El sereno León XIV cumple el primer aniversario de su Pontificado tal y como hizo hace un año, cuando se presentó al mundo, pidiendo ayuda y unión a los católicos para construir puentes con el diálogo, con el encuentro, abogando por una Iglesia universal siempre por la paz. Mensaje que así le reiteró al mismo presidente Trump: “Seguiré pronunciándome contra la guerra”
Ciudad el Vaticano, 9 may (EFE).- Tras un polaco, un alemán y un argentino, León XIV consolida la tendencia de papas no italianos, ha estado ligado a Perú cuarenta años, primero como misionero y luego como obispo. De ahí que le apodaran cariñosamente el yanki hispano.
León XIV, el segundo Papa americano después de Francisco, atesora una amplia trayectoria tanto pastoral como de gestión dentro de la Iglesia y ha estado en los últimos años muy cerca de su antecesor Francisco quien le encargó en enero de 2023 dirigir el órgano que se encarga de la selección y nombramiento de los obispos a nivel mundial.
El primer papa agustino de la historia se ha puesto en la línea reformadora que abrió Francisco: sinodalidad, caridad y paz. Su nombre, León, entronca el camino abierto por León XIII, el papa que renovó a finales del siglo XIX la doctrina social de la Iglesia.
Aquel tímido cardenal Prevost se presentó hace ya un año al mundo pidiendo ayuda a los católicos para construir puentes con el diálogo, con el encuentro, y aboga por una Iglesia universal que busque siempre la paz.
No ha salido de Italia hasta el pasado mes de noviembre, cuando realizó su primer viaje de su pontificado al extranjero, precisamente a Turquía y Líbano, cuando se conmemoraba precisamente el 1,700 aniversario del Concilio de Nicea.
Después visitó África negra, Camerúm y Guinea Ecuatorial y Argelia, destino, este último, vinculado a la figura de San Agustín, inspirador de su orden, y tres países que no reciben una visita papal en más de 30 años.
Su cuarta salida al extranjero será a España, donde visitará Madrid, Barcelona y Canarias. Su paso por Barcelona se hará coincidir con centenario de la muerte de Antoni Gaudí, el 10 de junio de 1926, arquitecto de La Sagrada Familia, con la inauguración de la “Torre de Jesús”. Mientras que su estancia en el archipiélago de las islas Canarias supone materializar el deseo que tenía su antecesor Francisco de visitarlo por ser un enclave de especial relevancia de la ruta migratoria desde África a Europa.

Sello propio
Pero el que es el primer papa agustino de la historia presenta sello propio como lo demuestra haber optado por vestir con la tradicional muceta o esclavina, la estola ricamente bordada y la cruz de oro.
Con presencia en más de 50 países, los agustinos han mantenido una influencia muy significativa en Hispanoamérica y se caracterizan por priorizar la vida comunitaria, la búsqueda de la verdad a través de la teología teniendo un fuerte compromiso con la misión pastoral.
De él se afirma que representa una postura moderada, conciliador, que puede unir las distintas sensibilidades en la Iglesia, desde las más conservadoras hasta la más aperturista: “Es sereno, moderado, e integrador… el hombre indicado”, le definen en su congregación en la que llegó a ser prior.
Muy cercano a Francisco, aunque más tímido y discreto, por lo menos hasta ahora, apenas había concedido entrevistas. Pero si en algo coinciden todos es en su sencillez, su empatía, y su exquisita educación, cualidades que va a necesitar para lidiar con la curia vaticana.
En su primera aparición como papa desde el balcón del Vaticano, León XIV pronunció unas palabras en español dedicadas a los fieles de la diócesis de Chiclayo en Perú, donde vivió tantos años de su vida y siempre ha estado en sus oraciones:
“Y si me permiten también un saludo a todos aquellos, en modo particular, a mi querida diócesis de Chiclayo, en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo”, expresó en el balcón central de la Basílica de San Pedro.
En 1985 fue enviado a la misión agustiniana de Chulucanas, en el norte del país, y en 1988 recaló en la ciudad de Trujillo para dirigir un proyecto de formación. Prevost tenía 33 años y Perú atravesaba por la crisis inflacionaria y padecía un periodo de violencia a causa del terrorismo.
La década de los noventa fue todavía más difícil. Se instaló el autoritarismo de Alberto Fujimori y se cometieron graves delitos en contra de los derechos humanos. Tiempo después, en 2017, en su calidad de obispo de Chiclayo, se atrevió a sugerirle al exmandatario pedir perdón a cada una de las víctimas de su Gobierno.
Luego, en 1999, nombrado prior provincial en Chicago regresó a Estados Unidos. Pero su vínculo con el país andino sumido en una crisis interminable no había acabado. En 2014, asumió la misión de administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo, localidad al norte de Lima conocida como la “Ciudad de la amistad” por el talante hospitalario de sus habitantes.
Allí fue ordenado obispo en septiembre de 2015, año en el que sumó la nacionalidad peruana. Priorizó sus visitas a las comunidades rurales y promovió programas contra la desnutrición infantil. Sus fieles peruanos recuerdan su compromiso con los más necesitados y su férrea defensa por los derechos humanos.
Este americano, nacido en Chicago, el 14 de septiembre de 1955, Robert Francis Prevost Martínez desciende de españoles y franceses por vía materna (su madre, Mildred Martínez), forjó su identidad religiosa dentro de la familia agustiniana donde ingresó a los 22 años e hizo sus votos en 1981.
Con una alta formación intelectual como buen agustino, cuenta con una amplia formación académica. Es licenciado en Ciencias Matemáticas y es doctor cum laude en Derecho Canónico.
Aunque el papado ha tenido muchos pontífices jesuitas (como Francisco), franciscanos (como Sixto IV y Julio II), dominicos y benedictinos, solo el actual, León XIV, es Agustino, si bien otros papas sí estuvieron influenciados por la espiritualidad agustiniana. Este fue el caso precisamente de León XIII (1878-1903), que aunque no fue un agustino, promovió el estudio de la teología escolástica.

Este nombre fue justo el elegido por el nuevo papa, por León XIII, un pontífice que fue duramente criticado por su defensa de los derechos de los trabajadores en un tiempo que esas opiniones se consideraban una intromisión en cuestiones civiles. Ahora, 125 años de su muerte, son derechos asumidos por la doctrina social de la Iglesia.
Autor del catecismo social de la Iglesia, la encíclica de Rerum Novarum, sobre la situación de los obreros, León XIII deploraba la opresión y esclavitud de los pobres y preconizaba salarios justos y el derecho a organizar sindicatos (preferiblemente católicos). León XIII destacó también por su habilidad diplomática, algo que también posee el nuevo papa.
León XIV lanzó un “llamada a la paz” a “todos los pueblos”, en su primera aparición desde el balcón de la Basílica de San Pedro del Vaticano. Su propuesta de Iglesia universal es más sinodal (hecha entre todos) que jerárquica: “Debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes, el diálogo, siempre abierta a acoger como esta plaza con los brazos abiertos. Todos, todos los que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, el diálogo y el amor”.
El pontífice instó a avanzar “sin miedo e unidos”. “Queremos ser una Iglesia sinodal, que camina, que busca siempre la paz, la caridad, de estar cerca de quienes sufren”.
A sus 70 años, León XIV, el papa norteamericano no ha dudado al recordar con su sereno aplomo al mismo presidente de Estados Unidos este mensaje de buscar siempre la paz, de estar siempre cerca de los que sufren.
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