Ciudad de México, 19/11/25 (Más).- El Partido Acción Nacional (PAN) atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia: su padrón de militantes se ha desplomado a 319 mil personas, en un país con más de 100 millones de electores, y apenas logra superar el mínimo exigido por la ley para conservar su registro como partido político nacional.
En contraste con los más de tres millones de afiliados que presume Morena, el PAN hoy recurre a una estrategia inédita: abre sus puertas a la ciudadanía con métodos digitales de afiliación y con una nueva figura de militancia flexible, en un intento por detener su caída libre.
De acuerdo con una publicación de El País, el partido busca revertir más de una década de pérdidas.
El desplome en su militancia se originó en 2012, cuando, tras perder la Presidencia de la República, su entonces dirigente Gustavo Madero impulsó una campaña para refrendar al millón 800 mil afiliados que tenía el PAN, de la cual desertaron más de un millón y medio. Desde entonces, la sangría de militantes ha ido a la par del retroceso electoral del blanquiazul.
Hoy, bajo el liderazgo de Jorge Romero, el PAN lanza una campaña de reclutamiento que recurre a apps, códigos QR y propaganda con lemas como “APPERTURA, tod@s podemos ser candidat@s”. La meta es alcanzar un millón de militantes hacia 2027, para lo cual ya se aprobó una reforma estatutaria que reintroduce la figura de “militante adherente” –eliminada en la depuración de hace una década– y establece nuevos métodos para facilitar el ingreso al partido.
En su época de mayor fuerza, durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, el PAN alcanzó cerca de dos millones de adherentes y 400 mil miembros activos. Hoy, con menos del 0.31% del padrón electoral en sus filas, el partido apenas supera el umbral legal para mantener su registro. La situación se agrava en ocho estados donde está en riesgo de desaparecer como fuerza local, siendo Tabasco el caso más alarmante: sólo tiene 633 militantes, el 0.03% de su padrón estatal.

La nueva estructura interna divide a los panistas entre militantes adherentes y activos, según su grado de compromiso con el partido. Los adherentes solo necesitan cumplir requisitos básicos de ciudadanía y buena conducta, mientras que los activos deben participar en actividades de promoción, reclutamiento y representación electoral. Sin embargo, esta doble categoría ha sido criticada por figuras como la exsenadora Adriana Dávila, quien cuestiona la contradicción entre abrirse a la sociedad y reservar derechos políticos solo a ciertos miembros.
Jorge Romero, quien años atrás fue uno de los llamados padroneros –líderes locales que controlaban afiliaciones y candidaturas– impulsa ahora este nuevo esquema que promete abrir el partido a la ciudadanía y reducir el peso de las estructuras cerradas. La iniciativa incluye incluso la posibilidad de postular candidatos externos al PAN mediante encuestas, una práctica ya común en Morena.
El futuro del PAN dependerá de si esta apertura logra conectar con una ciudadanía que, durante años, le ha dado la espalda en las urnas. Con un padrón debilitado, presencia disminuida en estados clave como Estado de México y Coahuila, y una competencia creciente desde el oficialismo, el partido fundado en 1939 busca no sólo sobrevivir, sino intentar recuperar su relevancia política en el México contemporáneo.
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