Mazatlán, Sinaloa, 16/03/26 (Más).- El reclutamiento forzado por parte del crimen organizado se ha convertido en una de las principales sospechas detrás de numerosas desapariciones en ciudades turísticas como Mazatlán, en Sinaloa, y Puerto Vallarta, en Jalisco, donde familias de personas ausentes creen que sus familiares podrían estar obligados a trabajar para grupos criminales en campamentos, ranchos o zonas serranas.
De acuerdo con información publicada por el diario El País, colectivos de búsqueda y familiares señalan que muchos jóvenes desaparecidos habrían sido captados por organizaciones delictivas para realizar diversas actividades, desde vigilancia en carreteras hasta labores forzadas en campamentos clandestinos o incluso en labores criminales.
“El fiscal me lo dijo: los tienen amarrados, cavando pozos, torturados… A otros los matan. Y a otros los tienen en las carreteras, como halcones”, relata Rosalba Cruz, madre de un joven desaparecido en Mazatlán hace poco más de un año.
Tanto Mazatlán como Puerto Vallarta ocupan un papel estratégico dentro de la geografía criminal del país. Además de ser destinos turísticos, funcionan como puntos de entrada para droga y precursores químicos, lo que los convierte en territorios disputados por grupos delictivos.
En Sinaloa, las pugnas internas entre facciones del Cartel de Sinaloa han intensificado la captación de nuevos integrantes, mientras que en Jalisco el Cartel Jalisco Nueva Generación mantiene una red de reclutamiento vinculada a campamentos de entrenamiento y centros clandestinos.
Familias e investigadores coinciden en que el control territorial requiere constantemente nuevos integrantes, en su mayoría jóvenes. Aunque no existe una cifra oficial sobre cuántas personas han sido reclutadas de manera forzada, estimaciones académicas señalan que las organizaciones criminales podrían sumar más de 180 mil integrantes, lo que implicaría la incorporación de cientos de personas cada semana para mantener su estructura.
Las desapariciones reflejan esta problemática. En Puerto Vallarta se contabilizan 423 personas desaparecidas desde 2010, mientras que en Mazatlán la cifra alcanza 1,630 casos. En ambos lugares, cerca del 90 por ciento de los reportes corresponde a hombres.
En conjunto, Jalisco y Sinaloa concentran más de 20 mil desapariciones registradas, muchas ocurridas durante los últimos 15 años.
Entre los casos que ilustran la situación está el de Filiberto Nolasco, desaparecido en Puerto Vallarta en marzo de 2024. Su familia recibió una llamada semanas después en la que una voz afirmó: “Se le levantó por error, pero se va a convertir en una cuota”, acompañada de una fotografía del hombre arrodillado. Meses más tarde, llegó otra imagen en la que sostenía un mensaje que decía: “Ayúdame porque me van a matar”.
Otros testimonios apuntan a que el reclutamiento también podría responder a habilidades específicas de las víctimas.
Emma Alvarado, quien busca a su hijo desaparecido en 2020, señala que algunos hombres habrían sido elegidos por sus conocimientos técnicos, como mecánica, refrigeración o química, habilidades útiles para distintas actividades ilícitas.
En Mazatlán, los reportes sobre posibles reclutamientos forzados se intensificaron a finales de 2024, durante los primeros meses de enfrentamientos entre facciones del Cartel de Sinaloa.
Familias denunciaron que grupos armados irrumpieron en centros de rehabilitación para llevarse a jóvenes internos, mientras que otros hombres fueron privados de la libertad en sus hogares o lugares de trabajo.
La situación también ha estado marcada por denuncias de presunta colusión o filtración de información desde autoridades hacia grupos criminales, lo que, según familiares, ha frustrado operativos o búsquedas.
En varios casos, personas que proporcionaron datos sobre posibles sitios de cautiverio señalaron que, cuando las autoridades acudieron a los lugares indicados, ya no había rastros de quienes presuntamente estaban retenidos.
Para las familias, la incertidumbre entre la posibilidad de que sus seres queridos sigan con vida o que hayan sido víctimas de la violencia del crimen organizado define su búsqueda.
Mientras continúan las investigaciones oficiales, muchos de los casos permanecen sin resolver y con la sospecha persistente de que las desapariciones están vinculadas a redes de reclutamiento forzado en la región.
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