Apuntes para el insomnio
Manuel Fragoso Álvarez
Las eternas preguntas filosóficas de ¿Quiénes somos, a dónde vamos y de dónde venimos?
se han quedado sin respuesta, ya nada tiene importancia. Vivimos en una sociedad que se
diluye, donde los valores que nos inculcaron se han ido perdiendo, una sociedad de úsese
y deséchese, donde hemos cambiado el amor por sexo, los bienes por los valores, donde
es más importante un animal que un ser humano, donde es mejor tener amigos “virtuales”
que te sigan, que una amistad real, donde no importa todo el ridículo que tengas que hacer
con tal de que seas “viral”; una “Sociedad líquida”, la cual nos advierte Zygmunt Bauman,
porque hoy en día las sociedades tienen una naturaleza cambiante y volátil, en donde hay
una fragilidad de los vínculos sociales, la incertidumbre y la falta de estructuras sólidas y
duraderas.
Así es hoy, la percepción de lo que estamos viviendo día a día nos hace sentir que estamos
en una encrucijada, hay muchos caminos, pero ninguno de ellos tiene un letrero que nos
diga hacia dónde nos lleva. La economía está en crisis, la sociedad, el periodismo, las
relaciones sociales y todo está así. Son momentos difíciles para el espíritu, los bienes
materiales son más importantes que la familia, se vende la virginidad por un teléfono
inteligente o por un boleto para un concierto; si al socializar con los amigos no bebes eres
mal visto, pero si te drogas o fumas eres el chingón de la fiesta. Ahora los sanitarios son
estudios fotográficos y las selfis son la nueva forma en que muchos basan su autoestima
en la opinión de otros, es el narcisismo es su máxima expresión.
Vivimos momentos en donde si no robas, tranzas, engañas y puedes hacerlo, no eres
honesto si no pendejo, donde la verdad ha quedado oculta entre tantas mentiras y
posverdades. Es cruel darte cuenta que en esta sociedad posmoderna llega más rápido
una piza que la policía cuando la necesitas, donde tu ropa y auto es más importante que
tus valores morales, una sociedad donde los padres permiten que sus hijos desde
secundaria beban y tengan sexo; “nomas que se cuiden”.
Hoy en día la gente prefiere tener un gato o un perro que un hijo, donde se realizan desfiles
del orgullo gay denostando a los que no están de acuerdo con ellos, marchas en favor del
uso lúdico de la mariguana consumiendo toda la que se pueda en el evento, mujeres
manifestándose en favor del aborto porque es su cuerpo y ellas mandan sobre él, “artistas”
que ponen un simple plátano porque eso es el nuevo arte, u otros despotricando por decir
que el grafiti no lo es.
Las personas se sienten solas a pesar de que tienen dos mil quinientos “amigos” o más en
redes sociales. Gente recostada en su sillón favorito escribiendo que aman a su madre y la
tienen haciendo la talacha diaria sin ayudarle, otras diciendo que aman a sus hijos poniendo
fotos de ellos y diciendo que son el motor de su vida, pero no les dan de comer porque no
tienen tiempo por estar (des) conectadas a la Red.
El ser humano se siente más seguro estando solo que en sociedad, está perdiendo las
habilidades de convivencia, por eso se aísla en sus audífonos o escriben desde el entorno
seguro de su computadora, encerrado en su cuarto y sólo se moverá y expresará, en cierta
medida, desde el confort del anonimato o con los que considera sus iguales, ese “no hables
con extraños”, que dice el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, se ha convertido, de una
frase de protección infantil, a una coraza de protección adulta. Nuestra sociedad avanza a
un ritmo más veloz cada vez, al igual que la tecnología, pero hay un miedo complejo de la
constante aparición de nuevas formas sociales que pueden devaluar las existentes. Lo
mismo sucede dentro de las relaciones con la gente, estamos aislados, nos regocijamos en
ello, lo anhelamos. Todas estas estructuras y valores se han disuelto dando lugar a lo que
él llama la “Modernidad Líquida”.
Para Voltaire la soledad es compleja, pues es un estado que puede ser tanto una fuente de
enriquecimiento personal como un terreno peligroso para la tristeza y el aislamiento. Hay
que centrarnos en la importancia del equilibrio de la persona para encontrar satisfacción
tanto en la soledad como en la compañía porque si no, estamos acabados.
Byung-Chul Han dice que nos hemos convertido en individuos perdidos, en sociedades
enfermas y crueles. Avanzamos hacia un mundo de no-cosas. Donde no nos obsesionan
las cosas reales, sino la información y los datos, es decir, las no-cosas. Hoy en día, todos
somos infomaníacos o sea personas que recopilan y comparten obsesivamente información
sobre su vida personal.
Esta es la sociedad actual en la que vivimos, los de “la vieja escuela” estamos quedando
obsoletos, fuimos educados con otros valores, con otras ideas, con otras formas de ver y
transformar nuestro entorno trabajando arduamente para ello. Pero esta generación de
teléfonos inteligentes y redes sociales se ha perdido, no quiere compromisos y no tiene la
mínima tolerancia ante el fracaso.
Y aun nos falta lo que la I.A. está haciendo con el conocimiento de esta generación, estamos
como Pandora cuando por fin pudo cerrar la caja; aún nos queda al menos la esperanza.
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