para absolutamente nada.
El caso es que la cuarta transformación cada quien la interpreta a su manera. Por eso es que se puede hablar de duros o radicales, y de otros más tranquilos e institucionales, aquellos dicen que están con López Obrador, pero con un López Obrador que si alguna vez existió, se terminó haciendo viejo, de su discurso flamígero ya no quedan más que balbuceos que no encienden más que lástima, y bueno sí, aplausos de quienes están en la nómina, pero del resto, lo dicho, lástima. Viene a resultar que la cuarta transformación ni siquiera es ya patente de MORENA, allí anda un Fernández Noroña diciendo que él y nadie más es el heredero y continuador de la 4T, rollo que nadie se toma siquiera la molestia de desmentir ni discutir ¿pues para qué?, si todos andan emboletados en sus propios asuntos.
La cuarta transformación es algo tan ambiguo, que hasta caben enemigos acérrimos, como Ricardo Monreal y todos los que quisieran lincharlo solo para complacer al presidente, cabe gente honesta y pensante que convive lo menos posible con caciques importados, con corruptos rescatados de donde fuera por lo que pudieran traer de dinero e influencia, hay quienes han hecho talacha hasta heroica, y otros que nomás han llegado a tomar posesión de lo que ya tenían apalabrado. La cuarta transformación, como MORENA su brazo electoral, el más propio de sus tentáculos, es lo que sea, menos homogéneo, y son mas las diferencias que las semejanzas, y solo los optimistas piensan que eso le da fortaleza, que la suma de vicios, truculencias, y demás debilidades, consolida el poder del que goza actualmente.
Ahorita están allí porque les conviene, pero así como llegaron, así se irán. Allí donde estaban no medraban todo lo que sentían que podían y por eso se sumaron a un proyecto que venía con la enorme fuerza del resentimiento popular en contra de las, ahora sí que oligarquías del poder público y económico, ¿y para qué llegaron?, ¿para cambiar algo?, no, solo para crear una nueva oligarquía, una menos pulida y menos interesada en mantener la capacidad del sistema para seguir sosteniéndola, a lo que han llegado es a saquear, y lo han hecho a un grado impensable, desmantelando la capacidad del gobierno para regenerarse a sí mismo.
El ejemplo perfecto de la gente que integra la cuarta transformación lo encontramos en Ricardo Mejía Berdeja, llegado a MORENA luego de recorrer todo el espectro político en busca de una sola cosa: poder, económico y político, en el orden que se fueran presentando. Necesitado como estaba, a lo mejor no de votos, pero sí de seguridad del triunfo, López Obrador aceptó la llegada de Mejía, y ya establecidos en el poder, le confió una de las áreas más delicadas de toda la administración, la seguridad pública, ojo no la seguridad del estado, que dice el presidente que lo cuida el pueblo, sino la seguridad de este, de la gente.
¿A qué clase de gente se necesitaba en esa área?, la misma que se sigue necesitando, personas valerosas, sacrificadas, disciplinadas, en una palabra, héroes. Y por demás está decir que Mejía Berdeja no era así hace cuatro años que llegó a hacerse cargo de la subsecretaría de seguridad pública y protección ciudadana, y tristemente, en todo este tiempo no aprendió las cualidades que se supondría debería tener un policía de carrera, un funcionario público del más alto nivel y un integrante distinguido de la cuarta transformación, nada.
Un policía para empezar, no tiene horario de trabajo ni siquiera un calendario laboral, y ni pensar en vacaciones de ningún tipo. Esto para el personal operativo, pero reza mucho más para los mandos medios y superiores, que si bien no se exponen físicamente, sí deben mantenerse permanentemente al tanto de lo que está ocurriendo, no nada más para saber, sino para ordenar que se proceda de esta o aquella manera, ¿alguien piensa que Mejía funcionara así?, nunca se le vio en los escenarios de masacres, de emboscadas, de sitios tomados por la delincuencia ni en aquellos, pocos, recuperados por la fuerza pública. No, él, de trajecito siempre, o de sport elegante, dedicado a la grilla. ¿alguna vez se le vio en una ceremonia de homenaje a los policías caídos, en un sepelio?, nosotros no.
Eso en cuanto al trabajo, ahora en cuanto a la disciplina. Un policía ante todo y sobre todo, obedece órdenes. Como subsecretario de seguridad tuvo cuatro largos años para aprender a obedecer, a disciplinarse aun con órdenes con las que no estuviera de acuerdo, y no, es algo que tampoco se le ha dado particularmente. La actitud asumida por Mejía en contra de la dirigencia de MORENA por los resultados de la encuesta en la que salió perdedor, habla mal de su capacidad para manejar conflictos, para aceptar situaciones adversas, para resolver conflictos, finalmente, para aceptar órdenes de arriba, que lo hacen a uno preguntarse ¿y este tipo estaba a cargo de la seguridad pública en el país?
Pero lo mínimo que cabría esperar, agradecimiento para quien lo elevó a tan alta posición en la burocracia nacional, para la organización, difusa como es, pero existente a pesar de todo, la cuarta transformación, sus formas, sus intereses y proyectos, no. Antepone los suyos, amenazando no con irse, que eso importa poco, sino fraccionar las posibilidades del partido de dar la batalla por Coahuila, el estado que dizque quiere y ama. Todo esto ha salido a relucir con las actitudes de Mejía Berdeja, que sí, hablan mal de él, pero hablan peor de un movimiento que no controla, que no aglutina, que no despierta solidaridad ni cariño, tampoco respeto ni espíritu de sacrificio. Eso es la 4T, una oportunidad para el saqueo, y nada más.
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