Ciudad de México, 14/01/26 (Más).- La captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses ha dejado a Cuba en una posición de extrema vulnerabilidad energética y económica, al depender en gran medida del crudo proveniente de Venezuela.
Apenas un día después de la operación que culminó con el traslado de Maduro a Nueva York para ser juzgado, el expresidente estadounidense Donald Trump lanzó una advertencia: “Cuba está lista para caer”, afirmando que sin el petróleo venezolano, la isla colapsará por sí sola.
De acuerdo con una investigación de BBC News Mundo, Trump ha reiterado en días recientes que el régimen cubano subsiste gracias al suministro de hidrocarburos de su aliado sudamericano. El propio exmandatario sentenció: “No llegará más dinero o petróleo a Cuba. Cero”. La Habana respondió condenando la operación en Caracas y calificando de injerencista la política exterior de Estados Unidos, pero sin refutar el señalamiento sobre su precaria dependencia energética.
La situación económica cubana es crítica. El gobierno de Miguel Díaz-Canel ha reconocido que el país no enfrenta una crisis más, sino el resultado acumulado de fallas estructurales, errores internos y presiones externas. La economía lleva años en recesión, sin capacidad de pago ni acceso a financiamiento, con una inflación galopante y un colapso productivo que ha derivado en escasez de alimentos, medicamentos y cortes eléctricos que, en algunas regiones, superan las 20 horas diarias.

El producto interno bruto cayó más del 4% hasta el tercer trimestre de 2025, y el impacto del huracán Melissa, sumado al deterioro energético, agravó el cierre del año. A falta de cifras oficiales, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos estimó que el 89% de las familias viven en pobreza extrema, con menos de 1.90 dólares diarios.
Buena parte del colapso energético responde a la escasez de combustible: Cuba necesita alrededor de 110,000 barriles diarios y apenas produce 40,000. El resto debe importarse, principalmente de Venezuela y, más recientemente, de México. Sin embargo, los envíos venezolanos han venido a menos: de un promedio de 100,000 barriles diarios en la época de Hugo Chávez, en 2025 el flujo cayó a menos de 30,000, con meses de apenas 18,000, según datos citados por expertos y estimaciones de Reuters.
En paralelo, el crudo mexicano ha ganado peso como alternativa. Un informe de Pemex reveló que entre enero y septiembre de 2025 se enviaron a Cuba cerca de 17,200 barriles diarios de crudo y 2,000 de derivados, con un valor estimado de 400 millones de dólares. Estos envíos crecieron un 121% respecto al mismo periodo de 2024, según reportó el medio Proceso. Sin embargo, ni la presidenta Claudia Sheinbaum ni las autoridades de Pemex han explicado con claridad si estos suministros se pagan o forman parte de un programa de asistencia.

Ante la pregunta directa sobre cómo Cuba paga el petróleo si está en bancarrota, Sheinbaum declaró que los envíos se realizan bajo contratos y ayuda humanitaria, pero sin ofrecer detalles. Cuba, por su parte, ha desplegado médicos en México en los últimos años, pero se desconoce si existe un esquema de intercambio en especie.
El economista Ricardo Torres lo resume así: “Supongo que Cuba no está pagando por ese petróleo porque no tiene dinero y le debe a todo el mundo”.
La falta de transparencia ha encendido alarmas en Estados Unidos, donde funcionarios y legisladores han empezado a cuestionar los envíos mexicanos. El congresista republicano Carlos Giménez advirtió que si México sigue regalando petróleo gratis a la dictadura terrorista de La Habana, habrá graves consecuencias en el marco de la renegociación del T-MEC programada para julio.
El escenario futuro para Cuba es incierto. El gobierno proyecta una modesta recuperación económica en 2026, con un crecimiento del PIB del 1%, pero expertos dudan que sea alcanzable. El país enfrenta el riesgo de una paralización casi total de su sistema eléctrico y de transporte si se interrumpe el suministro venezolano, aun cuando se mantenga el flujo desde México.
A esto se suma el éxodo masivo de la población: más de 2.7 millones de cubanos han emigrado desde la pandemia, lo que representa una pérdida demográfica y de capital humano sin precedentes. En palabras del economista Omar Everleny: “Si ya estás sin medicamentos, comida, transporte y tienes apagones diarios, estás en el nivel mínimo de sobrevivencia. Ya no hay mucho más que perder”.
Pese al deterioro, no se prevé un cambio político inminente. El régimen cubano ha intensificado la represión y desactivado casi por completo a la oposición desde las protestas de 2021. En este contexto, los expertos anticipan no un colapso súbito, sino una profundización de la crisis hacia un umbral extremo sin salida visible.
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