El pleito de la semana

ENRIQUE ABASOLO

Una innecesaria confrontación suscitada esta semana, nos adelantó lo que será el clima electoral de cara a las elecciones por la sucesión en la Gubernatura coahuilteca.

El Alcalde de Saltillo, Chema Fraustro, acusó que las adicciones entre jóvenes se han disparado estadísticamente durante el presente año y señaló como probable causa el poder adquisitivo que les ha otorgado el Gobierno Federal a través de su programa de becas del bienestar.

Concretamente señaló que jóvenes beneficiarios estarían gastándose el dinero del apoyo económico en drogas.

La verdad es que no tendría nada de extrañó o particular. Más raro se me haría que no hubiera jóvenes imberbes tirándose al vicio con la lanita que reciben sin mediar el menor esfuerzo.

Era obvio que un segmento de estos becados de la 4T se iría por la senda de la perdición que le ganó a Pinocchio sus orejas de borrico. Como muy seguramente hay muchos adultos mayores que se revientan su pensión en vicio, juego y mujerzuelas y otros más en puras pendejadas.

Las becas y pensiones están así diseñadas, con muy escasos controles o elementos de medición para saber si están realmente contribuyendo en algo a la movilidad social. Pero no nos adelantemos.

Decíamos que el Alcalde tuvo la osadía de criticar el programa estrella del Transformador Gobierno del Tata de Macuspana y si ya de por sí, contradecir a Su Tropicalísima Santidad es considerada una grave ofensa, poner en entredicho el único programa digamos tangible del que puede ufanarse su administración, es poco menos que una blasfemia.

En política no existe eso que llaman inocencia, así que me da por pensar que Fraustro Siller pateó deliberadamente el avispero nomás a ver cómo reaccionaba la porra chaira en nuestro Estado.

La reacción llegó en voz del delegado plenipotenciario del Gobierno Federal y distinguido ex panista, el señor Virreyes Flores, quien luego de expresar un “¡Qué pachó! ¿Qué no estábamos chupando tranquilos?”, se lanzó a refutar la postura del Alcalde, aduciendo que no es tarea del municipio inquirir de dónde obtienen recursos los muchachos para comprar que su pacheca, que su mona, que su tacha, sino combatir el narcomenudeo, es decir, los puntos de venta de estupefacientes. Aunque tampoco estoy muy seguro de ello, no sé realmente si sean tareas del municipio el estar reventando narcotienditas, pues el combate a las drogas es un asunto federal, especialmente ahora que desde la Presidencia se le ha apostado al debilitamiento de las policías locales para favorecer en cambio su cuerpo militar hipócritamente bautizado como Guardia Nacional.

    Pero lo que me concierne por ahora son las becas y pensiones, tan airadamente defendidas por la militancia cuatroteísta. Para ellos son no sólo el mayor logro de la dudosa Cuarta Transformación y el mejor síntoma de justicia social que un Gobierno nos podría ofrecer, sino que son la prueba contundente de que las cosas han cambiado para bien y hoy sí se ejerce el recurso de manera honesta, ejemplar e inteligente.

Falso de toda falsedad. En primer lugar, ni Morena ni la Cuarta pueden adjudicarse la invención de los programas de asistencia social; no son ni los primeros en aplicarlos ni serán desde luego los últimos; como tampoco pueden presumir que puedan constituir un proyecto de gobierno o que respondan a una visión de Estado.

La asistencia social siempre ha presentado esta dicotomía, pues para repeler las críticas siempre, sus operadores pueden presentar sobrados casos en los que estos apoyos hacen una verdadera diferencia para sus beneficiarios.

Así que todo aquel que pide su eliminación y es contrastado con el rostro famélico de la pobreza, es presentado como un maldito insensible e inhumano.

Pero lo cierto es que siempre pueden y deben ser examinados y existen parámetros que deberían ser publicados y revisados constantemente.

Hablábamos de movilidad social. Deberíamos saber con certeza estadística, con números avalados con estudios serios, con gráficas bien sustentadas, a cuántas personas y de qué manera esta impresionante cantidad de dinero está contribuyendo a que salgan de los estratos más bajos de la pobreza.

Pero el programa desde luego no está diseñado para que se pongan en marcha los engranajes de la mencionada movilidad social, sino para crear dependencia electoral, esta vez por el partido oficial, Morena, de la misma manera en que en su momento lo hizo el Revolucionario.

    Y nuevamente, sería lo de menos que algunos chicos descarriados decidieran por desgracia convertir su oportunidad en sustancia, siempre y cuando tuviésemos una estadística positiva abierta al escrutinio que nos marcase que éste es el rumbo, la “democrática” repartición de la riqueza nacional.

    Lo dudo mucho, como acto de justicia y como estrategia de desarrollo, la asistencia social es como la morfina para un paciente con dolor crónico, necesaria pero peligrosa, pues puede crear, esa sí, una irreversible y masiva dependencia.


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